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Opinión
![]() La décima potencia
Guillermo Chao Ebergenyi
Diputados faltistas
Organización Editorial Mexicana
26 de septiembre de 2007
Dijo la Cámara de Diputados, que al que falte le descontarán dos mil 300 pesos diarios. Muchas otras veces lo ha dicho y no lo cumple. Incluso, no tendría ni que decirlo, pues el reglamento interno lo previene; pero no está de más que lo advierta para que los faltistas se lo piensen. Hace algún tiempo, los diarios de OEM hicieron un recuento no sólo de faltas sino de quienes jamás habían hablado en tribuna. La lista de los parlamentarios que no parlamentaban resultó tan nutrida, que hubo que darle pase a las páginas interiores y robar algo de espacio a informaciones de otra naturaleza, pues ha de saberse que además de faltistas, muchos diputados mexicanos son de capacidades diferentes. Los hay, además de mudos, sordos y ciegos.
Hubo uno que gozaba fama de haber sido tres veces legislador y no haber subido jamás a la tribuna, lo que venía a ser una especie de récord mundial del parlamentario silente. Imagínese, pagarle durante nueve años para que no hablara era como pagarle a Marcel Marceau para que no actuara. Pero lo asombroso es que, sin actuar, el legislador dirigía. Por cosas de la política llegó a ser subcoordinador de su fracción parlamentaria, y cuando el titular se fue de candidato a una gubernatura, ascendió a coordinador. Desde su curul dirigía a las huestes tricolores, y él, que nunca había hablado, las guiaba sobre lo que deberían decir cuando les tocara turno. Más que representante popular, era una especie de apuntador, esos anónimos personajes que se ocultaban dentro de la "concha" del escenario para recordar a los actores los parlamentos que olvidan. Su carrera iba en ascenso hasta que al inicio de importante sesión lo agobió algo que después fue descrito como una "urgencia estomacal", que lo obligó a desahogarse en el escenario al que en realidad pertenecía. Y ahí estaba, en mitad de sus más sonoros exabruptos, cuando llegó el supremo momento del pase de lista y el pleno descubrió que faltaba un voto para completar el quórum. Nombróse una comisión legislativa para que lo enlistara, y llegada a los sanitarios, gritóle: ¡De la Pompa y Pompa Próculo!... ¡Prrr... senteee!, respondió el interpelado. Y si no, que lo dirima la rima. Ya sabe el parlamentario que por toda inasistencia además de en su conciencia le pesará en su salario, pues nombrarán un notario para que con persistencia de faltas haga inventario al que falte con frecuencia, y más al que falte a diario a pesar de la advertencia. Columnas anteriores
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