Opinión
Ernesto Barragán Name
El poder del pueblo....

El Sol de Córdoba
8 de febrero de 2008

¿Religiones, fuera de la democracia?

En estos días, donde la democracia permite que cualquier persona opine y critique sobre cualquier tema (cuestión que apoyo), ha dado pauta para que los que representan las diversas religiones se anoten para contender en elecciones.

Lo quieren hacer a través de reformas constitucionales y legales que les permitan ser candidatos sin que renuncien previamente a su religión. Esto es, quieren seguir dando misa y cobrar en el gobierno.

Nuestra democracia les permite ser candidatos a los ministros de culto religioso, siempre y cuando renuncien a su orden 5 años previos a la elección. Lo anterior, porque es evidente que estas personas influyen en forma importante en la población en general.

Por esta razón, es que algunos religiosos critican a la ley y la señalan como inequitativa y antidemocrática, sin embargo, ¿quieren que hablemos de esos temas?

En la democracia jurídica, todos los ciudadanos que cumplan con ciertos requisitos tienen derecho a votar en las elecciones (incluyendo a los ministros de culto religioso). En la divina no hay votación para elegir a los hombres de Dios, por lo mismo, el poder se concentra en unos cuantos.

En la democracia jurídica todos tienen la oportunidad de ser electos (hasta los ministros de culto), siempre y cuando se reúnan las exigencias de la ley. En la divina, de entrada, las mujeres son excluidas de todo cargo importante. Y esto es para siempre, pues no pueden reformar sus mandamientos.

En la democracia legal cualquier persona puede contraer matrimonio y procrear. En algunas religiones esta prohibido casarse y sobre todo procrear hijos. Esto ha generado innumerables casos de pedofilia, violación y falsedad.

En la democracia terrenal, para cualquier cargo de elección popular, todos tienen derecho de votar y ser votados. Para las religiones, el elegir y ser electo es una característica privilegiada y exclusiva.

Las leyes de estado permiten la transparencia y acceso a la información para todos los actos de gobierno. En la religión, privilegia el silencio, el ocultismo y el misterio.

El estado obliga a que todos los trabajadores rindan cuentas y presenten su declaración patrimonial para manifestar su sueldo y posesiones. Los ministros de culto religioso disponen de la limosna de las personas, pero nunca señalan para qué la usan, ni su sueldo ni posesiones.

En algunos partidos se realizan elecciones internas para nombrar a sus candidatos. En las religiones, generalmente el nombramiento es directo y unipersonal.

Todo lo anterior es un pequeño ejemplo de la diferencia que existe entre el estado y la religión, y demostrar -con elementos probatorios válidos- que antes de criticar hay conocer.

A usted le toca decidir quién prefiere que lo gobierne: Un político o un ministro de culto...

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