Opinión / Columna
 
Episcopeo 
Arzobispo Héctor González Martínez 
¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad!
El Sol de Durango
8 de diciembre de 2013

  POR +MONS. ENRIQUE SANCHEZ MARTINEZ,

Obispo Auxiliar de Durango

En nuestro país la pobreza ha sido un problema endémico que avanza año con año y parece que no hay algo que la frene. Su análisis y la búsqueda de soluciones han sido complejos. Los obispos de México hemos afirmado: La pobreza ha crecido. En el contexto de la crisis financiera mundial los resultados conseguidos en años (programas para la superación de la pobreza), han retrocedido en meses. Aparecen nuevas categorías sociales que se empobrecen y surgen nuevas pobrezas. México es uno de los países con mayor desigualdad en la distribución de la riqueza en el mundo (Conferencia del Episcopado Mexicano, Que en Cristo nuestra paz México tenga vida digna, 32-34).

Se incrementó la pobreza en México. De 11 países latinoamericanos analizados, México es el único que registró un incremento de 0.8% con respecto a 2012. La pobreza aumentó, pasó de 36.3% en 2011 a 37.1% en 2012, esto significó que un millón de personas más fueron contabilizadas como pobres (Comisión Económica para América Latina y el Caribe Panorama Social de América Latina 2013).

México es considerado como un país de desarrollo humano "alto", sin embargo, el bienestar no beneficia a toda su población, pues la desigualdad frena el desarrollo de sus habitantes. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) colocó a México en el lugar 61 de 186 países en materia de desarrollo humano. El 51% de la población vive en condiciones de pobreza, (57 millones de mexicanos). Los municipios más pobres están en el sur, y los de más recursos están en el norte y el centro. En la categoría de desigualdad, México está en el puesto 73, esto refleja que las oportunidades de tener una mejor calidad de vida (salarios más altos, acceso a la educación o a servicios de salud) no son equitativas.

El Estado de Durango, (entre las 32 entidades), ocupó el lugar 12 en porcentaje de población en pobreza y el 13 en porcentaje de población en pobreza extrema, se ubica dentro de las quince entidades con mayor pobreza y pobreza extrema. Del total de la población, el 51.3% se encuentra en situación de pobreza, esto representó 840,610 personas de un total de 1,637,236. Asimismo, el 10.3% se encontraba en situación de pobreza extrema, es decir, 168,950 personas (Informe de pobreza y evaluación en el estado de Durango 2012 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social).

El Papa Francisco (La alegría del Evangelio, 202-208) nos invita a ver el problema de la pobreza desde otro ángulo: hay que resolver las causas estructurales de la pobreza y no sólo para obtener resultados inmediatos o para tratar de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que sólo podrá llevarla a nuevas crisis. Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Hay que resolver radicalmente los problemas de los pobres con actitudes profundas y acciones serias como: renunciar a la autonomía absoluta de los mercados; renunciar a la especulación financiera; atacar las causas estructurales de la inequidad, ésta última es la raíz de los males sociales.

Al centro de una política económica que busca resolver los problemas de fondo de la pobreza debe estar la dignidad de cada persona humana y el bien común. Los que dirigen la economía a veces hablan de esto, pero solo como un discurso político sin perspectivas, ni programas de verdadero desarrollo integral. Al sistema económico actual le molesta que se hable de ética en la economía, que se hable de solidaridad mundial, que se hable de distribución de los bienes, que se hable de preservar las fuentes de trabajo, que se hable de la dignidad de los débiles, que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo. Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado.

¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes, los legisladores y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos.

Debemos preguntarnos si hacia allá están encaminadas las reformas que se han realizado en nuestro país: educación, hacendaria, política, telecomunicaciones, transparencia; y las que se pretenden como la energética; y las modificaciones que se han realizado a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal que tocan temas trascendentes como la seguridad y la corrupción en el país (Comisión Nacional Anticorrupción).

¿Y por qué no acudir a Dios para que inspire sus planes? Dice el Papa Francisco: "Estoy convencido de que a partir de una apertura a la trascendencia podría formarse una nueva mentalidad política y económica que ayudaría a superar la dicotomía absoluta entre la economía y el bien común social". Email: episcopeo@hotmail.com
 
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