Opinión / Columna
|
Federico Osorio Altuzar
En la mira, las universidades públicas de México
El Sol de Cuernavaca
23 de junio de 2009
|
Está de moda el viejo estilo de gobernar con arreglo al cual el Estado de Derecho es un conjunto de enunciados ajustable al gusto del mandatario en turno, similar al legendario lecho de Procusto. El Estado no sería, así, el sistema imperativo, constitutivo de normas, sino un instrumento de dominio, un utensilio al servicio del príncipe y del poderoso; en su momento al servicio del Rey. Estado y Derecho, en ese caso, serían dos mundos ajenos y a veces antagónicos entre sí.
Para quienes aprenden o ejercitan el oficio de dictador, basta y sobra decir "¡Hágase!" para que actúe la administración pública como una sola, se ponga en marcha la fábrica de legislar y se haga resplandecer el sentido íntimo y último de la ley. En vez de instituciones habría temperamentos y en donde debieran imperar los deberes predominaría la voluntad subjetiva.
En nuestro desventurado país, el brazo ejecutor de la Federación, Hacienda, amenaza por todas partes. Inventa nuevas cargas tributarias, acosa con las armas del terror publicitario a pequeños y medianos contribuyentes. Aplica la "ley del azadón", todo para acá, nada para allá, haciendo de los Estados y municipios verdaderos traspatios de la República, rémora del antiguo régimen en cuyo seno las provincias eran embajadas imperiales, fuente de recursos humanos y materiales para beneficio y usufructo de la realeza, del poder monárquico, real.
Bajo ese ideología, presiona el gobierno federal a las Universidades y a los institutos de enseñanza superior para que sumen sus esfuerzos, a la "noble" causa de implantar la austeridad republicana, con el objeto de contribuir a la higiene de las finanzas públicas mediante el recorte de los programas académicos que dan sentido y razón de ser a las casas del saber: docencia, investigación y difusión cultural. Es decir, menos presupuesto y, eso sí, más contribuciones al fisco.
Une su embestida al atraco gubernamental la ya célebre, por las arbitrariedades en que incurre, la Secretaría de Educación Pública (SEP), brazo político del régimen conservador en turno, punta de lanza para convertir el sistema educativo nacional en taller de técnicos y auxiliares para la gran empresa, empleados al servicio del capital transnacional y de sus negocios bursátiles. Con ese efecto, ordena la supresión de asignaturas humanísticas de los planes de estudio bajo su égida y aplica la flamígera "Navaja de Occam" suprimiendo materias como las de Filosofía en sus diversas ramas.
En suma, al grito de ¡"Muera la inteligencia"!, la educación media superior y superior naufraga en ese mar de incoherencias que va, como en la década de los 30´s, en los inicios de la autonomía universitaria, del feroz intento para matar de hambre, materialmente hablando, a las instituciones de enseñanza superior al máximo extremo de ahogarla por asfixia intelectual. ¿Se trata de mutilarle a las nuevas y actuales generaciones las alas de la inteligencia y cercenarle todo impulso, libre y responsable, para investigar, enseñar y difundir los bienes y valores de la cultura universal?.