Opinión / Columna
 
Enrique Medina Vidaña 
Educación media superior: retos para México en el periodo 2015-2030
El Sol de Durango
31 de octubre de 2014

 

POR ENRIQUE MEDINA VIDAÑA



En septiembre del año 2000, la ONU propuso ocho Objetivos de Desarrollo del Millenio (ODM), entre los que se trazó la meta de garantizar el acceso de todos los niños a la educación primaria al año 2015, siguiendo un modelo acordado por todos los países del mundo y todas las instituciones del desarrollo, que se trabajó conjuntamente con los gobiernos, la sociedad civil y otras organizaciones.

En México, aprovechando el impulso generado por los Objetivos de Desarrollo del Milenio se pudo cumplir la meta y continuar avanzando con un ambicioso programa de desarrollo para ampliar la cobertura en educación secundaria y establecer la obligatoriedad en la educación preescolar y la educación media superior, lo cual se alcanzó en 2008 y en 2012, respectivamente.

Ahora, en el marco de la gran Reforma Educativa gestada en 2013, en el país se está considerando integrar un conjunto de objetivos de desarrollo educativo para el periodo 2015-2030, en la búsqueda continua de una formación permanente e igualdad de derechos en la educación para todos.

Desarrollar fuertemente un sistema de educación media superior para todos es un objetivo válido para México; sin embargo, existen una serie de retos que habrá que superar para cumplir con la obligatoriedad establecida constitucionalmente.

Es decir, como resultado de las reformas al Artículo 3° Constitucional de 2012, que establece la obligatoriedad de la educación media superior, el Gobierno de la República se ha trazado metas muy ambiciosas, que deberán alcanzarse en los próximos años; tal es el caso de la cobertura escolarizada en este tipo educativo, que tendrá que llegar al equivalente del 80 por ciento de la población de 16 a 18 años para el ciclo escolar 2018-2019 y alcanzar la cobertura al 100 por ciento en el año 2022; sin embargo, a dos años de la reforma constitucional no se han visto acciones contundentes que apoyen a las entidades federativas a destinar mayores recursos para alcanzar dichas metas, a pesar de la creación de modalidades alternativas como el telebachillerato comunitario y la educación media superior a distancia.

Por otra parte, no basta con tratar de asegurar la cobertura para garantizar la obligatoriedad creando más modalidades e instituciones educativas, sino que se requiere seguir trabajando para mejorar la calidad educativa de la oferta ya instalada, elevar la pertinencia y la relevancia de los planes y programas del bachillerato, incentivar la vinculación con los sectores productivos, avanzar en la profesionalización de los docentes, mejorar la infraestructura, el equipamiento y los servicios, y fortalecer el tejido social en las instituciones de educación media superior ya establecidas.

Se trata también de sumar esfuerzos y compromisos para impulsar un amplio movimiento nacional contra el abandono escolar, que es uno de los principales problemas que aqueja a la población escolar de la educación media superior en México, puesto que aleja a los jóvenes de las aulas, impidiendo su desarrollo pleno y cancelando sus opciones para alcanzar un futuro más promisorio, bien sea en estudios de educación superior o en alternativas de desarrollo laboral.

Desde esta perspectiva, se requiere que en la educación media superior se ofrezca oportunidades de reingreso a los jóvenes para que continúen estudiando, en modalidades de bachillerato nocturno o semiescolarizado, con facilidades de horarios y apoyos económicos adicionales.

También es necesario fomentar la creación y puesta en marcha de nuevas alternativas curriculares en el contexto de la universalización de la educación media superior, para el desarrollo pleno de las potencialidades de los jóvenes, en cuanto a un abanico de opciones de capacitación para el trabajo productivo.

Otra prioridad es fortalecer la integración de comunidades de aprendizaje de los alumnos, aprovechando los beneficios y alternativas de las tecnologías de la información y la comunicación, con la integración de los procesos de asesoría académica, tutoría escolar y orientación educativa.

Además, es necesario que el modelo de diferenciación de instituciones de educación media superior, establecido en el Sistema Nacional de Bachillerato comience a funcionar, a fin de que las instituciones que ingresan y permanecen en el sistema se vean beneficiadas con incentivos económicos y nueva infraestructura educativa, que les permita ampliar y mejorar los servicios que ofrecen a la ciudadanía.

En lo académico, el reto sigue siendo aplicar con efectividad las reformas a los planes y programas de estudio que se comenzaron a gestar desde 2008, con la implementación del enfoque por competencias, con el que se busca tener un amplio campo para la enseñanza-aprendizaje del alumno, bajo los aspectos de: saber ser, saber aprender, saber aplicar y saber convivir, al mismo tiempo que se plantea la evolución en la forma en que se evalúa al alumno, para transitar de la evaluación tradicional a la evaluación por medio de rúbricas que valoran las evidencias generadas en el proceso de enseñanza y que corroboran el grado de aprendizaje que obtienen los alumnos.

Dado que los jóvenes son la esperanza para el despunte del desarrollo del país, la educación media superior se convierte en la principal herramienta para dotarlos de la formación que requieren para hacer frente a los retos de la modernidad y la globalización.

La cuestión es clara, desde mi punto de vista. Se requiere de mayores apoyos financieros y de infraestructura para la educación media superior en el país, tanto del gobierno federal como de los gobiernos de las entidades federativas y los municipios, a fin de poder enfrentar los retos enunciados y cumplir con las exigencias que plantea la reforma educativa.
 
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