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Opinión
![]() Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Guillermo Prieto; Periodista, salvó la vida del presidente Juárez
El Sol de México
10 de mayo de 2009
"La prensa es el freno para sujetar las demasías de los gobernantes y poderosos, el apoyo más firme de la libertad y el médico más eficaz de difundir conocimientos y popularizar la instrucción".
G.P. José Guillermo Ramón Antonio Agustín Prieto Pradillo nació en la Ciudad de México el 10 de febrero de 1818 y murió en Tacubaya, el 2 de marzo de 1897. Cuando tenía 13 años de edad falleció su padre, José María Prieto Gamboa, administrador del Molino y la panadería del Rey, a un lado del Bosque de Chapultepec y que hoy está integrado a la residencia oficial de Los Pinos, quedando al cuidado de su madre Josefa Pradillo y Estañol. Meses después de la muerte de su marido, Josefa perdió la razón y el adolescente entró a trabajar como dependiente en una tienda de ropa. Todos los fines de semana visitaba a su madre en el psiquiátrico de La Castañeda y de aquella triste y dolorosa experiencia escribió un relato político, trasladando a los próceres los comportamientos de los locos del manicomio. La guerra civil, "un gigantesco manicomio, sin muros que contengan a los dementes". * Protegido de Quintana Roo Andrés Quintana Roo, que era en los años 30 secretario de Justicia, le dio empleo como meritorio en la Aduana y así pudo ingresar al Colegio de San Juan de Letrán. Al lado de Manuel Tossiat Ferrer y José María y Juan Lacunza, participó en la fundación de la Academia de Letrán, en 1836, dirigida por Quintana Roo, "a la que se debe la tendencia decidida a mexicanizar la literatura", escribió. * Secretario particular del presidente Gómez Farías Valentín Gómez Farías era presidente interino en sustitución de Antonio López de Santa Anna, pues era vicepresidente de la República y fue presidente interino en cuatro ocasiones. Afrontó las actividades sediciosas del clero y los centralistas, así como la epidemia de cólera de 1833 que causó por decenas de miles. En ese año, Prieto era su secretario particular. * Narra la epidemia de cólera En sus "Memorias de mis tiempos", publicadas en 1854, Prieto describe los efectos del cólera morbus en la Ciudad de México: "Era un año horriblemente memorable del cólera morbo, lo que dejó una terrible impresión en mi espíritu. Las calles de la ciudad silenciosas y desiertas en las que resonaban a distancia los pasos precipitados de alguno que corría en pos de auxilios: las banderolas amarillas, negras y blancas que servían de aviso a la enfermedad, de médicos, sacerdotes y casas de caridad; las boticas apretadas de gente; los templos con las puertas abiertas de par en par con mil luces en los altares, la gente arrodillada con los brazos en cruz y derramando lágrimas. A gran distancia el chirrido lúgubre de carros que atravesaban llenos de cadáveres. Todo se reproduce hoy en mi memoria y me hace estremecer. ¡De cuántas escenas desgarradoras fui testigo! Aún recuerdo haber penetrado en una casa por el entonces barrio de la Lagunilla, que tendría como 30 cuartos todos vacíos, con las puertas que abría y cerraba el viento, abandonados los muebles y los trastos. Espantosa soledad y silencio, como si se hubiese encomendado su custodia al terror de la muerte". * El periodista Inició su carrera periodística como redactor de El Cosmopolita, en 1835, y en el Diario Oficial. Colaboró en La Lima de Vulcano, un año después, y El Recreo de las Familias, y en El Siglo Diez y Nueve como crítico teatral, publicando la columna "Los San Lunes de Fidel", seudónimo que adoptaría para muchos de sus escritos. También en El Monitor Republicano. En 1845 fundó con Ignacio Ramírez "El Nigromante", cuyo seudónimo le quedó después como sobrenombre, el periódico satírico Don Simplicio. Al inicio de la intervención francesa publicó los órganos satíricos El Monarca, en 1862, y La Chinaca, y fue director del Diario Oficial y redactor de El Globo, El Porvenir y El Semanario Ilustrado, así como de diversas revistas. * El escritor Su primera obra literaria fue "El alférez", obra teatral estrenada en 1840, a la que siguieron, como dramaturgo, "Alonso de Ávila" y "el capricho dramático", "El susto de Pinganillas". Otras obras para el escenario teatral fueron "A mi padre", "Patria y honra" y "La novia del erario". Poeta, "La musa callejera", con la cual emprende la rehabilitación del folclore mexicano, y luego describe los acontecimientos populares, políticos, sociales y religiosos de sus tiempos. Cuando en 1890 el periódico La República convocó a un concurso para determinar quién era el poeta más popular, el escrutinio favoreció a Prieto, acumulando más votos que sus dos más cercanos oponentes, Salvador Díaz Mirón y Juan de Dios Peza. Altamirano lo declaró: "El poeta mexicano por excelencia, el poeta de la patria". * Funcionario público Fue ministro de Hacienda -"cuidaba el pan del pobre"- en el gabinete del general presidente Mariano Arista los años 1852 a 1853. Un año después se adhirió al Plan de Ayutla, proclamado el primero de marzo de 1854 en Ayutla de los Libres, Guerrero, por el coronel Florencio Villarreal y fue su impulsor el general Juan Álvarez. En el Plan se declaraba que cesaban en el ejercicio del poder público Santa Anna y "los demás funcionarios que hubiesen desmerecido la confianza de los pueblos". El triunfo del Plan dio lugar al Congreso Constituyente de 1856, que promulgó la Constitución de 1857. Prieto fue uno de aquellos legisladores que participaron en el constituyente. Tornó desempeñar la misma cartera -"limpiaba el tesoro de sombras y mamotretos"- en el gobierno del presidente Juan Álvarez durante los meses de octubre a diciembre de 1855. Y, por tercera vez, del año de 1858 a principios de 1859 estuvo al frente del Ministerio de Hacienda, en el gobierno de Juárez, a quien acompañó en su huida, después del pronunciamiento del general Félix Zuloaga y en esas fue que en Guadalajara salvó la vida del presidente Juárez. * Los conspiradores El 12 de marzo de 1857, al saberse la noticia del resultado de la batalla entre las fuerzas liberales y conservadoras, y que éstas resultaron victoriosas, en Guadalajara cobró mayor fuerza la conspiración que dirigían el canónigo Rafael Homobono Tovar y fray Joaquín de San Alberto, y cuyo brazo armado ejecutor fue el coronel Antonio Landa, quien había quedado en la plaza al mando de 200 soldados. Juárez le dijo a Prieto: "Guillermo, nuestro gallo ha perdido una pluma". El día 13 se apoderaron de Palacio, donde tenía sus habitaciones el presidente Juárez, e hicieron prisionero a éste y a sus ministros. * El asalto a Palacio En esas, algunas fuerzas de la Guardia Nacional, encabezadas por Miguel Contreras Medellín, Rafael Jiménez Castro y Miguel Cruz Aedo, rompieron fuego contra los asaltantes a las 11 de la mañana, desde las alturas del templo de San Agustín. El tiroteo duró hasta las nueve de la mañana del día siguiente, en que se tocó parlamento para convenir con Camarena los términos de un arreglo que preservara la vida de Juárez. El presidente era constantemente hostilizado por la tropa y a menudo amenazado de muerte. Hubo incluso uno de los amotinados que se divertía disparándole a Juárez cuando éste pasaba frente a una ventana. "No le tiraba a dar, sólo amedrentarlo", escribe Prieto. * Fusilar al presidente Estaba llevándose a cabo la conferencia con el representante del coronel Landa, cuando Cruz Aedo, al frente de 30 voluntarios, intentó asaltar Palacio y fue rechazado. Este hecho "exasperó" a Filomeno Bravo, teniente que mandaba la guardia, quien dio la orden de fusilar al presidente Juárez y a sus ministros. * Prieto narra los hechos "Estaba encerrado en una pequeña habitación, preparando un Manifiesto para el presidente. Privado de luz y libertad, las tinieblas en las que estaba hundido exageraban en mi mente lo que acontecía. "Me acerqué a los cabecillas, reconocibles de lejos por un cura desaforado que los arengaba, interrumpí la arenga, y pedí el derecho de compartir la suerte del presidente. Entonces uno de los amotinados me dio una bofetada que me tiró al suelo y me desmayé; al reincorporarme, me encontré con mis compañeros. "Juárez, al mirar la ofensa que se me hizo, se conmovió también muy impresionado, porque me honraba con tierno cariño. "Perdí la noción del tiempo en medio de aquel salón porque se había anunciado que nos fusilarían. Conté a los amotinados y llegaban a 80. "En otra pequeña pieza estaba pletórica también de compañeros que se habían refugiado en la penumbra. Algunos como Melchor Ocampo escribían sus disposiciones. El señor Juárez se paseaba silencioso, con inverosímil tranquilidad; yo salí a la puerta a ver lo que ocurría. "En aquel torbellino de impresiones, una voz tremenda salida de una cara que desapareció como una visión, dijo en la puerta del salón: ¡Vienen a fusilarnos! Los presos se refugiaron en el cuarto en el que estaba el señor Juárez. Unos se arrimaron a las paredes, los otros como que pretendían parapetarse en las puertas y en las mesas. "El señor Juárez avanzó hasta la puerta, yo estaba a su espalda. Los soldados entraron al salón arrollando todo. Aquella terrible columna, con sus armas cargadas, hizo alto frente a la puerta del cuarto y, sin esperar más y sin saber quién daba las voces del mando, oímos distintamente: ¡Al hombro! ¡Preparen! ¡Apunten! "Y luego... Luego todos sabían quién era Juárez. Como tengo dicho, el señor Juárez estaba en la puerta del cuarto; a la voz de apunten se asió al pestillo de la puerta, hizo atrás su cabeza y esperó. "Los rostros de los soldados, su ademán, la conmoción misma, lo que yo amaba a Juárez... yo no sé, se apoderó de mí algo de vértigo, cosa de que me pude dar cuenta. Rápido como el pensamiento, tomé al señor Juárez de la ropa, le puse mi espalda, le cubrí de mi cuerpo, abrí los brazos y ahogando la voz de ¡fuego! que tronaba en esos momentos, grité: ¡Levanten esas armas! ¡Los valientes no asesinan! "Y hablé, hablé, hablé, yo no sé qué. Yo no sé qué hablaba en mí que me ponía alto y poderoso; veía, entre una nube de sangre, pequeño todo lo que me rodeaba, sentía que lo subyugaba, que desbarataba el peligro, que lo tenía a mis pies... "A medida que mi voz sonaba, la actitud de los soldados cambiaba. Un viejo de barbas canas que tenía enfrente y con quien me encaré diciéndole: ¿Quieren sangre? ¡Bébanse la mía!, bajó el fusil. Los otros lo mismo. Entonces vitoreé a Jalisco. Los soldados lloraban, protestando que no nos matarían y así se retiraron como por encanto. "Juárez se abrazó de mí. Mis compañeros me rodeaban llamándome su salvador y salvador de la Reforma. Mi corazón estalló en una tempestad de lágrimas". * Últimos años Prieto escribió y mucho. Sus "Memorias" son de esencial lectura para quien quiera comprender la marcha de aquellos sus tiempos. En los años finales de su vida, falleció en paz mientras dormía, dio cátedra de historia patria y economía política en el Colegio Militar siempre admirado y querido por los jóvenes cadetes. Columnas anteriores
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