Opinión / Columna
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Mario Núñez Mariel
Los argumentos contra Obama
Organización Editorial Mexicana
23 de noviembre de 2009
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Menos de un año tiene Barack Obama en la Presidencia de Estados Unidos y ya pueden sistematizarse los argumentos en su contra por la frecuencia con la que se repiten. Lo curioso es que la derecha junto con la extrema derecha y la izquierda junto con la extrema izquierda, coinciden en la estructura de sus argumentos y con frecuencia hasta en las palabras o conceptos utilizados: piensan distinto pero parece que el racismo es el mismo. Todos a la vez acusan a Obama de falta del machismo adecuado para realmente ser respetado como jefe de Estado de la potencia otrora hegemónica. Les molesta que aparezca un Presidente estadunidense que escuche y pregunte en vez de imponer unilateralmente su voluntad.
La resistencia al cambio representado por Obama se manifiesta como oposición a que el actor principal prefiera no ser tan principal. Ahora durante su viaje a Asia lo vilipendiaron porque ya no llegó como el viejo emperador con botas y cara de película del oeste antes del duelo final del recuento. En el fondo quisieran que el personaje odioso y odiado siguiera siendo el personaje de todas sus pesadillas. En el colmo de la necedad no ha faltado quien vea con nostalgia la desaparición de la Unión Soviética porque entonces sí había el equilibrio adecuado entre los matones del pueblo. Se acabó la película de vaqueros y quieren que se devuelvan las entradas. No lo reconocen, por supuesto, pero siempre queda un dejo de racismo en su afán de querer desbarrancar a Obama a como dé lugar. Si se equivoca se le echan encima como si hubiera roto la vajilla de la señora de la casa; y si acierta lo acusan de altanero y le piden que devuelva los guantes blancos del uniforme de mayordomo en represalia.
En Estados Unidos las cosas son todavía más evidentes. Si hay un viaje a Europa y lleva a su esposa entonces lo acusan de abusivo que aprovecha los viajes presidenciales para pasear a la muchacha. Y si no la lleva entonces lo acusan de torpe por abandonar a su único atributo cuando viaja al exterior -como fue el caso ahora que realizó su periplo asiático. Si se quita el saco y aparece en mangas de camisa lo acusan de no saber comportarse como el jefe de Estado de la potencia hegemónica. Y si se deja el saco lo acusan de que ya se le subió a la cabeza su nueva posición social como si fuera un nuevo rico. Si utiliza el avión presidencial y lleva a su esposa al teatro lo acusan de excederse en los gastos, y si va a comprar una hamburguesa en el Five Guys al lado de la Casa Blanca entonces peca de confianzudo.
¿Qué hay en el fondo de una crítica tan acerba, prejuiciosa y constante? ¿Por qué coinciden gentes tan dispares en el impulso de utilizar todos los recursos de la mala fe para ver caer al presidente de Estados Unidos? ¿Por qué algunos periodistas y ciertos analistas que dejaron pasar la Presidencia de George W. Bush sin siquiera ocuparse de él, ahora se ensañan con el primer presidente afroamericano? ¡Por vil racismo! Les molesta que la Casa Blanca esté ocupada por una familia negra. Pero hay algo más: el morbo de ver caer a la cabeza del imperio. Sienten que Estados Unidos está debilitado y no pueden ceder ante el impulso de echársele encima para acabar de agobiarlo. Si Obama firma el acta o decreto para cerrar Guantánamo pero no lo hace a la velocidad de la luz, entonces peca de mentiroso y timorato; y si da pasos concretos en ese sentido, entonces pone en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos. Si Obama piensa tantito qué hacer con Afganistán antes de "regarla" para siempre, se le acusa de indeciso; y si decide que siempre sí mandará más tropas entonces se le acusará de imperialista. En todos los casos se pierde de vista que tenemos al presidente estadunidense más progresista de la historia y si éste se cae en el barranco, entonces sabremos lo que teníamos por haberlo perdido.
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