Opinión
¡Clic! /Guadalupe Vergara

El Sol de México
20 de agosto de 2008

Los Azulejos, este extraordinario sitio ubicado en Atizapán de Zaragoza, en el Estado de México, propiedad de Paco Barona Mariscal, a quien tengo el gusto de conocer desde niño, caballero-torero por vocación que con entrega ejemplar dedica su tiempo a ejecutar, promover y enseñar este arte de marialva. Con el no menos entusiasta, afición sin límite y acreditado ganadero de reses bravas, Salvador Rojas, amigo de años, como su familia, propietarios del hierro San Judas Tadeo, que dan fama y honor a nuestros toros y novillos en la plazas donde destaca la raza y la bravura.

Pues ahí ellos han creado, dentro de un entorno bellísimo de árboles, vegetación variada y arquitectura señorial donde no falta una arcada monumental, este singular lugar para los amantes de los caballos y sus disciplinas. Aquí, la legendaria rejoneadora Conchita Cintrón supervisó desde el principio pistas, picaderos y ruedo. Habitual visitante veraniega, no dudaba en aconsejar y charlar con todo tipo de jinete con su proverbial gentileza. Como ser que ame los caballos.

Así que cuando mi sobrina Angeles me dijo que su hijita, la aguerrida Leonora de casi cinco años, estaba aprendiendo el arte de montar y conducir un caballo, inmediatamente me apunté para verla y qué mejor cuando supe que su maestra era Berenice Gómez y nada menos que en Los Azulejos.

Había que llegar temprano, pues cada niño, joven o adulto siempre va acompañado de su instructor el tiempo que requiere cada disciplina. Leonora me mostró orgullosa en las caballerizas y luego en el patio donde "su" caballo "Tres Patines" se dejaba poner silla, estribos y espuelas, y ser conducido a la pista para los más pequeños. Su instructora Berenice Gómez la esperaba sonriente y constaté cómo explicaba a su alumna a empezar andando y ejercicios corporales y al final trotando. Leonora se veía realizada y terminó apapachando a "Tres Patines": guapo, rosillo, noble y fuerte.

La plática obligada con Berenice, hermana mayor de cinco: Denisse, Cinthia, Tamara y Paty Gómez, la cuarta que conocí siendo ella rejoneadora muy jovencita y a la que vi triunfar en varias plazas. Ella fue alumna de Paco Barona, pero Cupido se entrometió cuando ella conoció al caballero-torero español Martín González Porras, que aquí hizo una temporada logrando sonados triunfos. Se casaron en la Hacienda de Enmedio en Tlalnepantla, boda a la que asistí. Ellos se instalaron en España y ahora son felices con su pequeña hijita.

Pero regresando al tema de Los Azulejos, es muy importante la labor que hacen en equinoterapia para niños autistas, con Síndrome de Dawn o parálisis cerebral, supervisados por la terapeuta oficial Elsa Martha García, quien hace los diagnósticos de rutina, donde no incluye padecimientos físicos de los niños a partir de cuatro años y medio. Ella asegura que actualmente existe el Síndrome de Déficit de Atención, en su mayoría niños hiperactivos en casos extremos. Como ejemplo, asegura que en un salón de 20 niños hay un 10 por ciento que padece este mal y, desgraciadamente, muchos maestros no están preparados para tratarlos. "El ser humano evoluciona, estos son los niños nuevos, hiperactivos".

La doctora García es discípula de la doctora Edith Gross, que trajo a México esta terapia alternativa de resultado positivo.

Cambiando de tema, nos fuimos al del arte del rejoneo, el toreo a caballo:

EI rejoneo es un espectáculo para paladares exigentes, pero su belleza plástica atrae a toda clase de público, por lo tanto es muy importante que el rejoneador sea un maestro de la equitación y conocedor profundo de la tauromaquia, que sus caballos estén muy bien adiestrados para que esto le permita hacer las suertes con la mayor perfección posible; además, al ser herederos de un arte tan noble, las figuras de un espectáculo están obligados a mantener la elegancia y la pulcritud de sus antecesores, presentándose impecable y finamente ataviados, así como bien cuidados sus caballos y sus arreos.

Aunque la brillantez de una faena de rejoneo está supeditada mayormente a las condiciones del toro, hay reglas que deben de estar siempre presentes en la lidia, para que ésta se pueda calificar de profesional, y los rejoneadores están obligados a observar, ya que para que las suertes del rejoneo sean hechas como ordenan las reglas de la caballería para un lado y del toreo a pie por el otro, deben utilizar los tres tiempos: citar, templar y mandar, pudiéndose complementar el de ligar las suertes.

EI rejoneador tiene que dejarse ver del toro, es decir, enfrentar al enemigo, acometer en rectitud, mandando serena pero firmemente a su cabalgadura, aguantar la embestida, calculando la distancia hasta llegar a la jurisdicción del toro e imprimir la cadencia correcta en armonía con la embestida de éste, lo que es indispensable para cualquier clase de suerte que se intente, esto dará como resultado el dominio del toro, sobre quien se impondrán las condiciones del rejoneador que, toreando y templando, conservara la iniciativa y así estará en condiciones de cuartear o cargar la suerte en el sitio preciso para hacer la reunión con limpieza y podrá salir airoso de la suerte, toreando y adornándose.

Las suertes del rejoneo, por lo tanto, para que tengan mérito, deben ajustarse a reglas muy precisas de equidad, en las que es indispensable que exista un equilibrio de fuerzas entre los contendientes, y ese equilibrio se logra cuando el rejoneador no admite ventaja sobre el toro y lo torea, dejándose ver de cara, si es posible recibiendo, sin huir, haciendo que el caballo no deje de mirar al toro, toreando en todo momento, haciendo la suerte con perfección, midiendo el terreno para clavar al estribo y rematando la suerte.

Lo que se haga sin estos parámetros a toros claros, fijos y nobles o fuera de la jurisdicción de éstos, carece de valor tauromáquico. Sin embargo, no todos los toros se pueden torear así, pues hay algunos que no son propicios para la lidia porque son mansos, distraídos, parados o bien se vencen, se aquerencian o desarrollan mucho sentido, entre otros resabios comunes, por lo que hay que lidiarlos a base de recursos y para esto los rejoneadores están obligados a tener los conocimientos, el valor y los recursos ecuestres y taurinos para resolver los problemas que cada toro presenta y así cumplir con el público, evitar un percance o el ridículo, que siempre es el peor papel para un caballero.

Hay que decir que los verdaderos rejoneadores, los que saben torear a caballo, aún a toros sin cualidades, les hacen faenas a base de recursos y de valor, y llegan a cuajarles suertes de mérito y a veces de calidad, demostrando su pundonor y maestría, lo que debe de ser el objetivo de todo rejoneador.

Finalmente, el toreo frontal, aunque lleva intrínseca la emoción de lo clásico, debe ser matizado con el toreo inventivo alegre, con adornos y desplantes que no se apartan de ninguna manera del clasicismo ni dejan de tener valor tauromáquico ni mucho menos están exentos de belleza, arte y riesgo si se hacen con verdad, y además aportan variedad y alegría al toreo a caballo, que es un espectáculo... NOS VEREMOS MAS TARDE... QUE EL CIELO LOS JUZGUE.
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