Opinión
Carlos Morillón López
Las TC

El Sol de Acapulco
17 de enero de 2009

Se está de acuerdo que las personas tenemos una serie de necesidades, y si buscamos la satisfacción de éstas, pensamos que estamos bien, siempre con la mejor forma de solución, sin tener situaciones que lo comprometan.

En este momento, de manera fuerte e importante son las necesidades económicas, que de alguna manera presionan en la búsqueda de satisfacerla, pero es precisamente en ésta, donde las instituciones financieras se aprovechan para ofrecer al prospecto o nuevo usuario o futuro tarjetahabiente, una supuesta alternativa de solución que pudiera salvarle del problema económico en que se encuentra, como es la tarjeta de crédito, un instrumento financiero que puede dejar en la calle a muchas familias, esto es, por un lado, porque no hay una disciplina para el manejo de la misma, pero eso es lo menos importante, lo cruel es que las instituciones financieras o filiales, abusan de estas necesidades, actuando como verdaderos usureros o agiotistas, utilizando tasas de interés impagables que van desde el 18% hasta el 350%, y que cuando las ofrecen, los promotores o como se llamen estos repartidores de tarjetas de crédito, que por cierto impreparados para proporcionar información sobre el caso, no explican las condiciones sobre las cuales vas a usar la tarjeta, y de por sí la necesidad económica es ya un problema, pues aceptar la tarjeta de crédito es otro más.

Si al cabo de 60 días la utilices o no, será uno de los verdaderos problemas que durante el año vas a enfrentar. Es decir, que el problema se agrava con aquellas personas que nunca solicitaron estas tarjetas, y quienes aún así les llegó a su domicilio de manera sorpresiva, haciendo caso omiso al uso de ésta, pero esto no fue motivo para evitar los estados de cuenta que informan de la deuda por concepto de pago de anualidad y comisiones que ya tiene en su haber la persona.

El problema de este acto se vuelve complejo, debido a que las instituciones financieras o filiales, sobre todo cuando avalan tarjetas que tienen que ver con tiendas de supermercado, y se tiene que solicitar una explicación sobre dicha tarjeta, el personal se muestra incompetente e impreparado para hacer un comentario que ayude o canalice a la solución del problema, que ya se gestó. Ante la mala explicación carente y paupérrimo conocimiento de éste personal, se empiezan a generar enormes cobros que mes a mes se van acumulando en los famosos estados de cuenta, y en muchas ocasiones sin usar dicha tarjeta, motivo suficiente para que el forzado derechohabiente, lo remitan a un despacho jurídico, que con toda imprudencia, genera una desestabilización familiar que hasta el momento había, presionando al supuesto tarjetahabiente, las 24 horas del día, con incesantes llamadas al auricular del domicilio particular, provocando preocupación e incertidumbre de la solución al problema, debido a que finalmente es eso, un problema.

Si finalmente, la crisis en la que ha caído el país, ya de entrada, es insoportable y preocupante, las instituciones financieras dedicadas a esta actividad, deben guardar respeto social, y a su vez, ética profesional en el desarrollo de las actividades de esta índole.

Es importante que el Congreso de la Unión genere políticas públicas que ayuden a tomar medidas sobre este caso de manera contundente, tanto para bajar las tasas de interés, como en la expedición de estas tarjetas de crédito, que lo único que provocan es estrés social, lejos de solucionar problemas económicos a las personas de este país.
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