Opinión / Columna
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Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Carlos V; * El emperador * El poder y la política
El Sol de México
17 de mayo de 2009
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Todavía ella no había enloquecido, era la archiduquesa Juana y durante la celebración de un baile en el Palacio Casa del Príncipe de Gante, Flandes, Bélgica, comenzó a sentir fuertes dolores en el vientre.
Creyendo que se debían a una mala digestión, Juana acudió al retrete en el palacio real de Prinezhof y allí, sin ayuda de nadie, parió a su segundo hijo a las 3:30 de la madrugada del martes 24 de febrero de 1500.
El engendro llegaría a ser el emperador Carlos I de España y V de Alemania.
Las crónicas de aquellos tiempos consignan que esta confusión, entre la indigestión de las embarazadas y el parto en los excusados, era cosa común entre las nobles damas.
"Esta negativa a aceptar el embarazo, atribuyéndolo a males de la panza, como hinchazón y otros malestares, era promovida por los médicos cuyo criterio profesional en esos tiempos se sometía a los designios del monarca que andaba en búsqueda de un primogénito varón que le sucediese y, como de su diagnóstico acertado dependía su cabeza, los galenos aguardaban que las cosas sucediesen por sí mismas y así su intervención profesional quedaba a salvo por una confusión al acontecer los eventos", escribe el historiador inglés Samuel Gibbson.
* Un nacimiento deseado
El engendro así parido era hijo de Felipe "El Hermoso", hijo él de Maximiliano de Austria y María de Borgoña. Juana de Austria, la madre, era una de las hijas de los reyes católicos, Fernando e Isabel, y que tras la muerte de su esposo "El Hermoso", enloquecería por amor. La locura de amor, desde entonces.
"El tan deseado y propicio nacimiento del ilustrísimo infante Carlos de Austria, en el momento de su bautizo, el 7 de marzo, dio lugar a grandes festejos, ya que era el primer heredero varón de la familia de príncipes de los Países Bajos", informa un libelo impreso aquellos días en Valenciennes, el día del bautizo de Carlos.
* El monarca
Rey de España y Nápoles y emperador de Alemania, consagrado como sacro emperador romano, encabezó la lucha contra la reforma religiosa propugnada por Martín Lutero y extendió el dominio de España, comenzando con la conquista del Nuevo Mundo.
La vida de Carlos V no tuvo instantes de reposo: hábil estadista, denodado guerrero, astuto y ambicioso, logró constituir bajo su centro un imperio universal.
Para ello pasó toda su vida haciendo la guerra, viajó a todas partes y encabezó sus ejércitos.
Poseía voluntad de hierro y extraordinaria resistencia física, la que obligaba a los comandantes de sus ejércitos y a sus soldados seguirle hasta el límite de sus fuerzas.
Un día, fatigado de sus incesantes luchas, abdicó y entregó el trono de España a su hijo Felipe II, y al año siguiente puso en poder de su hermano Fernando la corona de Alemania.
Luego se retiró al monasterio de Yuste.
Carlos I y Carlos V durante toda su vida fue presa de la depresión, y de ella sólo lo salvaba su enorme energía y la ansiosa búsqueda y consolidación del poder.
* Isabel de Portugal y sus otras mujeres
Carlos no era muy alto y sí bien proporcionado. La frente espaciosa, la mirada penetrante, la nariz aguileña muy pronunciada y un tan evidente prognatismo, que el embajador de Venecia, Gasparo Contarini, lo comenta en un escrito: "Ninguna parte de su cuerpo es criticable, sino la mandíbula, que parece postiza y le obliga a llevar siempre la boca abierta".
Esta desproporción decidió a Carlos dejarse crece una barba ancha y corta, y así el prognatismo quedó disimulado.
Así, ya con su barba, Carlos se casa con Isabel de Portugal, su prima hermana, el 12 de abril de 1526.
Lo hace por compromiso y "no tan entusiasta", ya que Carlos "había sido pretendido para marido por casi todas las princesas, solteras o viudas que había en Europa".
Antes de casarse con su prima hermana Isabel de Portugal, cuando él tenía 21 años y habiendo sido ya proclamado emperador y se hallaba en Flandes, conoció a una hermosa dama llamada Margarita Van Gest, hija de los nobles flamencos Juan Van Gest y María Vander.
El emperador y Margarita hicieron las cosas que se hacen y engendraron una niña, a la que nombraron Margarita.
La niña fue reconocida por Carlos y luego se la ha nombrado históricamente con el dinástico apelativo de Austria, quien casó dos veces, llegó a ser gobernadora de los Países Bajos y parió al que luego habría de ser el caudillo Alejandro Farnesio.
Siendo viudo Carlos, años después, y hallándose otra vez en Flandes, se hizo amante de Bárbara Blomberg, una sensual chica que le dio un hijo: el gran duque Juan de Austria, de trágico final.
Con su prima hermana Isabel procreó tres hijos y, cuando ella iba a parir el cuarto, éste alumbramiento se adelantó.
Siempre habían sido difíciles los partos de Isabel y éste le costó la vida.
Lo ocurrido entre su fallecimiento, la mañana del primero de mayo de 1539, y sus funerales en Granada son hechos ya legendarios. Lo que consta, además, es que el emperador ni siquiera quiso verla muerta "para conservar siempre el recuerdo del rostro amable y bellísimo de mi esposa viva".
* El encuentro con Lutero
Carlos V tiene 21 años de edad y apenas ha ingresado a su vida de soberano. El año anterior, el 23 de octubre de 1520, ha sido coronado en la basílica-catedral de Aix-la-Chapelle.
El 16 de abril de 1521, Martín Lutero, a quien el ya emperador le ha enviado una carta para que se presente ante la Dieta de Worms y le ha otorgado un salvoconducto, llega a la ciudad para comparecer ante la asamblea y al día siguiente se presenta ante la Dieta y solicita un día para reflexionar, cosa que se le concede.
El 18, puntualmente, Lutero "se halla frente al trono del emperador, solo, sin siquiera saber cómo moverse dignamente, porque nunca había hablado con príncipes y soberanos".
Carlos, el jefe secular de la cristiandad, está impasible, silencioso y escrutador, y los siete príncipes electores y los bancos de los otros órdenes del imperio totalmente colmados.
Los ausentes eran los pontífices, en "señal de desdeñosa protesta".
Lutero nada más se inclina ante el emperador y pronuncia un largo discurso en latín y luego en alemán ante los miembros del Reichstag.
Terminada su exposición se le pregunta: "¿Se retracta, sí o no?".
"No", responde Lutero, "a menos que se me convenza con testimonios extraídos de las Escrituras o con una razón evidente, ya que no creo ni en el Papa ni en el Concilio. Es una constante evidencia que éstos han errado demasiado a menudo y se han contradicho recíprocamente. Yo estoy ligado por los testigos que tengo conmigo. Mi conciencia es prisionera de la palabra de Dios. No puedo revocar nada, ya que no se actúa sin peligro, ni es honesto actuar contra la propia conciencia. Que Dios me ayude. ¡Amén!".
Entonces, Carlos V confía a alguien: "No es éste quien hará de mí un hereje".
En los hechos, el emperador no ha podido comprender el discurso dicho en latín y en alemán porque no conoce ninguna de las dos lenguas, y además está cansado, "pero también emocionado" y pide que el discurso le sea traducido al alemán, cosa que Lutero hace. Tras de que Lutero no se retracta, al día siguiente Carlos V redacta personalmente una larga declaración en francés que de inmediato es traducida a alemán y en la cual afirma estar decidido a permanecer fiel a todo cuanto ha sido decidido en el Concilio de Constanza.
El resultado: el 26 de mayo, ante una Dieta reducida a pocos hombres, Lutero es excomulgado y desterrado del imperio y Carlos V retorna a los Países Bajos, pues ya ha comenzado la guerra con Francisco I en Navarra.
* El encuentro con Cortés
Hernán Cortés le escribió una carta a Carlos V donde le decía: "Vuestra majestad puede titularse emperador de Nueva España, con no menos derecho y beneficios del que le viene de su título de emperador de Alemania".
Carlos no conoce a Hernán, recibe la misiva y se congratula del comentario del conquistador y, cuando éste regresa a España en 1528, para responder a las acusaciones en su contra, Carlos lo recibe en triunfo y al año siguiente le otorga el título de marqués del Valle de Oaxaca, capitán general de la Nueva España y costa del sur, aunque sin ninguna atribución política ni gubernamental.
Cortés prosigue sus andanzas hasta que en definitiva regresa a España en 1539 y, como desea recuperar el favor del emperador, sigue a éste en su expedición a Argel.
La flota naufraga, Cortés pierde casi todos sus bienes, se salva y regresa a la corte de Carlos para durante seis años ahí languidecer, aguardando que le sean reconocidos sus servicios y sus reclamaciones sean satisfechas.
Carlos no lo recibe y Cortés, decepcionado, se retira a su finca en Sevilla, donde fallece solo y triste.
* Abdica a los tronos
El 16 de enero de 1556, Carlos renuncia a los reinos de Castilla y Aragón y a todas las provincias dependientes de éstos, y entrega la corona de España a su hijo Felipe II, y al año siguiente pone en manos de su hermano Fernando la de Alemania.
Y sigue siendo emperador hasta el 28 de febrero de 1558.
Así sus abdicaciones, el 17 de septiembre de 1558 se embarca, en Flandes, "a bordo de una nave lujosa", rumbo a Laredo.
En España nadie lo esperaba, ni a él ni a sus hermanas Eleonora y María, que decidieron acompañarlo.
Durante algunos días, a causa de sus sirvientes que sufrían las consecuencias del viaje y de la llegada de algunas naves suyas a Santander y Laredo, Carlos se encontró con algunas dificultades: falta de servidumbre, médicos, emisarios y el sacerdote para decir misa todas las mañanas en su presencia.
"He perdido el poder y las ratas abandonan el barco", comentó.
En Burgos, a donde llegó el 13 de octubre, "todas las campanas de la ciudad fueron echadas a vuelo" y él comentó: "Las ratas están prestas para alimentarse de mis despojos y lo anuncian a campanazos".
* Encuentro con su hija y su nieto
En Burgos, su nieto don Carlos se encuentra con él y este encuentro lo describe así: "Me sentí de pronto desilusionado por este nieto no del todo normal y maleducado por añadidura".
Don Carlos era hijo de Felipe II y de su primera esposa, su prima María de Portugal.
Luego, don Carlos se volverá loco porque su padre Felipe se casa con la adolescente Isabel de Valois, de la cual se ha enamorado y conspira contra su padre, es detenido y procesado y encerrado en sus aposentos. Trasladado al Castillo de Arévalo, muere de inanición y en total delirio.
En el momento del encuentro entre el emperador con su nieto, la fatal herencia que lo domina apenas hace su aparición.
Don Carlos, que todavía no es príncipe de Asturias, le hace preguntas a su abuelo y éste responde narrándole sus guerras, su fuga de Innsbruck, etcétera. El nieto, altivo y desencajado, comenta: "Ni en aquellas circunstancias yo hubiera huido".
El abuelo no hace ningún comentario al dicho por aquel niño nieto suyo.
El emperador, ya sin coronas, fallece en su retiro en el Monasterio de Yuste el 21 de septiembre de 1558.
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