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Morelos
Pero...
El Sol de Cuernavaca
8 de noviembre de 2009
Guillermo Mañón Cerrillo
Jojutla, Morelos.- En alguna ocasión se me ocurrió ocuparme del fútbol en uno de mis escritos; hablé más bien de añoranzas por los primeros equipos que hubo en Tlaquiltenango -mi tierra-, y un amigo lector de esta columna me dijo: "No escribas de fútbol, no te sale bien". Tal vez sea cierto, porque en efecto, no sé casi nada de esa actividad que empezó como deporte, para convertirse en espectáculo de multitudes y negocio de algunos. ¡Bueno!, no sé casi nada de todo lo que dicen los especialistas, los comentaristas consagrados por la afición, los narradores de los partidos en la tele o la radio. Y no sé porque no me interesa; se me hace medio idiota que alguien me diga a gritos qué está ocurriendo en la cancha, cuando lo estoy mirando. Aunque acepto como posiblemente necesario que los narradores y comentaristas expliquen las jugadas, estrategias y movimientos de los equipos en las canchas, y que lo hagan inventando un lenguaje marginal útil para que se identifiquen los iniciados en los arcanos de este espectáculo-religión. Pero... nada de mis absurdas elucubraciones futbolísticas me impide disfrutar la contemplación de un buen partido, y cuando hablo de un buen partido de fútbol [me gusta que así lo acentúen los sudamericanos], me refiero a los encuentros que protagonizan algunos equipos europeos. Por eso, hace unos días, circunstancialmente vi uno de esos encuentros, entre el Milán [también me agrada esta acentuación] aunque sé que lo correcto es Milán, como se llama la ciudad italiana sede de tal equipo; y -nada menos que- el españolísimo Real Madrid. Fue un partido de la Liga de Campeones europeos en el que los espectadores disfrutamos del acoso, cobertura, velocidad y eficacia que los jugadores imponen durante los 90 minutos del juego. Admiré el clásico virtuosismo de Ronaldiño (Ronaldinho, para los eruditos), desplazándose ocasionalmente con esos pasitos como de bailarina de ballet, para salir disparado con el balón "cosido a los botines" -como decía don Fernando Marcos, antes del inefable Ángel Fernández y del ocurrente "Perro" Bermúdez. La eficacia de su paisano Kaká, constructor preciso de jugadas que muchas veces fructifican en lo esencial, el motivo de motivos del fútbol, su majestad el gol. Muchos de los jugadores de los equipos campeones de Europa, son, o han sido integrantes de las selecciones nacionales de sus países de origen; como Xabi Alonso (Shabi, pronuncian los cronistas), el francés Benzemá, el portugués Tiago Silva, o el veterano español Raúl González. La gran mayoría de los jugadores europeos y americanos que juegan en equipos de aquellas latitudes, son muy fuertes, resistentes y hábiles, algunos geniales e inteligentes, capaces de construir jugadas instantáneas y precisas, para darle un especial lucimiento al espectáculo futbolístico. Era impresionante la figura de Casillas, portero del Real Madrid, con un metro 90 centímetros de estatura y reflejos vivaces. Casi al finalizar el primer tiempo, el árbitro alemán anuló un gol maravilloso anotado por Pato, un jugador del Milán, en una jugada magistral. Y de ninguna manera el jugador se puso a discutir, ni a hacer un tango, como estilan muchos jugadores en los equipos de los campeonatos mexicanos o sud americanos; nada de encarar al árbitro, pasó la jugada y vámonos a lo que sigue, eso es respeto para el público que paga sus entradas para ver el juego. Entre todos los buenos jugadores de ambos equipos, se notó la actividad de los italianos Borriello y Zambrota o el marcaje puntual y eficiente que Álvaro Arbeloa le aplicó a Alexander Pato. Sin excepción, son profesionales que buscan el balón, insisten, chocan, se levantan y siguen la jugada, cubren y hacen gala de reflejos; todo producto de su condición atlética y constante entrenamiento. Y conste que no digo que el fútbol mexicano valga gorro, solamente que me gusta más el europeo, la velocidad, fuerza y precisión con que juegan allá. Siempre me ha parecido que una buena parte de los nativos de Brasil están dotados naturalmente para jugar fútbol, y otros para bailar samba; imborrable permanece en mi memoria las imágenes de Pelé, bajando el balón con el pecho, fintando para escapar y marcar goles con una fuerza poco común en futbolistas de su estatura; Gerson que siempre me dio la impresión de pegarle al balón solamente con el pie izquierdo, porque hasta se acomodaba para poner unos pases desde grandes distancias, con una precisión admirable; y el maestro Garrincha, con ese toque mágico, alucinante que le imprimía al balón. Pero... esos encuentros soporíferos, entre futbolistas medianos, narrados a gritos por inventores de jugadas inexistentes; la neta, no me interesan. gmagnoncerrillo@hotmail.com |
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