Opinión / Columna
 
Enrique Medina Vidaña 
Quién gana y quién pierde con la evaluación a los maestros
El Sol de Durango
3 de julio de 2015

 

POR ENRIQUE MEDINA VIDAÑA



En los últimos días hemos sido testigos de múltiples manifestaciones de maestros que protestan en contra de la evaluación docente que se establece en la Reforma Educativa desde el Artículo Tercero Constitucional, la Ley General de Educación, La Ley General del Servicio Profesional Docente y la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación Educativa, con argumentos que sin duda son válidos pues soportan el derecho constitucional a la manifestación; sin embargo, habría que ver si esos argumentos y dichos corresponden a lo que verdaderamente se espera de un proceso de evaluación del que habrán de derivarse acciones de mejora de la calidad educativa a la que tienen derecho los niños y adolescentes que asisten diariamente a las instituciones públicas que ofrecen educación obligatoria.

En primer término, habría que decir que existe mucha desinformación, mala información, información desvirtuada intencionalmente por grupos de presión y más bien, falta de información acerca de la Reforma Educativa en lo general y respecto a la evaluación docente en lo particular. Esto obedece a que, lamentablemente, la gran mayoría de maestros no se han dado el tiempo de revisar a fondo la normatividad referida y se dejan influenciar por otras personas que tal vez si han leído un poco, pero que manejan la información a su personal conveniencia.

Cabe destacar que además de las leyes que establecen la Reforma Educativa y que describen el proceso de evaluación docente, existen otros documentos normativos, construidos colegiadamente por miles de maestros de todo el país, que de manera clara y contundente muestran los contenidos, procedimientos, etapas, momentos y formas en que se realizará la evaluación, como son: Los perfiles, parámetros e indicadores, tanto para la evaluación de nuevo ingreso al servicio educativo como para la evaluación del desempeño de los maestros en servicio; además se han publicado las etapas, aspectos, métodos e instrumentos para el proceso de la evaluación del desempeño docente, en ambos procesos, tanto para la educación básica como para la educación media superior.

A este respecto, desde hace más de una año, la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente (CNSPD), el Instituto Nacional para la Evaluación Educativa (INEE) y el Centro Nacional de Evaluación Educativa (CENEVAL) han convocado a maestros de todo el país para que se integren a los consejos técnicos y a los comités académicos que han diseñado las especificaciones y reactivos de los instrumentos de evaluación que se han estado utilizando desde julio del año pasado en la primera evaluación docente de ingreso al servicio educativo, así como los que se habrán de utilizar en las evaluaciones que vienen.

En todos los documentos referidos, como lo he expuesto en publicaciones anteriores, se plasma la experiencia de los maestros frente a grupo y se incluye como objeto de evaluación sólo aquello que corresponde a la función docente de cualquier maestro preocupado por un buen desempeño ante sus alumnos, entendiendo el nivel educativo en el que labora, el grado que atiende y el contexto en el que se desenvuelve, en una normalidad mínima de actuación, por lo que no hay razón alguna para argumentar que los exámenes están elaborados por personal que no conoce la realidad educativa y que se han diseñado para que los maestros los reprueben. Es falso que los instrumentos de evaluación vayan a ser inaccesibles o que tengan trampas en su contenido. Han sido elaborados por maestros frente a grupo, invitados especialmente para tal fin, por sus méritos académicos y por su probado desempeño profesional.

Como resultado de la evaluación ningún maestro puede ser despedido ni se podrán vulnerar sus derechos, pues las mismas leyes lo establecen. Quien asegure lo contrario miente con toda intención. Lo que si va a ocurrir es que a los maestros que demuestren su competencia, en una primera evaluación, no se le volverá a evaluar hasta después de cuatro años, mientras que a los que presenten algunas áreas de oportunidad, se les ofrecerán espacios de regularización y capacitación continua para prepararse nuevamente y volver a evaluarse para cumplir con este proceso.

En el caso de que un maestro no pudiese demostrar su competencia en la función docente, después de haberse evaluado en tres oportunidades, en tres años consecutivos, a pesar de que se le haya invitado a participar en procesos de regularización, acompañamiento y capacitación, seguramente habrá que reflexionar si la docencia era su verdadera vocación, o bien si pudo comprometerse profesionalmente con su preparación continua para el ejercicio de una docencia de calidad.

Dicho de otro modo, sólo los maestros que no se han preocupado por tener un buen desempeño en las aulas, sólo aquellos que no tienen un título profesional o que no cumplen con una normalidad mínima; es decir, no planean su clase, no preparan materiales didácticos adecuados, no conocen su materia, no manejan los enfoques curriculares, no llegan temprano a sus aulas, faltan continuamente, no saben cómo impartir una clase, no controlan la disciplina en el grupo y tienen mala relación con los padres de familia, serán los que tendrán que preocuparse por la evaluación, pues se demostrará su incompetencia profesional, su falta de compromiso y su poca responsabilidad.

Con la evaluación de los maestros nadie pierde, todos salimos ganando: Ganan los propios maestros pues demostrarán su competencia profesional y tendrán oportunidad de mejorar de manera permanente su desempeño; accederán a reconocimientos, promociones y estímulos por mérito propio y no por dádivas sindicales o nepotismo de grupos de presión.

Ganan los estudiantes, pues tendrán maestros más preparados, más conscientes de su función, más capacitados para trabajar colegiadamente y para actuar juntos para resolver problemas que les son comunes; ganan los padres de familia, pues ahora tendrán la certeza de que los maestros que atienden y educan a sus hijos cuentan con la competencia para hacerlo; y gana la sociedad, pues al tener ciudadanos mejor formados, en procesos educativos de calidad, se podrá apuntalar el desarrollo y aspirar a mejores niveles de bienestar.

Bienvenida la evaluación docente, con ella todos ganamos, es una herramienta formidable para aspirar a una mejor educación, en las manos de cada maestro, -en su capacidad de reflexión y análisis, no en el adoctrinamiento o el contagio-, está hacer que la reforma educativa cumpla sus propósitos y que a partir de su concreción tengamos un México mejor educado, con mayores aspiraciones para un futuro promisorio.
 
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