Sociales
El paraguas, emblema de dignidad
El paraguas. Foto: Archivo / El Sol de Cuernavaca
El Sol de Cuernavaca
28 de agosto de 2008

María José Lasso

Cuernavaca, Morelos.- Este accesorio tan difundido en nuestros días, fue durante largo tiempo una señal de dignidad. En gran cantidad de monumentos egipcios, asirios y persas, en los bajorrelieves de Ninivé, en los frescos de las tumbas y en los palacios de Tebas y Menfis, en los vasos pintados de Etrulia y de Grecia se ven reyes rodeados de servidores que sostienen quitasoles, cuyo varillaje estaba hecho de caña o de madera de sándalo cubierto con hojas de árboles, pieles, cañas o telas.

Si bien los franceses en 1730, especialmente en París, comenzaron a construirlos con tejidos impregnados en aceite para protegerse de la lluvia, su origen remonta al siglo XI, pues las sombrillas eran usadas por los chinos como símbolo de distinción . En Etiopía y en Marruecos los soberanos ejercieron siempre sus funciones bajo un quitasol, y estoy segura que procede de oriente la costumbre veneciana de adoptar la sombrilla como símbolo del poder . Sin duda, los chinos y los japoneses fueron los primeros en considerar el "dosel portátil" como un instrumento útil. El uso del quitasol se mantuvo en Italia, aún después de la caída del Imperio Romano.

En Grecia tuvo un significado religioso, convirtiéndose en una protección contra los rayos del sol tan temidos por las mujeres de la alta sociedad, quienes presumían de la fineza y blancura de su tez luciendo hermosas sombrillas.

Durante el Renacimiento el paraguas se puso nuevamente de moda. Después del siglo XVI, los jesuitas introdujeron el uso de la seda en la fabricación de estos accesorios. París se encargó de refinar paulatinamente la forma de las sombrillas, introduciendo sutiles y oportunas variantes. Las damas elegantes de la ciudad luz, centro de la moda, decidieron que no debía emplearse indistintamente el mismo accesorio para protegerse de la lluvia y de los rayos del sol. La seda más fina y el encaje más vaporoso se empleaban para embellecer lujosas sombrillas, que durante el reinado de Luis XIV cubrían las elegantes cabezas de las damas de las cortes.

En la actualidad han caído en desuso entre los pueblos occidentales y, al contrario de la sombrilla, el famoso paraguas símbolo londinense, con varilla de acero y de color negro, fue patentado por el fabricante de alambre, el inglés Samuel Fox, en 1874. Se cuenta que el primer hombre que se paseó por las calles de Londres con paraguas recibió mal trato por los habitantes de la capital, se llamaba Jonás Hanway, había nacido en 1712 y durante su juventud viajó con fines comerciales por Persia, Rusia y otros varios países, en muchos de los cuales corrieron serios peligros sus mercancías y su vida; pero él no se asustaba por nada. Y habiendo observado cuán inapreciables servicios prestaba a los hombres el paraguas en aquellas regiones, resolvió utilizarlo en Inglaterra como medio de protección contra las inclemencias del tiempo; y así, cuando ya contaba treinta y ocho años de edad, abrió el primer paraguas usado por hombre alguno en calles de Londres

Hoy se fabrican de diversos colores o combinaciones de los mismos, presentado también varias formas y tamaños. Actualmente, el paraguas no es más que un objeto útil, lo cual no significa que debe ser antiestético o que no deba seguir la moda.