Opinión / Columna
 
Mario Núñez Mariel 
Obama bajo el chantaje de sus generales
Organización Editorial Mexicana
26 de octubre de 2009

  Por vocación y principios el presidente Barack Obama quisiera ayudar a desarticular su propio imperio para dar paso a un mundo multipolar. Pero cabe preguntarse: ¿Cuáles son las debilidades del Presidente y cuáles sus ventajas para oponerse a las viejas fuerzas imperiales de Estados Unidos? Durante los primeros nueve meses de su Presidencia todo parecía favorecer las tendencias hacia la desaparición del último de los imperios. Sin embargo, los periodistas nos preguntábamos dónde habían quedado las fuerzas negras del complejo industrial, militar y financiero que habían empujado a George W. Bush a las guerras en Afganistán e Irak.

Parecía que los halcones habían desaparecido después de la aparatosa derrota electoral de los republicanos en noviembre del año pasado, aunque suponíamos que andaban conspirando para diseñar su programa de regreso al escenario con vista a la recuperación del poder en el 2012. Además la privatización de una parte considerable de las guerras en Irak y Afganistán eran y siguen representando negocios gigantes como para abandonarlos sin dar la pelea contra el pacifismo manifiesto de Obama.

Después durante los debates sobre la reforma del sistema de Salud vimos cómo las farmacéuticas y las aseguradoras se habían aliado con la derecha y la extrema derecha -financiándolas- para provocar una disrupción del proceso legislativo de reforma. Al mismo tiempo, de modo por demás sospechoso, los republicanos apoyaban a Obama en un solo tema: la posible escalada en la guerra en Afganistán mandando más tropas, equipo y recursos financieros para sostener al régimen títere, corrupto y fraudulento de Hamid Karzai.

Después filtrarían al "Washington Post" un informe confidencial del general Stanley McChrystal, quien funge como el responsable de las operaciones en Afganistán, en el cual se señala que si no se envían refuerzos militares en escalada a ese país el riesgo de derrota es inminente: el chantaje no podía ser más brutal. Como confirmación, aparecería en la prensa más tarde que atrás de la jugada de McChrystal se encontraba el general David Petraeus, quien ahora encabeza el Comando Central y pretende ser candidato a la Presidencia por los republicanos en el 2012.

Y detrás de Petraeus tenemos a todo el aparato del famoso complejo industrial, militar y financiero que realizó cuantiosos negocios en Irak. Ahora los mercaderes de la guerra de ese complejo buscan un escenario bélico de repuesto para continuar su tren de negocios: se proponen hacer de Afganistán un nuevo Vietnam. Con lo cual "matarían varios pájaros con la misma pedrada". Por un lado los negocios bélicos crecerían de nuevo; por el otro el presidente Obama se empantanaría en una guerra sin salida; y en ese conflicto entre montañas inexpugnables el carismático presidente afroamericano perdería la posibilidad de ser reelecto en el 2012.

El Pentágono amenaza al Presidente de hacerle la vida pesada si no se cumplen sus deseos de llevar la guerra en Afganistán a la confrontación sin límites de tiempo, hombres y recursos. Por tanto al presidente Obama no le quedan más que dos salidas excluyentes: O cae ante el chantaje del Pentágono para evitar la rebelión de sus generales cediendo terreno ante los republicanos más virulentos. O bien, se apoya en sus verdaderos aliados que son la mayoría de los estadunidenses que votaron por él y demuestra ante la nación quién es el comandante en jefe; despide de inmediato a los generales David Petraeus y Stanley McChrystal; y se concentra en su propia estrategia de contención del terrorismo sin llegar a la escalada sin fin de una guerra condenada al fracaso. El presidente Barack Obama tiene que "mandar al diablo" a los generales antes de que los generales manden al diablo al Presidente.
 
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