Opinión
Federico Osorio Altuzar
Israel: cómo sobrevivir al exterminio en seis décadas

El Sol de Cuernavaca
5 de mayo de 2009

La tierra de la Biblia, mejor aún, el pueblo de la Biblia, cumple el l4 de este mes 61 años de su liberación tras una diáspora que se pierde, a decir verdad, en el polvo de los tiempos. Israel es un caso único de sobrevivencia étnica, religiosa y cultural, en términos de identidad histórica, sobreentendiendo dicha identidad como la evolución de su ser en el tiempo, no así en el espacio (en su propio espacio territorial), hasta hace un poco más de medio siglo.

Apenas emitida la resolución del Consejo de Seguridad de la organización mundial que daba validez y eficacia a la partición de Palestina en dos Estados independientes, un día después los ejércitos de cinco Estados Árabes cruzaron sus fronteras con la malévola intención de masacrar al recién nacido Estado de Israel. Una semana más tarde, el 22 de mayo el propio consejo votó un cese al fuego, mismo que al siguiente día fue violentamente rechazado por los árabes en pie de guerra, exigiendo a través de un ultimátum, la derogación de la resolución del supremo organismo de paz.

El cruento desenlace y la consiguiente derrota de los belicosos países árabes es parte de contra Israel, todas sin faltar una con la presunción de exterminio (la de los Seis Días, la de Yom Kippur, para citar las más conocidas). En conjunto, configuran el contenido de un sombrío capítulo de la sinrazón humana presidida por el terrorismo islámico, fanático terrorista y antisemita.

Por hoy, Israel, el Estado judío, la nación más hostigada, acuciada y vilipendiada de la Historia Universal, incluso infamada por afamados historiadores y hombres de letras, por ejemplo Toynbee, se yergue como un monumento de gratitud a la entereza, a la voluntad pura (jurídico-política) de sus hombres de Estado.

Cada año, desde el ya lejano 1974, hemos compartido con la gran comunidad israelita en México, su jubilosa celebración de la Independencia, la primera por invitación del entonces agregado cultural de la Embajada de Israel en nuestro país, el muy distinguido diplomático dotado de excepcional don de gentes, Víctor Harel, a quien tuvimos la inusitada oportunidad de estrechar su mano en Jerusalén, en la primavera de 1980.

Ciertamente, cada aniversario de la Independencia de Israel, como dijo en memorable ocasión Abba Eban, el extraordinario Embajador del Estado de Israel en los Estados Unidos y jefe de la Delegación de su país ante la ONU durante los años arduos de la gran negociación: la conmemoración de referencia "conmueve a multitud de corazones en el mundo entero".

Este año, la celebración del aniversario de la Independencia de Israel (61 en este mayo de 2009), se difiere por la crisis sanitaria en nuestro país. La invitación proviene del embajador Joseph Livne y de su gentil esposa, a quien por cierto no olvidamos, al entonces eficaz funcionario en el Departamento de Relaciones Exteriores, que en 1980 fue quien programó nuestro viaje en Israel, durante cuya estancia en aquel país fuimos acompañados, mi esposa Emma y yo, por los periodistas Arie Comey y Ariel Rofee, a lugares claves de su vida laboral, cultural, religiosa y política: las universidades de Jerusalem y Tel Aviv, a los Museos del Holocausto; la Histradut y la Knéset. En fin, a Belén, a Tiberíades y Jericó; a los Altos del Golán, Jaffo y Acco.

Si una lección imperecedera se desprende de Israel actual es la de su heroica voluntad de vivir y sobrevivir, contribuyendo no sólo con su laboriosidad y constancia a la grandeza de su comunidad, incluyendo a la región, en Medio Oriente, sino con su lucidez y claridad racional a la cultura y la civilización actual en todo el orbe. En la ciencia y la filosofía, en las modernas tecnologías, en la diplomacia y en la jurisprudencia, Israel es vanguardia de la Humanidad. Es clara previsión en la densidad de la sombras del terrorismo galopante.
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