Opinión / Columna
 
Carlos Avilés Acosta 
La esencia pedagógica del Congreso Educativo
El Sol de Durango
15 de junio de 2011

  La esencia pedagógica del Congreso Educativo "Las Competencias del Maestro en el Nuevo Siglo", se traduce en el impulso y fortalecimiento de la formación continua del profesorado, quienes tienen bajo su responsabilidad, conjuntamente con la familia, la educación de los niños y jóvenes duranguenses. Este esfuerzo a favor de la profesionalización de los docentes, forma parte de las políticas prioritarias del gobierno de Jorge Herrera Caldera, operadas a través de la Secretaría de Educación del Estado.

Escuchar las ideas más recientes e innovadoras en materia de enseñanza y aprendizaje en los ámbitos escolares, por parte de prestigiados especialistas internacionales en el campo educativo, conduce necesariamente a una profunda reflexión del compromiso profesional de los maestros en torno a su quehacer educativo, a partir de potenciar sus competencias profesionales que les permitan enfrentar su tarea formativa, en un escenario complejo y altamente cambiante, donde la constante es la incertidumbre.

En este contexto, Philippe Perrenoud, reconocido académico de Suiza, autor de varios textos relacionados con la formación de docentes, hace un análisis de fondo, con una gran solidez teórica, en el tema de las competencias para enseñar en la escuela del Siglo XXI, para educar a la sociedad, sus niños y jóvenes.

Perrenoud parte de la premisa, científicamente comprobada, de que el contexto escolar y, particularmente los docentes en su labor áulica cotidiana, ejercen una fuerte e importante influencia en el desarrollo cognitivo de los niños y jóvenes.

Para una atención adecuada de estos niños y jóvenes, Perrenoud advierte la importancia de identificar el conjunto pormenorizado de competencias profesionales que debe dominar un docente, para lograr la transposición didáctica de los saberes a enseñar, lo que se traduce en hacer accesible a los estudiantes el saber científico que domina el docente.

Aunque se reconoce la variedad del concepto de competencia; en tanto se delimita una definición satisfactoria para el campo educativo, es necesario clasificar las competencias en familias. De lo contrario, se corre el riesgo de atomizar éstas en un número tan amplio, cuyo abordaje imposibilite el desarrollo de éstas.

Así, Perrenoud, desde el año 2004, ha presentado una propuesta de 10 familias de nuevas competencias para enseñar: 1) organizar y animar situaciones de aprendizaje, 2) gestionar la progresión de los aprendizajes, 3) elaborar y hacer evolucionar dispositivos de diferenciación, 4) implicar a los alumnos en sus aprendizajes y en su trabajo, 5) trabajar en equipo, 6) participar en la gestión de la escuela, 7) informar e implicar a los padres, 8) utilizar nuevas tecnologías, 9) afrontar deberes y los dilemas éticos de la profesión y, 10) organizar la propia formación continua.

Una vez clasificadas las competencias profesionales para enseñar, en grupos o familias, se requiere una jerarquización de estas familias para priorizar su desarrollo en los docentes en servicio, mediante las iniciativas de desarrollo profesional: cursos, talleres, conferencias, intercambios académicos, diplomados y programas de posgrado.

Perrenoud nos brinda una pauta para la jerarquización de familias de competencias: identificar las que se advierten con mayores debilidades, para atenderlas en primera instancia. Partiendo del hecho irrenunciable del dominio, por parte del docente, del saber científico a enseñar, el siguiente paso es desarrollar el conocimiento del contenido pedagógico, que se refiere a la competencia de derivar del conocimiento científico un conjunto de acciones de aprendizaje que permitan a los estudiantes lograr un acercamiento pleno -por interés, más que por temor- al conjunto de saberes que integran el currículo.

De las principales competencias, contribución del autor presentada en el Congreso, se derivan de los seis mayores riesgos para los alumnos que Perrenoud describe como medulares en la tarea docente y cuya prevención es prioritaria en la formación de los maestros: la dificultad del maestro para entender los procesos de aprendizaje, inducirlos y regularlos; la falta de dominio para la transposición didáctica de los saberes a enseñar; la ausencia de sentido al trabajo y a los conocimientos escolares; la necesidad de adaptar su acción pedagógica a la diversidad de los alumnos; la falta de planeación para monitorear la progresión a corto, mediano y largo plazo, conforme a los objetivos de formación y la escasa cultura para aprender de la experiencia.

A manera de conclusión, se reconoce la imperiosa necesidad de despertar en los docentes el interés por su desarrollo profesional, atendiendo las principales debilidades advertidas en un ejercicio de autoevaluación por parte de los docentes en lo individual y de los colectivos escolares.
 
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