Sociales
Mitología Morelense
El mercado de la depre compulsiva
El Sol de Cuernavaca
21 de agosto de 2007

Benjamín Nava



La abundante bibliografía inscrita en el rubro de "superación personal y autoayuda", es un filón de miles de millones de dólares para la industria editorial. Las grandes editoras tienen a especialistas dedicados exclusivamente a "cazar" nuevos autores. También tienen a sus "mercenarios" o "negros", como son conocidos aquellos redactores a sueldo que "maquilan" libros ex profeso para convertirlos en best sellers, de acuerdo a fórmulas bien conocidas. La angustia existencial, el vacío espiritual y las depresiones obsesivas, son tendencias anímicas y neurofisiológicas cuya esencia de insatisfacción permanente alivian -como una aspirina a la cruda- esos síntomas. El mal del inicio del siglo no es el VIH, las enfermedades cronicodegenerativas, ni siquiera las adicciones. Detrás de todos ellos está el aislamiento vital, la falta de conexión con el "mi mismo"; el "con-migo" o también llamado "yo". Y de ahí proviene, por supuesto, la separatidad, el alejamiento del sentimiento del prójimo, del inmediato, para acabar encerrados en una gran burbuja de aislamiento que -paradójicamente- tiene su centro en el interior de cada uno de nosotros... El rollo de las ganancias multimillonarias a costillas de nuestras depres y adicciones, viene a propósito del fenómeno de la decena de libros editados bajo el sello Océano, colección "Del nuevo extremo". El autor de la serie es un psiquiatra argentino, Jorge Bucay, quien escribió los primeros cuatro libros titulados El camino: a la autodependencia, ...del encuentro, ...de las lágrimas y ...de la felicidad. Después siguieron Hojas de ruta, Amarse con los ojos abiertos (con Silvia Salinas), Cartas para Claudia,.Cuentos para pensar, Recuentos para Demián y De la autoestima al egoísmo. El mérito del autor es la amenidad y una cierta tensión con que adereza sus relatos. Los ingredientes son los mismos de muchos bets sellers anteriores: circunstancias de la selva de asfalto y concreto, personajes y situaciones límite, drásticos cambios de vida, separaciones, encuentros, desencuentros. Pero hay una circunstancia particular que -creo- es la clave del actual éxito de Jorge Bucay: la segmentación del mercado de la depresión compulsiva. Como en toda estrategia mercadotécnica, editores y autores saben que después de la masificación de las familias disfuncionales, surgidas a partir de las crisis de los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado, vienen los casos particulares. Quienes fueron hijos en aquellas décadas, hoy son padres. Y a esas generaciones se dedica a psicoanalizar Jorge Bucay. Cada nuevo autor con su carga de experiencias clínicas, su colección de historias antiguas, una pizca de buen humor y cierta habilidad narrativa tendrá los ingredientes para convertirse en un betsellerista. Eso sí, debe escoger bien el segmento de público existencial -y económicamente- deprimido, para darle al clavo en la obtención de regalías. Eso y, claro, la suerte de encontrar un editorial grandototota que financie una buena campaña publicitaria. Pero si tiene más de cuarenta, no deje de buscar uno de los títulos de Jorge Bucay. Es tragicómico ver retratada la porquería de generación que somos, al tenor de la estandarización de la obligada globalización. Para eso no importa si se vive en el Cono Sur o en Norteamérica, o en Pénjamo o Ixtlilco el Chico. Incluso en Morelos, otrora paraíso mítico del Tlalocan-Tamoancha, es hoy un gran productor de stress. Tanto desarrollismo abusivo ha herido de muerte el equilibrio natural del tlalocan morelense. Y de paso, nos está volviendo maniaco-depresivos... Mucha de razón tiene el autor, no cae mal mirarse en el espejo. En vanidad y metidas de pata, por muy argentino que sea el autor, nos queda el saco de las adulteces-niñerías ahí relatadas. Léalo.

Filósofos y psicólogos viven para hacer preguntas, fundamentalmente, con una que otra réplica. La narrativa en cualquiera de sus formas -lírica, narrativas, fílmica o dramatizada- se dedica a dar respuestas. El arte es casi la única alternativa para las crisis existenciales de que hablamos antes. Y si tenemos a la mano la forma de hacer arte de nuestras compulsiones, algo nuevo surgirá. Unos ya lo hicieron el pasado lunes 13. Se acabaron las kilométricas vacaciones. A muchos padres no les supieron ni a melón los cursos de verano de sus mounstritos. Después vino el gasto de uniformes, útiles y colegiaturas. Y para no sumar a esos desembolsos retrasos de última hora, es necesario que los papás vacacionistas tomen sus preacciones. El tremendo chubasco de la noche del viernes 17, que se prolongó hasta la madrugada del sábado, hizo tormentoso el regreso de miles de defeños por la autopista a Cuernavaca. ¿Para qué sufrir? Mejor tomar sus previsiones.