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Sociales
Manuel Toussaint en la historia del arte mexicano.
Convento de Huaquechula. Foto: Archivo / El Sol de Cuernavaca
El Sol de Cuernavaca
21 de agosto de 2008
Wilfrido Ávila
Cuernavaca, Morelos.- Incansable figura, imprescindible y preciso maestro en la contribución de la difusión cultural más clara de la historia del arte en México, fue sin duda Don Manuel Toussaint; publicó el libro titulado "Paseos Coloniales", fundador de la cátedra del arte colonial en México, así como del Instituto de Investigaciones estéticas de la UNAM, siendo muchos años director de dicho instituto, escritor fecundo y variado, sin limitaciones, abierto a la cultura, poeta y literario, crítico e historiador de ideas, de hechos, de detalles y sobre todo de teorías respecto al arte histórico. Se convirtió en el primer investigador viajero a la manera científica de Humboldt, recorrió los caminos con el poco conocimiento obtenido del archivo de Indias o en el archivo general de la Nación, obligado a realizar con un gran sacrificio, penando en una gran satisfacción. Manuel Toussaint fue el hermano mayor de los jóvenes Guillermo, Luis y Carlos, hijos del doctor en medicina Don Manuel Toussaint Vargas, uno de los precursores del excursionismo mexicano formado por el hermano de éste y de sus primos, consistentes en largas caminatas realizadas siguiendo el programa establecido por su padre y su tío, programa que comenzaba desde el día anterior con todos los preparativos, en los que intervenía su madre doña María del Carmen Ritter y Cueto. Don Manuel nació el 29 de mayo de 1890 en la Cd. de México, en una casa ubicada en la antigua calle de Ortega, a cinco cuadras de la Catedral Metropolitana, y que ahora es una de las rebautizadas con el nombre de República de Uruguay. Estas excursiones fueron la base que produjo su creación artística, histórica y literaria, en su encuentro con monumentos como los conventos y ermitas construidos por el carmelita fray Andrés de San Miguel por sus andanzas por el desierto de los leones, a veces hasta el cerro de san Miguel, o por el de Contreras hasta el Coconetla, siendo el que más frecuentaban el cerro de Zacatepetl, conocido como Zacatepec, al sur de la ciudad. Fue la capilla de Tlalmanalco el parte aguas, con su plateresca capilla que intensificó en él un interés por conocer su historia y poder definir sus características, a partir de esos años dedicó sus estudios e investigaciones, mismos que lo guiarían a convertirse en la máxima autoridad en la materia, para convertirse en el más insigne precursor del estudio y divulgación del gran acervo artístico e histórico que constituyeron los monumentos coloniales del patrimonio de nuestro país, incrementando sus conocimientos en muchas otras ramas de la cultura mexicana. En documentos del archivo general de la nación, narra cómo al realizar el viaje a la Mixteca alta había que esperar en la estación del Parián, en dirección a Oaxaca en el Ferrocarril Mexicano del sur, y de ahí internarse en el recóndito mundo de Yanhuitlán, o en el de utilizar el caballo como único elemento de transporte, expresando el sentir de los conquistadores al realizar dicha tarea en la parte Norte de Izúcar de Matamoros, la región de Huaquechula, expresando "cuantos tumbos me cuestas" y jurando no volver a verlo, y en el camino pedrusco pidiendo a Dios que no afectara o interrumpiera su faena, a cada transeúnte, a pie o en burro, lo interrogaba cuidadosamente ¿Dónde está Huaquechula?- allá señor amo, tras lomita. Bien pagada fue su sorpresa al encontrar esta maravilla del siglo XVI. Así, de esta manera fue sin duda el viaje a Tepoztlán, siendo anteriormente difícil y no libre de peligros, ya que había que tomar el ferrocarril de Cuernavaca hasta la estación llamada El Parque, y de allí a caballo para poder llegar al poblado y sorprenderse por la increíble maravilla de sus montañas y la tranquilidad de su población, rodeada de tecorrales de piedra con sus casas de adobe, con deslumbrante verdor de sus huertas de ciruelos con flores de mil colores y sus olores de leña, que lo cautivaron, pero sobre todo el convento y la iglesia de la Natividad. Su amistad con Víctor Rendón y Alberto Vázquez del Mercado, con los que forma parte del grupo de los siete sabios: Antonio Castro Leal, Manuel Gómez Morín, Vicente Lombardo Toledano, Alfonso Caso, Teófilo Olea y Leyva, y Jesús Moreno Vaca; con todos ellos, Toussaint acostumbraba reunirse en una sabrosa tertulia que tenía lugar en la librería General, de Don Francisco Gamoneda, situada en las calles de 16 de septiembre, al poco tiempo se incorpora al magisterio como profesor de lengua española de la escuela preparatoria, con esto se integra a la vida profesional, pretendiendo seguir los pasos de su padre médico, al que abandona para integrarse a la facultad de Jurisprudencia, al que cambia sus libros por las obras de Goethe, pero su gran deseo por la pintura de los templos del siglo XVI de Tepozotlán que describe en sus Paseos Coloniales. Haciendo gala de su gran interés por el arte. Con esta obsesión no es de extrañarse su amor por la labor de bibliotecario; sus múltiples libretas de apuntes manuscritos hechos durante sus paseos se consideran un gran tesoro, cuenta con más de treinta libros y con más de 250 colaboraciones en libros de varios autores, prólogos, artículos, estudios ensayos la lucha por recuperar los tesoros. A su regreso de Venecia, muere en la ciudad de Nueva York el 22 de noviembre de 1955, en compañía de su esposa Margarita, hoy sus restos descansan bajo los muros del arquitectónico más bello del arte colonial de la Nueva España, al que amó y estudió con paciencia, la Catedral de México, al lado del Churrigueresco Sagrario Metropolitano. |
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