Opinión / Columna
 
Criterio 
Lino de la Rosa 
Tiempos electorales, tiempos de compromiso
El Sol de Durango
21 de febrero de 2010

  Ya no estamos para pleitos...



Los tiempos electorales que estamos viviendo ya por estos días, son muy valiosos para revisar el presente y el futuro inmediato de nuestras vidas; y por lo mismo, no debemos desaprovecharlos.

Las elecciones son a la manera de un parte-aguas que traza la línea que divide el ayer de nuestra historia, de su mañana, en continuidad.

Es un pasado que ya se ha ido, para ceder su puesto al que nosotros, los electores, le vayamos a señalar: lo que arrastra consigo una gran responsabilidad personal que nadie puede asumir como si se tratara de un pasa rato o de una diversión.

Un cambio de autoridades a cualquiera de los tres niveles básicos de gobierno, siempre ha sido definitivo para el progreso de un pueblo o para su estancamiento o regresión. Y esto en mucho depende de la calidad de la motivación que den los líderes a quienes los escuchan en su mítines.

Porque con frecuencia y de una manera como automática, agreden a quienes ejercen la autoridad si pertenecen a algún partido distinto al que ellos están.

El lenguaje de todos los partidos es menos claro: Parten de lo malo hacia lo bueno; pero nunca de lo bueno a lo mejor.

Son negativos; tratan de destruir y hasta agravian a sus opositores. No son leales ni consigo mismos porque ni ellos mismos se creen lo que dicen. Son en general, poco propositivos y demasiado críticos.

Y no es que el lenguaje crítico deba ser un recurso vedado en estas lides. Muy por el contrario, es algo indispensable si la crítica es constructiva, si está fundamentada. Si no se iguala con la censura que insulta, que envenena voluntades provocando reacciones de la misma índole en las personas que la sufren y que no tienen por qué convenir necesariamente con el criterio de profetas de infortunios.

Y es que ya no estamos para pleitos... Ya queremos paz en medio de este mar de inseguridad, de violencia desatada, de muertos y heridos, que nos asfixia. ¿Qué también tendrá que ser igual o peor en lo político?

Pienso que no. La política "es un arte", se calcaba así en este mismo espacio la semana pasada. Y por consecuencia lógica, sigo diciendo, el político de a de veras, deberá ser un artista en lo que concierne a la remodelación mental y edificación de un orden nuevo que mejor propicie cada vez nuestro desarrollo integral como personas.

Pero, bueno, si artista a la mejor no, al menos tenemos derecho a esperar de él que sí sea un demócrata; es decir, un promotor deferente de las ideas aun contrarias; constructor del bien común, razonable y pacífico.

Pacífico sobre todo o lo que es lo mismo, respetuoso de la 'libertad' que es una facultad que se identifica con el hombre mismo y que por eso no debe ser hostigada por nadie.

Y de hecho (lo oí de mi maestro de filosofía social hace algunos años) no existe Estado alguno sin el monopolio de la fuerza legítima; pero el ejercicio exclusivo de la fuerza por parte del Estado democrático debe servir para garantizar el uso 'pacífico' de las libertades civiles y políticas y a través de ella, la definición de las decisiones colectivas mediante el debate respetuoso y libre -y el conteo de los votos-.

En rigor, el derecho de reunión está garantizado con tal de que los convocados no porten armas. El derecho de asociación está reconocido con excepción de las sociedades militares y paramilitares. La libertad de expresión y la libertad de prensa son reconocidas a condición de que no sean utilizadas para instigar a la violencia. La principal forma de oposición de masas, que es la huelga, es una típica forma de oposición no violenta. La misma desobediencia civil en casos extremos, puede ser tolerada si se lleva a efecto por medio de manifestaciones pacíficas o como resistencia pasiva.

De donde se deduce que los tiempos electorales que vivimos son oportunidades que se nos presentan para repensar en el presente y futuros destinos de este histórico lugar donde nuestros padres nacieron y vivieron su vida. Tal es el significado de la palabra "patria". Y ninguna oportunidad mejor para lograrlo siquiera en parte, es la presente época electoral que estamos viviendo.


 
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