Opinión / Columna
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Palemón Díaz Ortiz
El triunfo de la derecha en Chile
El Sol de Acapulco
25 de enero de 2010
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El pasado 17 del presente mes, en la segunda vuelta de los comicios presidenciales celebrada en la República de Chile, el empresario derechista Sebastián Piñera, de la Coalición por el Cambio, integrada por la ultraderechista Unión Democrática Independiente y la derechista Renovación Nacional, venció al candidato Eduardo Frei de la Concertación por la Democracia (Socialistas y Demócrata Cristianos) y se convirtió en el mandatario electo de ese país sudamericano, por margen de 51.6 por ciento contra 48.4 por ciento.
El triunfo de Piñera puso fin a 20 años de gobierno de la Concertación después de la caída del régimen militar del general Augusto Pinochet, y que reinsertó al país austral en la democracia formal, con una sucesión de cuatro gobiernos de centro derecha y centro izquierda: Patricio Aylwin, Ricardo Lagos, Eduardo Frei y Michelle Bachelet.
Alejada del sentir de la mayor parte de la ciudadanía desde años, incapaz de desarrollar las reformas democráticas que prometió al país en 1989 y de superar el modelo neoliberal impuesto por el pinochetismo, el corazón de la Concertación empieza a detenerse. Es el fin de toda una época en Chile.
Sebastián Piñera es, por encima de todo, un conservador, como demuestra el hecho no ya de que se oponga al aborto, sino de que lo haga bajo cualquier circunstancia, por grave que ésta sea. También es un hombre inmensamente rico: dueño de la principal aerolínea chilena, el primer club de futbol y un canal de televisión. Se le acusa de haber tenido vínculos familiares y empresariales con el entorno pinochetista y de haber sido uno de los beneficiarios de la privatización de empresas públicas emprendidas por la tiranía. Piñera también es conocido como el Berlusconi chileno; la revista Forbes calcula su fortuna en mil millones de dólares.
Para algunos especialistas, la victoria de Piñera significa la profundización de la privatización de la sanidad y la educación, los recortes de los escasos derechos sindicales de los trabajadores, la privatización al menos parcial de la minería de cobre, mayores beneficios para las grandes empresas y el capital financiero, un retroceso en los derechos civiles producto de la hegemonía de los sectores fundamentalistas que dirigen los dos grandes partidos de derecha (Renovación Nacional y, sobre todo, Unión Democrática Independiente) y el fin de los juicios de los casi 800 represores de la dictadura actualmente procesados. Además en política internacional, Piñera se aproximaría al papel que ejerce en América Latina el presidente Alvaro Uribe, a quien visitó en Colombia en julio de 2008 y le expresó su admiración por su política de "seguridad democrática".
Sin embrago, dentro de las promesas de campaña de Piñera sobresale: creación de un millón de empleos; resolver el problema de los más pobres; no privatizar la empresa estatal de cobre Codelco (la mayor productora mundial de cobre) y derogar la ley que destina 10 por ciento de las ventas de cobre a las fuerzas armadas. "Necesitamos un Estado fuerte y eficiente, con músculo y poca grasa que ayude a los pobres".
El discurso de Piñera, que ha puesto énfasis en la igualdad social y el impulso a las clases marginadas, puede ser un buen inicio para esta nueva etapa, que arranca al cabo de un proceso electoral pacífico y sin impugnaciones. Se abre, así, la posibilidad de que el cambio propuesto sea real y de que el futuro huésped de la Moneda se aleje de las tentaciones autoritarias y golpistas, que tan nefastas consecuencias trajeron para el pueblo andino hermano y el resto de América Latina y el Caribe.
Correo: pale_diaz@yahoo.com.mx
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