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Opinión
![]() Federico Osorio Altuzar
La verdad de la política o la política de la verdad
El Sol de Cuernavaca
12 de mayo de 2009
Sin darnos cuenta, los mexicanos hemos vivido atrapados últimamente en las movedizas arenas de la política del "como si". Desde el pasado 23 de abril, hemos sido destinatarios de impresiones contrarias y contradictorias entre sí, relacionadas con la crisis sanitaria.
Hemos afrontado el infortunio como una adaptación de algo fantástico, insólito e inaudito a lo tangible y lo real. La información comenzó siendo confusa; a la fecha es difusa y profusa por añadidura. Temible epidemia al principio, pronto pasó a ser, desde el punto de vista noticioso, pavorosa pandemia mundial. Para muchos, cada día es como si fuera el último. No basta el día su afán. La zozobra a causa del golpeteo mediático invade las 24 horas del día, de principio a fin. El sueño ha dejado de ser reparador y lo sustituye el sobresalto pertinaz. La ficción en torno a lo calamitoso se sobrepone, fijando reglas hasta ahora desconocidas o de imposible aplicación en la experiencia cotidiana. En esta sensación del "como si", invención filosófica de Vaihinger, la ficción ocupa el lugar de una operación similar al empleo del papel moneda: facilitar los cambios, en sustitución de pesadas mercancías (E. Brehier, "Historia de la Filosofía", t. III, p. 629-630, Ed. Sudamericana, 1962). Así, considerando la experiencia "como si" estuviese compuesta de átomos, la curva "como si" estuviese hecha de líneas rectas infinitamente pequeñas, me resulta más fácil dirigirme en la experiencia. Sin embargo, prosigue, no es posible suavizar la realidad cuando es "de hierro"; entonces, no hay más que plegarse a ella. Crisis sanitaria para los técnicos (biólogos y epidemiólogos); influenza porcina para el común de los mortales, epidemia y pandemia en el lenguaje de políticos, manipuladores y profesionales de la tergiversación, el aludido mal planetario tiene lecturas y usos disímbolos, antitéticos y opuestos entre sí. Estos protagonistas son, asimismo, ecuménicos, de procedencia nacional e internacional. Pero el virus de la enfermedad viene acompañado, como si hiciese falta, por la bacteria de la incredulidad o desconfianza, del descrédito o la descalificación. El cuento del niño y el lobo revive con su intencionalidad didáctica y su dejo de inverisimilitud. En medio del alud de afirmaciones y negaciones, de verdades a medias y ostensibles equivocaciones y rectificaciones, crece y se multiplica el número de los descreídos, de los desconfiados y propaladores de la desinformación. Pierde certeza el concepto "prevención" en labios de administradores públicos, al frente el responsable de la salud pública en el país, y carece de legitimidad en el lenguaje de médicos y paramédicos. Se impone la verdad de la política sobre el precepto de la política de la verdad, por encima de todo. Mientras tanto la política del "como si" se convierte en mentira propagandística en manos del gobierno, cuyos voceros piden a la población vivir "como si" fuésemos un país en plenitud de recuperación sanitaria, económica, laboral y en asuntos de seguridad ciudadana. "Como si" no importara la bancarrota del neoliberalismo en auge desde los 90´s, y no contara el derrumbe del empleo, la pobreza convertida en miseria y la ignorancia en contagioso mal, y "como si" no fuesen suficientes los fracasos de los políticos en turno, se nos pide el voto de la legitimación, el refrendo del sufragio a favor del conservadurismo cuya inexperiencia en el arte de gobernar cuesta a la nación tanto o más que todas las crisis sanitarias habidas y por haber. Lo mismo, en cuantía a la sociedad internacional, el saldo negro por la estruendosa caída del modelo imperialista de los Bush, del militarismo desde el Pentágono, la CIA, y de los aliados de la autocracia abanderada por el Partido Republicano de los predecesores de Barack Obama en la Casa Blanca. Columnas anteriores
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