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Opinión
![]() Alejandro Díaz
No nos dejemos intimidar
El Sol de México
23 de septiembre de 2008
Destaco un hecho: a pesar de la violencia del narcotráfico que sufrimos, 2007 ha sido el año en que menos homicidios hubo en los últimos 25 años: 7 mil 968, la mitad de los cometidos en 1995 (15 mil 616). Se habla poco del hecho que el número anual de homicidios cometidos en México haya del descendido: el promedio entre 1985 y 1995 fue de 14 mil 900, y para el 2000 el número de homicidios bajó a 10 mil 743. En los seis años siguientes se registran entre 9 mil 329 (2004) y 10 mil 454 homicidios (2006), siempre menores a los de las dos últimas décadas del siglo XX. Son números verificables, están en cada uno de los Informes Presidenciales y en los registros de las actas de defunción de la Secretaría de Salud (http://www.sinais.salud.gob.mx).
El advenimiento de la democracia no sólo trajo la oportunidad de escoger a los gobernantes, también introdujo transparencia en los actos de gobierno y mayor libertad de prensa. Antes del año 2000 los medios de comunicación tomaban como natural la cifra de homicidios cometidos en México a pesar de que eran muy superiores a las causadas por el tráfico o por las enfermedades pulmonares. Poco se habló del descenso del 30 por ciento en homicidios del 2000, que sin duda se relaciona con que caciques y gobernantes son más vigilados. La libertad de prensa debió haberle dado importancia al hecho que desde 2004 las muertes en accidentes viales sean más que los homicidios: mientras éstos disminuyen, los accidentes mortales aumentan. Los medios sólo se interesan cuando hay el número de víctimas en un solo evento es muy grande. De la misma manera, la difusión de un atentado alcanza niveles de cobertura que nunca tuvieron las muertes en cantina, las venganzas políticas o los ajustes de cuenta personales, aunque sean mucho más numerosas. No puede negarse que los homicidios registrados este año van a aumentar sobre los de 2007, pero debemos apostar que es temporal. El aumento de hechos violentos es producto de conflictos entre criminales, y que varios grupos de ellos, por mantener el negocio, toman medidas desesperadas que rayan en la locura. Porque no hay otra forma de describir lo sucedido en Morelia, sólo locura. Fue noticia que parecía provenir de otro país, como si el terror que se intenta infundir fuera de Medio Oriente o de Irak. Por desgracia la trágica noticia fue del corazón de México: de la capital del estado natal del Presidente. Lanzar granadas contra una multitud que celebraba la fiesta nacional no puede pensarse que fue por broma. Sólo puede ser por la locura de quien no tiene ética, y cuya acción lleva el propósito claro de causar terror en la población y agudizar problemas de los distintos gobiernos. Nos igualaron de inmediato al País Vasco, a Pakistán, a Bagdad o a Kabul, y por supuesto al 11 de septiembre de 2001. A pesar de ser el mismo método empleado por los anarquistas durante los siglos pasados para lograr su cometido, el de Morelia no tiene sentido pues nadie busca la independencia del pueblo purépecha ni de Michoacán. Lanzar granadas contra gente inocente sólo cabe en mentes enfermas, en mentes criminales acorraladas que intentan intimidar a la autoridad para que no se oponga a que sigan haciendo negocio. Ese pequeño grupo que buscar poner en jaque a la sociedad y al Gobierno debe encontrar la respuesta firme de todo México para parar a quienes no tienen escrúpulos. Morelia es muestra evidente de que los narcotraficantes tienen cada vez menos opciones para continuar con su tráfico ilícito. El gobierno está obligado a seguir el camino de Colombia contra los señores de la droga: enfrentar con todo el peso de la ley a quien la transgreda. Los ciudadanos tenemos que apoyar esta lucha para que México viva no sólo en libertad sino para que pueda florecer en paz. Hasta el eterno candidato rebelde López Obrador está obligado a respaldar, al menos en esta ocasión, al gobierno de Felipe Calderón en su lucha contra el narcotráfico. Si no lo hace claro y fuerte, podría estar dando a los criminales un pretexto para decir que se emprende una lucha política, cuando en realidad sólo desean seguir medrando con la droga. Si queremos terminar con el crimen, México requiere unidad. alediaz@elsoldemexico.com.mx Columnas anteriores
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