Opinión / Columna
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Luz María Sánchez Rovirosa
La Torre de Babel
El Sol de Acapulco
3 de febrero de 2010
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"La información, tal como se suministra hoy a los periódicos y tal como éstos la utilizan, no puede prescindir de un comentario crítico". Albert Camus
El Génesis (origen) primer libro de La Biblia en su capítulo 11 nos habla sobre la Torre de Babel, monumento que empezaron a construir los babilonios con la ambición de que llegara hasta el cielo. Dice el libro del Antiguo Testamento, que Dios castigó su soberbia con la confusión de lenguas.
Etimológicamente el nombre "Babel" nace de dos raíces. La babilónica "Bab-ilu" (puerta de Dios) y la hebrea "balal" (confusión). Las dos perfectamente aceptables dentro de su valor contextual.
Desde los tiempos remotos, la torre de Babel aparece como símbolo de la vanidad humana y, como consecuencia, se convierte en la imagen de la confusión que invade al hombre, cuando no puede comunicarse con sus semejantes, porque cada uno utiliza su propio idioma, es decir, aterrizando en la época actual, cada quien habla lo que quiere hablar y entiende lo que quiere entender.
Tomamos el escrito bíblico para introducirnos al confuso y mal entendido mundo de la crítica. La crítica es la opinión personal previamente analizada sobre un tema. Viene del griego Kritikós, que quiere decir: "capaz de discernir".
Como estrategia de comunicación, la crítica suele definirse como la práctica de una información madura, en la cual la persona que la hace no violenta, pero tampoco se somete a la voluntad de otras personas; sino que expresa sus convicciones, externa sus inconformidades y defiende sus derechos, desde una conducta de seguridad, sin las limitantes patológicas de adulación, o por el contrario, las nocivas como son: la envidia, la culpa, el coraje o la venganza.
La crítica frecuentemente se relaciona con la polémica, ya que la mayoría de las veces, al hacerla, se produce un desacuerdo entre dos o más opiniones. Así es que, definitivamente el sustento de la crítica es el criterio personal.
Y llegando al punto que hoy me ocupa, algunas personas sostienen que la crítica política es un argumento adverso, que daña a la sociedad y que atenta contra el orden público; pero esto no es verdad, ya que tanto en nuestra Carta Magna como en los principios en los cuales se basan los Derechos Humanos, no es permitido que los actos de expresión (por cualquier medio) vulneren el orden público, el respeto a la honra y los derechos de las demás personas, y todos aquellos escritos y discursos que inciten a la violencia. Quien así lo hiciere comete un grave delito.
Por el contrario, la crítica política es el mecanismo indispensable que permite debatir los asuntos de interés público y común en el más amplio sentido; y esto es necesario dentro de un sistema democrático, donde la participación de las personas no debe restringirse únicamente a ser simples ciudadanos sin voz, pero curiosamente sí con voto (en las eternas campañas); sino ciudadanos con civismo, con iniciativas de participación en la gestión pública mediante su opinión.
Cuando se hacen comentarios lisonjeros hacia los programas y acciones del gobierno y la forma como éstos se ejecutan, para empezar, hacen feliz al gobernante (aún cuando esté equivocado), porque lo hacen sentir "perfecto" (y a veces hasta se creen), y por supuesto que no son considerados como crítica; o tal vez, ésta sea equivocadamente vista como "sana o constructiva". Pero tajantemente la definen como crítica, cuando por medio de grupos o de forma individual se señalan los errores del gobierno y las inconformidades con la manera de gobernar, entonces sí que molesta a quien o quienes son objeto de ella; y que en estos casos la denominan equivocadamente también: "crítica destructiva".
¿Por qué se molestan tanto los políticos cuando se les critica? Desde que están (los políticos) tratando de acceder a cualquier "jerarquía de poder", saben perfectamente bien que como personas públicas, trabajando en un quehacer público, y lo más importante trabajando con dinero "ajeno", es decir, público, "dinero del pueblo al que sirven", tienen que entender que no todas las personas van a estar de acuerdo con la "ideología" o la forma de ejercer ese poder.
La Libertad de Expresión, es decir, la crítica madura, otorga a las personas el derecho cívico a demandar lo ofrecido si hay incumplimiento de parte de las autoridades; de denunciar las malas prácticas (con sustento) de quienes ostentan cargos públicos o aspiren a ellos, para promover la transparencia y la responsabilidad de los mismos respecto de sus actos también públicos. Digno es decir que si las acciones son las correctas, o van por ese camino, pero por supuesto que por medio de la crítica, justamente también se deben relevar, y esto se entiende como un sano equilibrio.
No existe fenómeno más sutil que el de la "crítica positiva", y lo que se argumenta en su "favor" es que afirma que es muy feo y ruin hacer "crítica negativa". Crítica llanamente, quiere decir divergencia de opinión, diferencia de enfoque, de punto de vista, manera distinta de pensar, sea "positiva o negativa". Hacerla con dicotomía o por lisonja, para convenientemente quedar bien por un "hueso" o un "favor", se llama "falta de ética".
Desde su mención en el Antiguo Testamento, La Torre de Babel ha adquirido una dimensión superior a su fastuoso valor arquitectónico, al convertirse en el símbolo de la incomunicación entre los seres humanos, y no precisamente por las diferencias que los separan, como son: las fronteras y el idioma; sino por el egoísmo, la envidia, la maldad, la violencia, el abuso, la corrupción, etcétera, actitudes que realmente nos alejan del bien común. ¿Por qué no podemos actuar convencidos en lo que nos une? Es muy posible que lo que hace feliz a una persona no lo haga con otra; pero lo que nos hace sentir mal, es decir, el dolor, es igual para todos.
La crítica política siempre es "positiva", ya que desde cualquier ángulo que se realice es como un semáforo que le señala a los gobernantes qué luz (verde, amarilla o roja) está encendida o parpadea. Lo que pasa es que no nos escuchan, porque desafortunadamente vivimos en La Torre de Babel. Y ojo, lo que no es crítica "positiva o negativa" (discernimiento), efectivamente es "chisme", y tristemente en "Babel" hay muchos lavaderos. ¡Vale la pena reflexionarlo! lmsarovi@hotmail.com
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