Opinión / Columna
 
Enrique Medina Vidaña 
La creatividad en la docencia
El Sol de Durango
26 de septiembre de 2014

 

POR ENRIQUE MEDINA VIDAÑA



Cuando se habla del éxito o del fracaso en el ejercicio de la docencia, siempre se puede hacer referencia a múltiples factores o aspectos que hacen posible tal o cual resultado por parte de los maestros en su desempeño en el aula. La planeación didáctica, la previsión de condiciones adecuadas para la impartición de la clase, los materiales didácticos, las técnicas o estrategias didácticas que son empleadas, el control de la disciplina, los procesos de evaluación, el acompañamiento a los estudiantes por parte de los padres, la supervisión de los directivos, entre otras situaciones pueden condicionar una buena o mala ejecución de la clase.

Todo eso es importante, sin embargo, un aspecto fundamental que debe acompañar siempre el ejercicio de la docencia es el de la creatividad, entendiendo que todos podemos ser creativos, especialmente los maestros, dadas las múltiples ocasiones en que se pueden poner en práctica procesos de alta creatividad en el aula, a partir de esa facultad humana que podemos desarrollar de observar y conocer hechos dispersos y relacionarlos para hacer lo mismo pero de una mejor forma; abriendo brechas en lo desconocido; con intuición, voluntad y conocimiento de las cosas, para modificar nuestra realidad concreta, en este caso, el ejercicio de la docencia.

En principio, reconociendo que el campo de la creatividad está en constante debate y que por lo mismo existen una gran variedad de posiciones teóricas que explican este fenómeno, se puede aventurar una conceptualización, que nos permite concebirla como la capacidad de dar origen a cosas nuevas y valiosas, así como la capacidad de encontrar nuevos y mejores modos de hacer las cosas, lo que implica: estimular el poder de la fantasía, mayor sensibilidad en la percepción, descubrir relaciones entre las cosas, inteligencia clara y aguda, facilidad para imaginar hipótesis y audacia para emprender nuevos caminos. Es decir, llevar la creatividad al campo de la docencia implica necesariamente un cambio de actitud y una nueva manera de afrontar la tarea de enseñanza-aprendizaje en el aula.

Una docencia creativa conlleva una cierta manera de comportarse frente a los problemas que se derivan del trabajo en el aula, que motiva al maestro a generar ideas, modelos y proyectos nuevos, cuyo resultado son transformaciones originales de la propia práctica didáctica.

Todo proceso creativo, de manera particular el que se pueda aplicar en el ejercicio de la docencia, requiere de imaginación, conocimiento y experiencia, así como de una nueva organización de las actividades de enseñanza-aprendizaje, a fin de producir nuevas formas de afrontar lo improvisto en el aula.

Un docente creativo necesita dejar de reproducir esquemas tradicionalistas y que son poco interesantes para los alumnos. Se requiere un constante proceso de cambio y ajuste en la selección de situaciones didácticas que permitan que, tanto el maestro como el alumno, experimenten un cambio gradual en el modo de afrontar la tarea de enseñar y aprender, respectivamente.

Cuando se habla de creatividad debe quedar claro que en todos los momentos de la vida se presentan situaciones y problemas los cuales requieren ser solucionados de manera puntual, y para que esto se suceda, el cerebro debe actuar de manera conjunta estableciendo un perfecto equilibrio entre los dos hemisferios, tanto el lógico como el creativo. Esto significa que para desarrollar la creatividad, siendo un proceso eminentemente cerebral, se requiere trabajar en el límite y no en el centro de la propia capacidad cognitiva.

Esto quiere decir que dejando de lado el esfuerzo y el tiempo que se requiere para impartir una clase, los maestros creativos deben estar prestos a correr riesgos al perseguir sus objetivos de enseñanza y mantenerse rechazando alternativas que son sumamente obvias, porque están tratando de empujar los límites de su conocimiento y habilidades hacia maneras distintas de afrontar una tarea, la docencia, que requiere una transformación radical, que asegure una educación de calidad para todos los estudiantes.

Así pues, la creatividad incluye reformular ideas, empleando estructuras de conocimiento en las cuales se integra información relacionada, con la finalidad de encontrar sentido al mundo, de configurar una base sólida para la comprensión del mundo, que a final de cuentas es la raíz de nuestro aprendizaje, la fuente de todas las esperanzas y temores, motivos y expectativas, que se pueden generar en el contexto de un aula de clase.

Cabe destacar que desarrollar la creatividad en la docencia no es sólo emplear técnicas atractivas o ingeniosas por sí mismas; sino que, desarrollar la creatividad implica incidir sobre varios aspectos del pensamiento creativo como son: la fluidez, la flexibilidad, la originalidad y la elaboración.

Es decir, ser un docente creativo significa tener la capacidad para hacer que el alumno pueda utilizar el pensamiento divergente, con la intención de que tenga más de una opción para dar respuesta a un problema; que sea capaz de buscar una visión más amplia, o diferente a la que siempre ha tenido; que pueda pensar en ideas que nunca a nadie se le han ocurrido o visualizar los problemas de manera diferente y original; y también, que sea capaz de añadir elementos o detalles a ideas que ya existen, modificando alguno de sus atributos o aplicaciones.

De manera reiterada, se puede decir que todas las personas, incluidos los maestros, pueden desarrollar la creatividad. Ser un maestro observador, analista, curioso e incansable estudioso por las cosas que acontecen a su alrededor le ayudará a descubrir lo que se esconde detrás de las apariencias de los hechos, los objetos y las personas; y con ello, tener elementos y herramientas para enriquecer creativamente el ejercicio de la docencia.

Para cerrar esta colaboración, he de decir que la creatividad es, en grandísima parte, cuestión de voluntad, de propósito y de actitudes básicas ante la vida. Ser un maestro creativo radica eminentemente en querer serlo, en atreverse a modificar el espacio de confort en el que a veces se ejerce la docencia, para atreverse a poner en práctica ideas novedosas, que seguramente capturarán la atención y el interés de sus alumnos.
 
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