Opinión / Columna
 
Miguel Angel Lépez Vela 
Código París
El Sol de Acapulco
4 de febrero de 2010

  A Lucy, en su cumpleaños.

Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras. Cuida tus palabras porque se volverán actos. Cuida tus actos porque se harán costumbre. Cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter. Cuida tu carácter porque formará tu destino y tu destino será tu vida. Mahatma Gandhi.

Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, estaba viviendo el momento que cualquier egresado de arquitectura hubiera soñado: Trabajar en el Atelier du design en París, ahí se diseñaron los afiches de la Olimpiada del 68; además mientras más conocía la historia del arte y la historia de la arquitectura, más me convencía que París era la ciudad perfecta, grandes avenidas con remates gloriosos, como Champs Elises, el Louvre remata a un lado y el arco del triunfo o la place de etoi del otro; hermosas muestras de la arquitectura religiosa, un santuario del arte, un santuario de la historia, el más grande museo del impresionismo, ahí estuvieron todos los rebeldes del arte: Los renacentistas, los impresionistas, los cubistas, los del art deco y ahí estaba yo, el rebelde, qué mas le podía pedir a la vida, aunque ese día descubrí que la vida tiene otra cualidad, que yo no conocía, si bien no te la dan envuelta con un moño de colores, es un regalo, así que nunca hay que cuestionarla. Sólo vivirla y aprovecharla al máximo. De la vida lo que verdaderamente importa al final, es haberla compartido y haber amado.

Fue un 7 de febrero de 1970, al salir de trabajar, mi rutina era caminar todos los días hasta la Catedral de Notre Dame, a un costado del Sena, al llegar me sentaba en una banca y empezaba a filosofar, casi siempre sobre la lectura en turno, que era El misterio de las catedrales de Fulcanelli, donde se sostiene la teoría de que las iglesias góticas construidas en el Medioevo tenían en los rosetones de la fachada las fórmulas mágicas usadas por los alquimistas para convertir en oro el plomo y que en sí toda la iglesia era un mapa de códigos secretos, lo que hoy revelaría el Código Da Vinci. Me puse a hacer un recuento de todas las catedrales francesas góticas con rosetones: Burgos, Amiens, Chartres, Reims y claro, también algunas muestras en otras partes de Europa, como la catedral de Canterbury en Inglaterra, la de Barcelona en España, la de Milán en Italia o la de Colonia en Alemania.

En esas elucubraciones arquitectónicas estaba cuando vi a una jovencita de no más de 17 años, su cuerpo, hermoso y menudito, sus ojos verde mar, su pelo, corto y rubio y su nombre, Marie Ann. En ese momento se me derrumbaron todas las catedrales del mundo sobre mi cabeza, cuando veía nacer otra catedral, con su diosa caminando por la orilla del Sena con su ropa de colores brillantes. Ella me miró con una sonrisa que sólo las francesas tienen y en esa mirada leí las santas escrituras con puntos, comas y acentos circunflejos.

En París vivía solo y lo disfrutaba. Escuchaba la música que yo quería, en ese tiempo fueron los barrocos, leía a Mallarmé y los poetas malditos, tomaba té mate de Argentina o de flor de jazmín del Oriente. Un día a la semana dedicaba a actividades como ir de compras, acomodar el tiradero, lavar la ropa, lo de la planchada era una técnica propia; metía la ropa entre los colchones de mi cama y al cabo de dos o tres días estaba más o menos planchada.

Esa noche al llegar a casa tenía la imagen de Marie Ann y descubrí que la vida más que vivirla, es compartirla con tu espejo. Se trata de ceder en la música y en el tiempo. Compartir es como negociar la felicidad, el placer sin dejar de ser uno mismo. No pude dormir mientras soñaba cómo me caían los ladrillos de Notre Dame, algunos aventados por el Jorobado de Nuestra Señora, aquel célebre personaje de Víctor Hugo que se enamoró de una gitana. Mi vida cambió, durante los tres años siguientes Marie Ann no salió de mi mente y viví buscándola, hasta que un día la encontré pero como las telenovelas, ya se me terminó el espacio, tendré que concluir la semana próxima o a lo mejor hablo con Televisa y de una vez me sigo con la telenovela.
 
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