Opinión / Columna
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Criterio
Lino de la Rosa
Tiempos difíciles, los que estamos viviendo
El Sol de Durango
31 de enero de 2010
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La corrupción política, causa de origen de todos nuestros males----SUMARIO
Los efectos del crimen organizado están siendo tan estridentes y numerosos en nuestro medio que ya agotaron nuestra capacidad de asombro y nuestra sensibilidad de humanos frente a las injusticias, violaciones de derechos y menosprecio de los valores humanos que estos lances del terror están arrastrando consigo.
Los términos ya técnicos de 'levantados', 'ejecutados', 'decapitados', etc., que a diario escuchamos en todos lados, son parte ya muy trillada de un negro historial que ya nos impacta mucho menos que cuando empezamos a sufrirlo.
El concepto de "muerte" y de otras figuras que le son afines, como esqueletos, guadañas, calaveras, huesos entrecruzados y hasta brujas, murciélagos, tecolotes y telarañas, son cosas que ya nos son hasta familiares por estarnos topando a diario con ellas a cada vuelta de esquina.
Este periódico a diario informa en un apartado fijo dedicado exclusivamente para el caso, del número de asesinados o desaparecidos que a nivel nacional han sucumbido en el curso del último trienio, señalando que ha alcanzado la tétrica suma de casi 16 mil personas que han sido eliminadas por un crimen bien organizado y mejor administrado por gobiernos sexenales anteriores que lo dejaron crecer en fuerza de una corrupción tan persistente y generalizada, así que ya parece ser parte como consubstancial de nuestro diario vivir.
Razón por la que se impone extender un poco más la información con respecto a este fenómeno tan aterrador.
En la más amplia acepción de su significado, la palabra 'corrupción' significa echar a perder algo, pudrirlo, alterarlo, estragarlo, pervertirlo...
Y analizada bajo su respecto administrativo, se refiere a pagar o sobornar a grupos o individuos a cambio de que participen activamente en consignas que perjudican a terceros.
La corrupción provoca entonces desde su aparición en nuestro medio político, pérdida de credibilidad en el Estado, en el gobierno y en la administración pública en general. Inhibe por desilusión la participación ciudadana en los asuntos públicos. Induce a la ilegitimidad e inequitativa asignación de recursos del Estado y a la apropiación o robo de los mismos de parte de personajes o grupos económicos y particularmente políticos, extremadamente poderosos.
Otra de sus muy graves consecuencias corrosivas está en que en ella se originan las muy agudas crisis como las que estamos sufriendo actualmente en punto de alimentación, salud, cobijo, trabajo. Y en lo social, de una violencia de muerte técnicamente organizada, que se traduce en términos de asesinatos, secuestros, extorsiones, impunidad e intrigas y amenazas.
Y lo más grave del caso es que todos éstos tan patéticos incidentes están esculpiendo en nuestra subconciencia los rasgos característicos de la cultura de la muerte con la que a diario estamos tan en estrecho contacto, que ya hemos perdido hasta el natural instinto por la conservación de la vida y con ella, de todo lo constructivo que de la misma se deriva como son el aprecio y respeto por la ley, por el derecho, por la libertad, por la familia, por el orden establecido, por el trabajo, por el estudio, por la pacífica convivencia, por el servicio a los demás, por la superación personal; sustituyendo todos estos incomparables bienes por los consabidos males de la depresión social, del miedo paralizante, del odio, la sospecha, la venganza y lo que es más riesgoso aún: Por el convencimiento ya muy generalizado, de que la vida, de veras que "no vale nada", puesto que tan barato se está cotizando.
Y ¿quién podrá convencernos de lo contrario, si a diario nos tropezamos con esos imponentes despojos humanos tirados en un basurero, en la soledad de un apartado camino, en el fondo de una quebrada o de un arroyo putrefacto; algunos ya hasta roídos por animales salvajes?
Estos hechos enervan las facultades morales de las personas; blindan su conciencia y disminuyen hasta llegar a desaparecer la connatural susceptibilidad que como humanos sentimos ante la tragedia y la muerte.
La gente siente ahora menores escrúpulos para delinquir. Como que su conciencia poco a poco se ha ido endureciendo más a causa de los horrores del escándalo criminal al que asiste todos los días. Lo que antes parecería grave, ahora es percibido en una óptica involucionista como que no lo es tanto.
No se necesita ser muy aguzado como para advertir que nos estamos empobreciendo por dentro, que nos estamos deshumanizando... y que los hondos vacíos que han dejado abiertos estas raíces del bien, arrancadas con estrépito, hoy los están llenando nuestros miedos, nuestras inseguridades y en especial la impotencia absoluta que sentimos debajo de los negros nubarrones que anuncian tempestad y que ya se ciernen sobre nuestras cabezas.
Y es que si un solo acto humano de alguna manera viciado, es de por sí atentatorio del orden socio-moral establecido, los enormes estragos causados por una violencia institucionalizada, son el derrumbe total de la estructuración jurídico-social que hasta ahora había sido nuestro blindaje. Hoy lo raro es no matar...
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