Opinión / Columna
 
José de la O Holguín 
Leones y camaleones de Guanaceví, Durango
El Sol de Durango
8 de septiembre de 2010

  Durango, Durango.- Desconozco el motivo personal por el cual el cronista de Guanaceví, profesor Margarito Herrera Díaz, haya optado por titular su reciente libro "Leones y Camaleones, historia de la Revolución Mexicana de Guanaceví, Durango", en mi particular percepción, quizá obedezca a la fiereza de los revolucionarios guanacevitas toda vez que era común designar por esos lugares a los hombres valientes con el apodo de "León"; tal es el caso de Tomás Urbina el "León de Durango", quien ocupó militarmente en dos ocasiones la población minera de Guanaceví; el calificativo de camaleones, tal vez su autor aluda a la capacitad mimética de los hombres armados de la región, que tan pronto eran gobiernistas o revolucionarios, o bien de un grupo o de otro, como fue común durante la Revolución Mexicana. Finalmente el maestro Margarito tendrá sobradas razones para titular su obra, que en sí, rescata pasajes olvidados de la microhistoria que si no se hubiese ocupado de recobrarla a través de una acuciosa investigación documental y esencialmente por medio de la entrevista de campo, no hubiera sido posible el libro en mención, que bien se inserta en el contexto del Centenario de la Revolución Mexicana en Durango.

Que satisfecho se hubiera sentido el historiador Luis González y González, de que Margarito Herrera haya rescatado la esencia de la historia partiendo de un escenario geográfico denominado micro-historia. De entrada el cronista, hace suyos los elementos históricos para confeccionar el libro que aborda sucintamente la participación de Guanaceví en el movimiento armado de 1910, desde un punto estratégico llamado que constituye para el cronista, el centro neurálgico de la motivación que produjera el movimiento más importante del Siglo XX en México.

El cronista nos lleva de la mano a conocer el contexto sociopolítico que imperaba en la población de Guanaceví y su región durante la antesala del movimiento revolucionario. Nos describe con magistral sapiencia las actividades de la población, con su referente principal que fueron las haciendas y las minas; en el texto, se destaca el cacicazgo asfixiante y monopólico de la familia Lozoya propietaria de la mayoría de las minas y haciendas de la región norte de Durango. Lo anterior es referencia obligada para hablar de los Creel en Chihuahua y los López Negrete en el estado de Durango.

A través de los párrafos del maestro Margarito, nos percatamos de lo riguroso que fue en su quehacer investigativo, el valor de la obra estriba justamente en la profundidad de su contenido que es medularmente la Revolución Mexicana, pues resulta complicado y por qué no hasta difícil entramar un pequeño contexto geográfico a un movimiento nacional donde convergen un sinnúmero de elementos que van desde personajes, hechos, acciones, tiempos y distancias; sin embargo, el cronista Margarito Herrera, tuvo la sapiencia y virtud de conjuntar todos esos elementos de la región de Guanaceví.

El cronista parte del llamado de Pancho Madero el 20 de noviembre de 1910, a las seis de la tarde, donde el municipio fue protagonista de los primeros balazos. Conforme a lo vertido en la obra y según fuentes historiográficas que obran en la hemeroteca pública de Durango y en el Archivo Histórico del Estado, se consigna que en Cerro Prieto, municipio de Guanaceví, fue el escenario de los primeros combates donde pelearon connotados revolucionarios chihuahuenses como Guillermo Baca y Pedro T. Gómez, quienes escogieron la región para llevar a cabo las primeras movilizaciones de la lucha armada de 1910. Lo anterior quiere decir que la región de Cerro Prieto, constituye la cuna y chispa de la Revolución en el norte del estado de Durango y sur de Chihuahua.

Este y muchos otros aportes el maestro Margarito los suma a las conmemoraciones del Centenario de la Revolución Mexicana y la pasión del cronista por darles un espacio a los olvidados de la Revolución, a los héroes anónimos de la gesta armada como Isidro Amaya, Pedro Mejía, Raúl Espinoza y Herlindo Rodríguez entre muchos más. Destaco el afanoso rescate historiográfico de este último personaje quien merece un estudio aparte por la importancia de su desempeño durante la etapa maderista de Guanaceví. Gracias por la aportación del maestro Margarito Herrera Díaz, cronista oficial de Guanaceví y recién nombrado secretario del Ayuntamiento de ese municipio serrano. Enhorabuena y felicidades.

Comentarios: delao_holguin@hotmail.com
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas