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Morelos
Pero...
El Sol de Cuernavaca
6 de noviembre de 2009
Guillermo Mañón Cerrillo
Jojutla, Morelos.- Intentamos olvidar que morimos mientras estamos viviendo, no pensar en qué tan muertos estamos cada día. Qué tan olvidados de nosotros mismos, qué tan lejos de los demás, de los que también están muriendo. Qué queda de nuestros sueños, ¿por qué ya no tenemos ilusiones? ¿Por qué nuestras ideas, antes frescas, luminosas, recién nacidas, están ahora prisioneras entre esos libros, alineados en un orden inmutable, perfecto? Nuestros días sometidos a horarios, llenos de compromisos, de citas con nadie y para nada. ¿Por qué vivimos con nuestras caras rígidas, como máscaras, disfrazados de todo? ¿Qué intentamos ocultar detrás de esos disfraces, de esas actitudes que a nadie convencen, ni engañan. Ni a nosotros? Ahora que ya no somos los personajes de nuestros sueños, de aquellos que soñamos en nuestros días pasados, ¿qué somos ahora, quiénes somos? ¿Qué se está disgregando, desmoronando, dispersando en nuestras vidas? ¿Por qué insistimos en andar por caminos que sólo llevan a ruinas olvidadas, qué buscamos en los laberintos de nuestra memoria habitados por extraños, por ideas que me amenazan y me aterran? ¿Acaso estoy, como dice mi Maestro, a las puertas de la locura y de la muerte? Pero... ¿Cómo saber qué es la muerte si la vida misma es extraña, si no hemos entendido tantas cosas? Desde donde el viento hace silbar las cañas con sus espigas secas y las sombras juegan bajo las ramas torcidas de los árboles azotados por las tormentas; se ve la dispersión del mundo hacia los puntos cardinales; por donde nuestros pies siguen los caminos de las búsquedas, las fugas y los olvidos. Algo de las primeras luces de cada día, se queda en nuestros ojos mientras la esperanza nos alienta para seguir andando, y cuando descansamos junto a la hoguera, nos hipnotizan la violencia crepitante del fuego en plenitud, o la danza lenta y sosegada de las últimas llamas que invitan al descanso. Túmulos abandonados, vestigios socavados, olvidos donde han arraigado todas las plantas que alimentan y cobijan; generaciones que lucen su lozanía y sus colores para volverse humus, légamo, donde las labranzas humanas ofrecen sus cosechas. Arcillas purificadas por el fuego, recipientes de ofrendas, escudillas, jarros, tinajas, zacuales, bateas, trojes, edificaciones humanas, templos, fortalezas, barricadas, jacales, cacharros, tepalcates, y otra vez, lo mismo... tierra para cumplir los ciclos de la vida. Tierra para la escarda y la siega de la muerte, para los jardines del mundo, para las arenas de los desiertos y las playas, para las rocas y los abismos de los montes, para las cumbres y las llanuras. Donde todo empieza con un llanto desvalido, un chillido, un grito, y acaba en un gemido, un lamento, una exhalación. Alas, garras, colmillos, astucia, crueldad, inocencia, estupor, todos nacimos dotados para este sueño, para este instante en el que todo pasa, ante nuestra mirada estupefacta. Solamente es un instante, no dura más; es a veces un dolor prolongado, una alegría fugaz, una mirada que lo contempla todo y después, el olvido. Olvidos que vagan y regresan, vacíos, caminar en círculo para volver ¿a dónde? ¿Qué puede ser más importante que lo que está ocurriendo ante mis ojos, en este instante? ¿Qué puede ser más importante que mi sangre, o mi sabia circulando, llenándome de vida, haciendo que funcionen mi corazón y mi cerebro; empujándome, obligándome a oír, a darme cuenta de que estoy aquí, en este sitio?. No sé quien vendrá después, a ver lo mismo que he visto con mis ojos, ni qué sentirá cuando contemple el mundo que yo he visto, las distancias, las orillas donde el agua y la tierra se separan o se juntan. A ver cómo, entre la hojarasca se incuban y pululan los insectos para arrasarlo todo, en medio de ese olor a humedades que preservan el sueño de la vida. Sombras, oscuridades que reptan, como el agua, como la noche que vendrá a llevarnos a donde todo empieza. Quiero cerrar los ojos y escuchar, como cuando estaba en el vientre, ese océano lustral, puerto de mi partida, sitio de mi encuentro. Ese milagro repetido. Tantas veces soñado y olvidado. gmagnoncerrillo@hotmail.com |
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