Opinión / Columna
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Sin controversia
Ernesto Escobosa
Ni para dónde hacerse
El Sol de Durango
22 de octubre de 2009
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El presidente de la República y la Cámara de Diputados volvieron a actuar en contra de la lógica económica, ya que se esperaba que el paquete fiscal recién aprobado viniera a subsanar las carencias de la mal llamada "reforma fiscal", por el contrario, la hicieron más absurda, ya que inhibe aún más el ahorro, la inversión, pulveriza las utilidades y en consecuencia el pago de impuestos y la oferta de trabajo.
Los expertos internacionales en economía y finanzas, incluido entre ellos un premio Nobel, siempre coincidieron en que lo único que no se debía hacer en un sistema económico con tendencias recesivas como el mexicano, era precisamente crear o incrementar impuestos; al parecer los legisladores siguen en el juego de cometer los mismos errores una y otra vez.
Utilizar fórmulas económicas que en otros momentos han demostrado su ineficacia y creer que en la actualidad si serán exitosas, definitivamente es, no solamente desconocer la historia reciente sino también actuar en contra del sentido común.
Es imperioso que los políticos mexicanos tengan la disposición de aprender de sus propias experiencias y de escuchar a los demás; este nuevo hibrido legislativo también agrede anímicamente a los mexicanos, principalmente a los que más se esfuerzan y que cumplen con sus obligaciones fiscales, es grave que sólo alrededor de 15 millones de ciudadanos sean los que contribuyan con el 100%.
Mientras que diariamente la industria multimillonaria del exitoso mercado ilegal, pone a disposición de los consumidores desde un CD apócrifo hasta vehículos importados ilícitamente y la Secretaría de Hacienda de ninguna manera los molesta en sus prósperos negocios libres de impuestos y de regulación legal, mientras las pequeñas y medianas empresas, así como los prestadores de servicios están siendo asfixiados por las políticas recaudatorias de un Gobierno Federal extraviado y disociado de la experiencia económica global.
Las prioridades insatisfechas siguen siendo eliminar los regímenes fiscales especiales que benefician exageradamente a las grandes empresas, ampliar la base de contribuyentes y dejar sin efectos el impuesto al depósito bancario en efectivo, ya que en vez de eliminarlo lo incrementaron, inhibiendo en consecuencia la precaria capacidad de ahorro de los pequeños negocios y de las familias mexicanas, con estas políticas impositivas la gente pronto tendrá de nueva cuenta su dinero bajo el colchón.
La brillante solución ha sido fortalecer la macroeconomía a costa de millones de microeconomías empresariales, familiares e individuales, con el argumento ¿pretexto? de incrementar la productividad, cuando ésta se fomenta desde las empresas, las fábricas, los talleres, los despachos y los pequeños negocios, como sucede en las experiencias exitosas en el mundo y no desde las oficinas de la Secretaría de Hacienda como pretenden hacerlo en México el presidente Calderón y la Cámara de Diputados.
Lo más grave desde la perspectiva social es que ya ni siquiera migrar a los Estados Unidos parece ser una buena opción para huir de la pobreza y de la falta de oportunidades, hoy más que nunca la gobernabilidad y las políticas económicas deben estar estrechamente vinculadas.
Los estallidos sociales no se evitan aumentándole arbitrariamente las cargas impositivas a una sociedad desesperanzada, la cual en su mayoría sólo ha tenido contacto con la prosperidad económica y material a través de las pantallas de televisión.
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