Opinión
Criterio
Lino de la Rosa
Criterio

El Sol de Durango
19 de octubre de 2008

Con motivo de la formal presentación de la propuesta que por estos días ha hecho el PRD sobre la despenalización del consumo de la droga, la prensa nacional ha puesto en vitrina de cristal el tema aludido, el que como el del aborto, el de la pena de muerte, eutanasia y otros, suscita naturalmente un mil de inquietudes en el ánimo de la gente debido quizá a que tocan aspectos muy íntimamente ligados con la vida y con la muerte y que de alguna forma pudieran verse afectados en su origen o en su curso por intromisiones ideológicas o legales.

Es lo que está sucediendo ahora con lo que toca a la legalización del consumo de las drogas. Hay opiniones apasionadamente divergentes.

Algunos apuntan: "Un supuesto dice que si las drogas se legalizan, se acabaría con el narcotráfico y el problema de la adicción sería controlable. La experiencia desmiente este planteamiento. A excepción de Holanda, todos los países o estados que han experimentado esquemas de legalización o de despenalización de la droga han regresado a sus anteriores esquemas prohibicionistas. La causa: la epidemia de adicciones que han surgido como resultado de poner al alcance de todos sustancias que modifican ampliamente la conducta humana", asienta Gerardo Ochoa Vargas, editorialista, en artículo que publica, en el que cita las palabras del doctor Rafael Velasco, ex presidente del Consejo Nacional Contra las Adicciones, quien clasifica en categorías, primero, a los que creen que la legalización acabaría con el narcotráfico; luego a los que piensan que las drogas no son tan malas; después a los que las han usado sin consecuencias graves; en seguida a los que confían en soluciones simples para problemas complejos y por último, a los que apoyan la irrestricta "libertad" individual. Yo añado, abunda el citado doctor, "a los que creen irreflexivamente en estos supuestos, como también a los que se beneficiarían económicamente de la dicha legalización, que son muchos. Y termina: Legalizar produce la ilusión de creer que los delitos se acaban. Y en efecto se acaban, pero de nombre. Ya no existiría el delito de narcotráfico sencillamente porque la droga se hace llegar de manera legal; pero la adicción ahí estará. Si se legalizara el homicidio, su tasa bajaría a cero, porque ya no habría el delito de homicidio. Pero los muertos ahí estarían."

También hay personas que piensan de manera diferente. Dicen: "El narcotráfico se ha convertido en una actividad que reporta ganancias multimillonarias ¬que alcanzan para corromper a medio mundo, y de las que necesita para transformarse en narcopolítica, y de ésta a narcocracia. El narcotráfico se ha convertido en este fenómeno por la simple razón de que está prohibido; lo que lo convierte en una actividad de alto riesgo que requiere para la realización de su obra, de recursos ingentes. Por lo que, si tales ingresos desaparecieran o menguaran, en la misma proporción lo resentirá el movimiento. ¿Pero qué se deberá hacer para desaparecer éstos tan cuantiosos ingresos? Responden: Legalizar y reglamentar el consumo de drogas. No hay otro modo de lograrlo. El narcotráfico, por el sólo hecho de ser una actividad prohibida legalmente, se ha convertido en un negocio fascinante sumamente atractivo para incautos y del que también se benefician hasta el hartazgo los corruptos que desde el poder protegen a los culpables.

Los que así piensan, enumeran además algunos beneficios concretos que se obtendrían de la legalización de las drogas: -El consumidor dejaría de ser víctima de los traficantes y de los que controlan el mercado. Los campesinos mantendrían sus cultivos y obtendrían precios justos. Una alianza entre gobierno, empresarios e instituciones, terminaría con la patética guerra en contra de los más empobrecidos. Se reconfiguraría la demanda de drogas que aumentaría para las menos dañinas y disminuiría para las más perniciosas. El narcotráfico dejaría de existir y consiguientemente, el ingreso económico podría aumentar al distribuir legalmente las drogas. También bajaría el índice de empeños, robos y asesinatos, delitos en los que ordinariamente incurren los drogos para conseguir lo que buscan-.

Sin embargo y a pesar de todo, pienso para mi consumo, que la solución básica del problema de la drogadicción no pasa por la sola prohibición, amenazas y represión; sino por la educación en la responsabilidad personal para evitar el consumo abusivo y la drogodependencia, que es causa de la degradación humana en la que caen algunos consumidores y de los daños morales y físicos que sufren las personas de su entorno particularmente familiar. Por lo que es indispensable proveer a esta clase de pacientes de toda la información que se juzgue necesaria para que elijan su forma de vida responsablemente y de acuerdo con su conciencia. No debemos conformarnos con reiterar políticas ineficaces que tratan a los pacientes de forma paternalista y apapachadora que finalmente no llegan a ninguna parte.

Se necesita de una permanente reflexión familiar que cale en las causas subyacentes al consumo destructivo de drogas: como la desintegración familiar, la pérdida de valores, la cultura hedonista contemporánea, la pobreza extrema, la falta de proyectos y sanas ilusiones individuales que estiran hacia delante, que optimizan los ánimos y que estimulan las ganas de vivir.

No sé; pero algo falla en nuestra sociedad y la proliferación de las drogas es un síntoma de ello. Algo está fallando en la formación o percepción de las personas que no son capaces de sentirse plenas si no es consumiendo drogas...

Por lo pronto, seguiremos corriendo el riesgo de enfrascados en la interminable y bizantina discusión de si "legalización sí; de si legalización no".

Pero el reciente discurso sobre drogas, pronunciado por el Presidente de Honduras, Manuel Zelaya (14 de Oct. /08) me parece que puede romper este círculo vicioso de discusión. El añade una tercera vía, una tercera opción, que a mi juicio es muy obvia por estar bien fundamentada.

Dijo textualmente: "¿Por qué no buscar la manera de que en nuestros países, lo que no lo podríamos hacer aisladamente, empecemos un proceso de legalidad de este tráfico ilícito, para que así, el que está propenso a adquirir esta enfermedad del consumo de drogas, sea considerado como un enfermo y su enfermedad se le cure legalmente en la farmacia, con un doctor, con programas sociales de los estados?".

Considero que el que se está proponiendo, es un primer paso, que muy bien encuadrado en circunstancias favorables del orden sociológico como debe estar, puede conducir de manera menos riesgosa, a la legalización de la droga; en un contexto histórico diferente. Pero por ahora no es el caso; en razón de que las condiciones mentales, políticas y sociales que se requieren para que tal propuesta prospere, no están dadas. En otras palabras, el actual escenario político-social no está habilitado d e momento para tales menesteres; le falta luz.

Piense, para empezar, en la maldita corrupción política reinante, contraria como es a todo proyecto de prosperidad. Pero por lo pronto, la propuesta del presidente de Honduras está viva y es seria y está allí para discutirse. A mi parecer, mucha luz puede arrojar para iluminar el camino.

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