Opinión / Columna
 
Mario Núñez Mariel 
Migración y los vejetes de Occidente
Organización Editorial Mexicana
8 de febrero de 2010

  En el último número de la revista Foreign Affairs -correspondiente a los meses de enero y febrero del 2010- apareció un artículo de Jack Goldstone que seguramente conmoverá a los países desarrollados y cuyo título podríamos traducir como "La nueva bomba demográfica" (The New Population Bomb). Al ver la portada de la revista pensé de inmediato que se trataría de otra nueva versión de la advertencia malthusiana sobre los excesos en los incrementos de la población en comparación con el crecimiento insuficiente de los recursos alimentarios. Lo cual resultaría una evidencia en un mundo con 6 mil 500 millones de habitantes, entre los que se retuercen en la más abyecta desnutrición más de 3 mil millones de seres.

Pero Jack Goldstone lleva su reflexión a un nivel que supera las viejas predicciones de Roberto Malthus sobre las hambrunas inevitables. Ahora se trata de la parálisis del crecimiento demográfico para el 2050 y del envejecimiento progresivo e irreversible de la población de los países ricos de occidente, así como de algunos asiáticos que también se han destacado por su desarrollo (Estados Unidos, países de la Unión Europea, Canadá, Rusia, China, Taiwán, Japón, Corea del Sur y Singapur). A diferencia de la gran mayoría de los países pobres que siguen siendo de poblaciones jóvenes y miserables -sobre todo los países del Medio Oriente, de África, de América Latina y del sudeste asiático. Sin dejar de anotar que son los países musulmanes los de mayor número de jóvenes y eso implica muchas cosas.

Así es, los ciudadanos de los países ricos envejecen a pasos acelerados en una proporción cada vez más significativa y dejan de ser lo productivos que fueron. Cada día, esos países, antes todopoderosos, se acercan más a convertirse en una especie de santuarios para pensionados, con costos inimaginables en jubilaciones y gastos médicos. Mientras que los jóvenes migrantes de los países pobres se les echarán encima y los vejetes ya no tendrán cómo pararlos; incluso los convocarán a gritos para que no los dejen solos en el desamparo de la vejez. En los países ricos el envejecimiento de sus poblaciones traerá necesariamente un debilitamiento económico, militar, presupuestario y gubernamental. Será curioso ver cómo los viejos del Norte buscarán sus espacios en el sol de los países pobres antes despreciados, y cómo los jóvenes de los países del Sur buscarán sus espacios productivos en los países del frío antes despreciados.

A lo largo de los próximos cuarenta años los países eternamente emergentes, como México, tendrán la oportunidad para hacerse de un espacio de desarrollo que les permitirá salir de la pobreza estructural. Ciertamente si a lo largo de esos cuarenta años hacen un esfuerzo sostenido para preparar a su gente y aprovechar así la inversión de los papeles en el escenario. En el caso de México nuestros jóvenes deberán ampliar sus capacidades educativa, tecnológica y científica para pelear por una posición de desarrollo pleno en el mundo. Aunque, al paso que vamos podríamos ser rebasados por las nuevas potencias para quedarnos en el feo espacio de los eternos derrotados por colgados y por pendejos.

Competimos contra esas potencias intermedias que nos matan de envidia y de celo, empezando por Brasil, India y China. Sin embargo, en el caso de México no sabemos si competimos o si jugamos a desangrarnos entre mexicanos antes de competir; como especie de maldición bíblica. Tenemos la ventaja de ser el banco de recursos humanos de Estados Unidos que sin nosotros ya no podrían vivir. Y en lugar de preparar a nuestra población para no perder el espacio laboral que geopolíticamente nos corresponde, seguimos en la necia de pelearnos todos contra todos en esa especie de lucha libre a la mexicana que nunca termina.
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas