Migración
Inmigrantes mexicanos realizan jaripeos en Estados Unidos
En Estados Unidos, varios equipos se han formado desde la década de 1970, con la llegada de los inmigrantes. Foto: Archivo / El Sol de Zacatecas
Organización Editorial Mexicana
13 de agosto de 2008

AP

Mabelvale, Arkansas, Estados Unidos.- Un hombre, vestido como el típico charro mexicano, persigue en su caballo a una vaquilla. Sin descender de su montura, se agacha para alcanzar la cola de la ternera, enrollándola después en una de sus piernas.

El jinete ha completado así exitosamente la suerte del "coleadero", una de las varias que conforman la charreada, el rodeo tradicional mexicano.

Pero este jaripeo no se realiza en ningún lugar de México, sino en esta población de Arkansas.

El deporte que se originó en las faenas rurales de los charros del estado de Jalisco ha llegado a terrenos y pequeños lienzos (estadios) construidos por pequeños empresarios e inmigrantes que desean recrear esa cultura en Estados Unidos.

Pero la charreada es peligrosa, y hay diferentes reglas para practicarla entre la gente que practica el deporte en México (actualmente personas adineradas) y los inmigrantes jornaleros que montan novillos al norte de la frontera.

"Esto puede ser peligroso", dijo Miguel Torres, anfitrión de la charreada de Mabelvale, en los terrenos de su casa.

Torres, dueño de una empresa constructora de viviendas, edificó hace años este lienzo, justo al sur de Little Rock, la capital de Arkansas. El empresario vivía con su familia en Austin, Texas, pero le guarda amor al deporte charro, que le trae muchos recuerdos de San Luis Potosí, el estado central mexicano al que todavía considera su hogar.

"En mi lugar de origen, hay ganadería, hay que vacunar y cuidar el ganado, y aprender las suertes de los charros", dijo. "Ahora no tenemos que hacer esto, pero queremos preservar este deporte".

Varias competencias se han realizado en el lienzo de Torres, incluida una el año pasado, para ayudar a una niña que necesitaba un trasplante de riñón. Durante ese jaripeo, un caballo le cayó encima a un charro, provocándole lesiones que requirieron una cirugía de emergencia.

La vestimenta del charro, popularizada internacionalmente por el cine mexicano de las décadas de 1940 y 50, es sumamente cara. El sombrero puede costar hasta 600 dólares, la camisa, pantalones y botas cuestan en promedio unos dos mil 800 dólares.

"Me gusta cómo luce el traje de charro, pero no me gusta el precio", dijo Torres.

Precisamente los altos costos hicieron que la charreada pasara de faena rural a deporte de los adinerados en México.

En Estados Unidos, varios equipos se han formado desde la década de 1970, con la llegada de los inmigrantes. En Arkansas, donde la población hispana subió de 20 mil habitantes en 1990 a más de 150 mil en la actualidad, el "Lienzo Charro La Aventura", de Torres, representa una expansión de la charreada, declarada por el Congreso de México como deporte oficial de esa nación en 1933, y que cuenta con una federación en su país de origen.

Una variante de la charreada existía ya en lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos, antes de que México perdiera esos territorios. Con el crecimiento de la población hispana al norte de la frontera, la charreada llegó a otras zonas del país, incluyendo Chicago.

Pero esta práctica enfrenta algunas críticas aquí, particularmente de los grupos defensores de los animales.

En la suerte de la "mangana", un charro laza las patas delanteras de un potrillo. Originalmente, el competidor debe jalar la reata para apretar el nudo y hacer que el caballo tropiece.

Pero varios estados, incluido California, lo prohíben ahora. La Federación Mexicana de Charrería ha reconocido esa prohibición, creando nuevas reglas para las competiciones en Estados Unidos.

Cualquiera que derribe intencionalmente a un potro puede ser suspendido por un año.

Pese a las restricciones, estas competencias ofrecen uno de los pocos sabores auténticos de México que pueden paladearse en Arkansas. Muchos inmigrantes no pueden volver a su país por el costo del viaje o por ser indocumentados, lo que los obligaría a correr riesgos para regresar a Estados Unidos.

Mientras el sol de pone en Mabelvale, las familias se sientan en el graderío, mientras varios jóvenes beben cerveza y ríen. Miguel Torres confía en que sus charros sean reconocidos por la federación y compitan regularmente con otros equipos, pero reconoce que ése no es el objetivo principal.

"Este no es un deporte para ganar dinero, sino que es un deporte familiar", dijo. "Todas las familias están juntas, viven juntas y hacen esto juntas".