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Opinión
![]() Federico Osorio Altuzar
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El Sol de Cuernavaca
28 de abril de 2009
Por desgracia, los males no llegan solos. Los acompañan, preceden y anteceden otros que bien podría considerarse invisibles a no ser por el hecho de que minan ostensiblemente las defensas físicas, mentales y espirituales hasta dejar exhaustos a los organismos víctimas de sus efectos inevitables unos e irreversibles los más.
La actual crisis sanitaria, como todas las crisis habidas y por haber, llegó en el momento menos oportuno. Ha sobrevenido antes de que pudiésemos sentarnos a la mesa tras la ruda pesadilla que nos fabricaron los políticos en el poder, queriéndonos hacer creer, sin gran éxito por cierto, que estábamos vacunados contra la debacle financiera y en medio del fragor de la guerra contra el narcotráfico, de la que ciertamente no hay parte para saber si gana la sociedad, vence la mentira propagandística o si el empate significa que ha salido victorioso uno o todos los cárteles en pie de lucha. Nula prevención es lo primero que salta a la vista. Nula prevención en la lucha contra los cárteles de la droga, y nula prevención en la campaña sanitaria que vuelve a poner al descubierto la improvisación como método de protección en seguridad pública y procedimiento fallido en el cuidado de la integridad física de la población. La batalla contra el crimen organizado deja decenas de miles de cadáveres sobre el territorio nacional, siembra la duda, convirtiéndola en presunción, acerca de si la militarización de la seguridad ciudadana es un remedio más dañino que la enfermedad y persuade sobre si el deterioro de los derechos humanos en aumento nos encontramos, sin darnos cuenta o sin tomar conciencia, ante un estado implícito de excepción, sin la declarada suspensión de garantías individuales y sociales. Parecidamente, al lado del estupor por la crisis sanitaria, mientras la endemia amenaza con volverse pandemia, emerge el fantasma de renovadas formas de autoritarismo que atentan sutil o flagrantemente contra la salvaguarda y la integridad del Estado de Derecho, invocando otra emergencia al otorgar facultades discrecionales a la autoridad sanitaria para incursionar en "todo tipo de local o casa habitación para el cumplimiento de actividades dirigidas al control y combate de la epidemia" (DO, 24-04-09) Mientras arrecia la Influenza porcina ocasionando decesos y en tanto que se prosigue el derrumbe del modelo voraz del colonialismo imperial, aquí en nuestro país se pone de relieve las fallas, errores y omisiones de la política centralista, conservadora, oligárquica y proteccionista, de los intereses del capitalismo criollo, haciendo ver en toda su magnitud el desmantelamiento progresivo de las políticas públicas en materia de salud, educación y empleo. Se acentúa en pleno estallido de la crisis sanitaria, el desabasto de fármacos, así como la debacle en la atención médica dentro de clínicas, hospitales y centros de salud preventiva en el IMSS y el ISSSTE. Evitables unas, letales otras, el reto actual consiste en evitar que las epidemias se conviertan en pandemias, lo mismo en materia de seguridad ciudadana como en lo que más nos aterra: el deterioro de la salud física y la integridad personal, familiar y colectiva... Columnas anteriores
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