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Opinión
![]() Alejandro Díaz
Enseñanzas de la presión rusa
El Sol de México
2 de septiembre de 2008
El imperio zarista cayó hace 90 años, el comunismo hace casi dos décadas y Putin apenas acaba de dejar la presidencia, pero la Madre Rusia no quiere dejar de estar presente en los antiguos territorios que una vez fueron suyos. Las conquistas de Iván el Terrible, de Catalina la Grande y de los zares que los sucedieron no las dan por perdidos estén o no bajo su mando. Aun en territorios alejados de su inmenso territorio como Kaliningrado, Crimea o Transnistria, los rusos que ahí viven, y quienes gobiernan desde Moscú, siguen considerando esos territorios como parte de la Madre Rusia. No importa que hayan sido rusos hasta después de terminada la II Guerra Mundial como Kaliningrado (la antigua ciudad hanseática de Danzig), o conquistados a mediados del siglo XIX como Crimea, o simplemente colonizadas bajo el comunismo como Transnistria. No les importa incluso que estos dos últimos estén separados de la Federación Rusa por todo el territorio de Ucrania.
La incursión del ejército ruso fue la respuesta militar al cálculo erróneo del presidente georgiano Shakasvili de que Occidente lo apoyaría para recuperar el control de zonas del territorio de Georgia sobre las que no ejercía su autoridad. Se equivocó al provocarlos, pues ni Estados Unidos ni la UE pensaron intervenir militarmente en un conflicto que no consideran suyo. Protestaron, eso sí, para evitar que en Georgia se repitiera el penoso caso de los británicos ante Hitler en 1938, pero no movieron un solo dedo de la OTAN. A esta alianza atlántica se han acogido muchos países de Europa Oriental que estuvieron bajo la égida comunista, pensando que con ello pueden evitar enfrentarse a Rusia. La UE ni siquiera logró ponerse de acuerdo sobre cómo enfrentar el hecho, aunque evitara hablar de usar la fuerza militar. Sólo decidió, junto con Estados Unidos, dar apoyo humanitario a Georgia en auxilio tanto de su población como de la maltrecha figura de su presidente, pero no impuso sanción alguna a la Federación Rusa. Tampoco suspendieron la discusión del acuerdo de cooperación con Rusia programado para el 16 de este mes porque temen hacer enojar a su principal abastecedor de petróleo y gas. Europa mostró que ya no es independiente, pues requiere del suministro ruso para cubrir sus necesidades energéticas. Mientras Europa -como el resto de los países industrializados- dice intentar reducir el consumo de hidrocarburos para enfrentar el cambio climático, lo que han hecho es sólo administrar el consumo y fortalecer su dependencia energética. El disminuir su dependencia del petróleo árabe los hizo ser aún más dependientes del petróleo y el gas rusos. La UE, sin una política energética común, tiene comprometido su futuro: aún debe reducir el uso de hidrocarburos y lograr un abastecimiento confiable. Si bien la generación eléctrica está casi resuelta (Alemania con energía solar y eólica, Dinamarca y España con la eólica y biomasa, Francia con energía nuclear, etc.), para el uso vehicular todos dependen del petróleo. Apenas están desarrollando biocombustibles que no compitan con la alimentación. Por eso, siguen sujetos a los países productores de petróleo y en especial a Rusia, la que aprovechó una ventaja comparativa que antes nunca tuvo. Georgia es importante para la UE no sólo porque mostró la actitud imperialista de Rusia, sino porque le abrió los ojos a su propia imprevisión estratégica. El mundo va a ser distinto a partir de este evento, aunque la actuación militar rusa haya sido decisiva. Los países que ahora perciben su relativa debilidad energética van a buscar cómo corregirla. De Australia a Zimbabwe, de Europa a China y de India a las Américas, los países van a diseñar políticas energéticas que les garanticen un futuro menos contingente. Cabe destacar que la actuación rusa tampoco logró el apoyo de sus antiguas repúblicas socialistas como Kazajstán, Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán, las que reunidas en Dushanbe, capital de esta última, se lo acaban de negar junto con China. Estos países, reunidos para una sesión de la Organización Shangai para la Cooperación, se negaron a aceptar los argumentos rusos pues son vecinos que tienen mucho que temer de Rusia. Tampoco encontró eco la declaración del expresidente Putin sobre que Georgia provocó a Rusia para beneficiar a un candidato a la presidencia de EU. Ni fue bien recibida ni fue tomada en serio. La mayoría de los países ha leído correctamente el mensaje de la intervención rusa en Georgia. alediaz@elsoldemexico.com.mx Columnas anteriores
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