Opinión / Columna
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Editorial
Medidas reactivas
El Sol de Cuernavaca
23 de junio de 2009
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La semana pasada, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Dr. Agustín Carstens señaló que la actual crisis económica mundial, es uno de los mayores desafíos de las últimas décadas para los gobiernos, para las empresas, así como para los estudiosos de la economía y de las finanzas no sólo de México, sino de todo el mundo. Es una crisis que adquirió una profundidad y una extensión insólitas por la conjunción de varios factores negativos.
El Dr. Carstens señaló que esta fue una crisis que casi nadie previó la magnitud que habría de tomar en el sector hipotecario de Estados Unidos, iniciada en el verano de 2007 con una cadena de incumplimientos de pagos que se trasmitió de los deudores de hipotecas de baja calidad a los mercados e instituciones financieras a una velocidad vertiginosa. De ahí, la crisis se propagó a una súbita caída de los precios de las materias primas, como el petróleo, que también habían experimentado previamente fuertes alzas.
Comentó que de hecho, la permanencia de los precios altos de las materias primas disfrazó, el impacto que traería la crisis financiera para muchas economías en desarrollo que aún siguieron percibiendo ingresos extraordinarios por sus exportaciones.
La fuerte recesión mundial se estaba gestando por una caída severa de la demanda en las economías industrializadas y, sobre todo, en nuestro principal mercado de exportación de manufacturas: Estados Unidos. De ahí que, desde entonces, se hayan puesto en marcha políticas contracíclicas para estimular la demanda interna, mediante un impulso extraordinario al gasto público, especialmente en infraestructura.
Pero si el diagnóstico respecto de la naturaleza del mal fue el correcto, aceptó que se quedaron cortos al calcular la profundidad y la extensión del golpe recesivo mundial. Porque a finales de 2007 y principios de 2008, era sumamente improbable que se sumaran a la crisis financiera inicial todo un conjunto de factores negativos que configurarían lo que señaló como un escenario de "tormenta perfecta".
Hoy los desafíos que, desde el punto de vista macroeconómico, plantea la crisis consisten en aprovechar al máximo el margen de maniobra que ofrecen las finanzas públicas para mantener una estrategia contracíclica, sin incurrir por ello, en riesgos que más tarde se pueden lamentar; en este sentido, comentó que han asegurado tanto dentro como fuera del país, que el gobierno de México en ningún momento se ha planteado, ni se planteará, exceder los límites prudentes de un déficit fiscal temporal que represente una baja proporción respecto del PIB.
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