Opinión / Columna
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Mario Núñez Mariel
Ahora, los aciertos del presidente Obama
Organización Editorial Mexicana
1 de febrero de 2010
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En la entrega anterior traté los errores del presidente Obama, porque éstos se acumularon y porque sus errores evidentes trajeron consigo su descenso en las encuestas como muestra del descontento de la sociedad civil estadunidense con su Presidente. Sin embargo, dejamos la puerta abierta a la reparación de daños al sentenciar que todavía faltaba ver qué decía y hacia el Presidente ante su propio infortunio. Pero ya quedó claro: Barack Obama no se quedará quieto. Si bien le dolía al Presidente el revés en la elección de Massachusetts, no estaba dispuesto a dejar de lado su proyecto de reformas. Ahora Obama pasaba a la ofensiva. El miércoles 27 de enero, con su informe sobre el estado de la Unión, el mandatario estadunidense refrendó su capacidad combativa y expuso sus motivos para seguir adelante como un Presidente progresista sin temor al qué dirán. Su mensaje principal fue el de: "¡I don't quit!" (¡Yo no me rajo! Diríamos en tierra mexicana).
Sabíamos que Obama era capaz de reaccionar ante la adversidad hasta convertir la derrota en camino hacia la victoria. Y de nueva cuenta sacó la pata de donde la tenía metida y como acierto de consideración enfrentó a sus adversarios dejando sentir la fuerza de su presidencia, su calidad de liderazgo y la claridad de sus ideas sobre la marcha del país. Sus adversarios republicanos recibieron el tiroteo muy sentaditos y muy calladitos; parecían los niños riquillos de la clase enojados con su director porque los estaba regañando por su arrogancia prepotente y su estupidez recurrente. Y los profesionales de los golpes bajos no tuvieron la fuerza de lanzar sus huevos podridos al brillante expositor Obama, que a los ojos les dijo que ya bastaba de bajezas, ruindad y mezquindades.
Al mismo tiempo, Obama les dejó sentir a los legisladores demócratas que ya no podían seguir de culebras miedosas sin combatir por sus convicciones y sin apoyar a su Presidente. En términos textuales les dijo: "... les recuerdo que seguimos teniendo la más amplia mayoría en décadas, y que la gente está esperando que resolvamos sus problemas y no que salgamos corriendo hacia los cerros." Y a demócratas y republicanos los conminó a que ya dejarán de lado los viejos pleitos de verduleras que han dividido al país y paralizado el esfuerzo legislativo (en ocasiones parecía como si le estuviera hablando a los legisladores mexicanos).
Después, el presidente Obama tuvo a bien rediseñar su estrategia de gobierno. La creación de empleos pasó a primer plano, aún si no queda claro como será esa regeneración de trabajos en las condiciones de un capitalismo tardío que castiga de modo estructural la inversión de riesgo y favorece la inversión especulativa. En segundo término quedó la necesidad de imponer la regulación financiera. Después vienen los recortes presupuestarios, para reducir los déficit de cuanta corriente y comercial que ya alcanzaron dimensiones inmanejables, aunque tampoco queda claro cómo va a librarse el país de adeudos de esas dimensiones. Además, volvió a plantear Obama la necesidad de aprobar la reforma de salud.
En el plano internacional, el Presidente refrendó, con el arrojo al que ya empieza a acostumbrarnos, su decisión de retirarse de Irak este mismo año. No obstante, la guerra continuará en Afganistán, por más que ahí también señaló el 2011 como año tentativo de salida. Aunque en este último caso el arrojo se antoja temerario. Sin embargo, lo más preocupante para México fue el modo de plantear de pasadita el problema migratorio. Ciertamente no era el mejor momento para proponer otra reforma de carácter explosivo. Pero no les extrañe que la comunidad de más de doce millones de indocumentados salte otra vez, como en el 2006, si no se atiende su necesidad de regularizarlos.
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