Morelos
Pero...
El Sol de Cuernavaca
2 de febrero de 2010

Guillermo Manón Cerrillo

Jojutla, Morelos.- Es necesario pensar bien, para hablar y escribir bien; pues el lenguaje escrito se construye y queda ahí impreso, evidente; "papelito habla" dice el refrán, en tanto que, "a las palabras, se las lleva el viento".

Aprender a hablar, a escribir y a leer, ha sido muy significativo en el largo proceso para convertirnos en humanos; no es posible adquirir un amplio vocabulario sin tener contacto con ideas y experiencias abundantes que dejen ideas en nuestra mente, recuerdos de personas, lugares y hechos como huellas de nuestra vida, de nuestro paso por el mundo.

En la edad infantil, identificamos y repetimos los nombres de lo que nos rodea, cosas, lugares, animales y personas, para pedir lo que necesitamos; el gran salto es aprender a decir qué sentimos; hambre, cansancio, sueño, coraje, amor.

Necesitamos aprender a decir nuestro gusto por el trato afectuoso que recibimos de los demás, por los alimentos y otros satisfactores que nos dan para vivir contentos.

De niños tenemos la necesidad y el deseo de ser felices, Pero... pronto, descubrimos que afuera o desde nuestro interior, la ira y el miedo nos amenazan también; como la muerte, como el demonio -o como Dios-, según la enseñanza que recibimos.

El aprendizaje para sentir, pensar, hablar, escribir y leer como humanos -uno y muchos a la vez-, ha sido arduo y constante; las diferentes condiciones de la vida en lugares y tiempos diversos, lo han condicionado, dando origen a las lenguas que se hablan en el planeta.

Se menciona a las antiguas lenguas Semíticas, familia de las que se originaron en Asia, África y Europa, y a las Camitas o Camíticas, procedentes de África como el egipcio, copto bereber y cusita; aludiendo a Cam y Sem, hijos de Noé, personajes de las leyendas bíblicas, y a los pueblos que las escribieron.

El Zigurat [santuario] construido por los mesopotámicos en Etemenanki el año 600 antes de Cristo, conocido posteriormente como la "Torre de Babel", ha sido símbolo de la diversidad lingüística en el mundo, por la pluralidad de las que hablaron, quienes llegaban a ofrendar y rendir culto a sus dioses en ese lugar.

Tal vez las dificultades para el entendimiento entre individuos y naciones no se deban a la diversidad de lenguas que hablamos, sino a los intereses distintos y aún a la necedad humana, Pero... no faltan bien intencionados que intentan proponer recursos y procedimientos en pro de la confraternidad y la paz; así, el polaco Ludwik Lejzer Zamenhof inventó, en el Siglo XIX, un lenguaje que llamó Esperanto; proponiendo su uso en todo el mundo.

Hace tiempo, alguno de mis maestros opinaba de manera personal, que el idioma inglés es el de los hombres de negocios en el mundo, el francés de científicos y diplomáticos, y el español de los grandes creadores literarios.

Su inventor propone al Esperanto como lengua útil para todos, porque según él estimularía la prosperidad y equidad económica en los negocios, la investigación y difusión de la ciencia, y el entendimiento que evite guerras y genocidio en el mundo.

Y no crea usted que lo han "tirado de a loco", algunos libros importantes como La Biblia y El Corán, se han publicado en ese lenguaje, aún cuando su uso no se ha generalizado; como don Ludwik y sus seguidores pretendan.

Pues quizá, los motivos para que una pareja -que habla un mismo lenguaje-, se niegue a ir al tálamo, coincidan con los de quienes se resisten a acudir a la mesa de negociaciones; para expresar nuestros mejores y peores sentimientos, los humanos preferimos la acción, a las palabras.

Hablando, escribiendo y leyendo encontramos la llave de todas las cajas de Pandora, en las que al último -como en la original-, sólo queda la esperanza; ese es uno de los mayores motivos para que nuestro lenguaje sea importante.

Pensar para hablar y escribir, es indispensable, decían mis maestras y maestros en la escuela de escritores del Instituto Morelense de las Artes.

Nadie produce, desde la primera escritura, una obra valiosa; es necesario dejarse arrebatar por la inspiración, Pero... debemos guardar lo que escribimos y revisarlo después, así descubriremos lo que realmente queremos decir. La disciplina supera siempre al genio.

Las obras de autoras y autores canónicos son, -como la imagen de un caleidoscopio-, algo bello, que cambia cada vez que lo vemos; las demás obras hacen el contingente donde caben hasta los libros de moda, que venden en farmacias, cafeterías y tiendas de auto servicio.

Pero... lo que escribimos en los periódicos, aunque tenga propósitos y mérito; es solamente como las hojas del árbol que caen a la tierra; humus donde -tal vez-, germinarán otras semillas.

gmagnoncerrillo@hotmail.com