Comunidad y cultura
República Checa y la República Eslovaca... juntos pero no revueltos
(Primera de Dos Partes)
Organización Editorial Mexicana
17 de noviembre de 2008

María Esther Estrada / Corresponsal

Praga, República Checa.- Cuando yo estudié geografía, existía Checoslovaquia en el mapa de Europa. Pero a partir del primero de enero de 1993 ese territorio lo ocupan dos países, la República Checa y la República Eslovaca. Juntos pero no revueltos, siguen compartiendo parte de su historia y sus costumbres, aunque actualmente mantienen trayectorias diferentes.

Me voy a referir en este artículo al primero, a Chequia, como también se le conoce, que vivió su época de oro en el siglo XIV bajo el reinado de Carlos IV, en cuyo honor se nombró al más famoso y bello puente de Praga sobre el río Moldava, y que convirtió a esa ciudad en la capital del Sacro Imperio Romano. Este país ha sido también parte del Imperio Austro-Húngaro, ha estado bajo la influencia soviética y a través de lo que se ha conocido como la Revolución de Terciopelo, porque no costó ninguna vida, dejó atrás su pasado comunista para entrar en la democracia y el capitalismo. Estamos hablando de 1989.

La República Checa es miembro de la Unión Europea desde 2004, y a partir de 2007 es parte del espacio Schengen, por lo que no se requiere visa para visitarla. La moneda de uso corriente sigue siendo la corona checa, dado que todavía no está en la zona euro.

Con tantas idas y venidas de ideologías, aunque existen bastantes católicos (casi el 40 por ciento de los habitantes), la mayor parte de la población se considera atea y menos del uno por ciento pertenece a la comunidad judía.

PRAGA

Creo que muchos de nosotros hemos escuchado de la belleza de su capital, y de ella les voy a hablar a continuación.

A diferencia de otras ciudades, en Praga las épocas se mezclan en armonía, los barrios se entrelazan con suavidad y el río no divide, sino que amalgama. Su vida cultural es tan intensa que ofrece espectáculos para todos los gustos y todos los bolsillos. Su gastronomía no es que sea demasiado variada, pero es sabrosa. Si la visita en septiembre, seguramente se ahorrará las hordas de turistas y todavía gozará de un magnífico clima. Ésta es una urbe para caminarla. A pie, uno puede perderse entre sus calles ondulantes y acabar llegando a la plaza principal, animadísimo centro de reunión de propios y extraños, cruzar con calma el famosísimo Puente de Carlos, hacer pierna para llegar a la cima de la montaña, hasta el Castillo y la Catedral de San Vito, y detenerse en cualquiera de sus cafés o terrazas para tomar una cerveza y una salchicha como tentempié.

Pero no me adelanto, me gustaría recorrerla con calma de su mano, si me lo permiten.

HRADCANY

Empezaremos por el castillo que como fortificación tenía como finalidad, entre otras, proteger a sus habitantes y sus bienes, y que está situado en la cima de una colina desde donde se podía ver llegar a cualquier enemigo. Éste es el castillo más grande, intacto, que se conserva actualmente en Europa. Dentro de sus murallas, lo primero con lo que se encuentra el visitante es con la Catedral de San Vito. Está tan cerca de uno de los muros, que apenas se puede apreciar con cierta perspectiva la belleza de su fachada gótica. Espaciosa, llena de luz que se filtra en rayos de colores a través de sus magníficos vitrales -antiguos y modernos-, sus capillas de una manera u otra nos van narrando la historia del país. A pesar de estar dedicada a San Vito, la tumba más imponente que tiene es la que guarda los restos de San Juan Nepomuceno, otro santo checo al que encontraremos varias veces en el recorrido de la ciudad. Este hombre fue un sacerdote, confesor de la reina Sofía de Bavaria, que murió ahogado por no compartir con el rey Wenceslao los secretos de confesión de su mujer.

Recorrer el castillo en sí también vale la pena, con sus grandes salas de reunión, otras donde se impartía justicia, y muchas capillas. En sus entrañas se encuentran varias exposiciones que explican cómo se fue construyendo el conjunto desde el siglo IX, las costumbres de las diferentes épocas y la manera en que se fue adaptando a las "necesidades modernas" de tiempos pasados, por ejemplo, de calefacción. Siguiendo a la multitud llegará a la Calle del Oro, donde vivieron los artesanos que trabajaban en la construcción del castillo. Al final de ella se encuentra una torre para prisioneros, que albergó "huéspedes" famosos del momento.

Si le gusta la pintura, no deje de visitar la Pinacoteca ubicada en el patio de entrada. Si es usted amante de la naturaleza y se encuentra en Praga en primavera o verano, podrá pasear por los enormes jardines que rodean al castillo y que sólo están abiertos durante esos meses.

En cada uno de los dos accesos al castillo hay centinelas con sus uniformes impecables y sus rostros circunspectos, que están acostumbrados a ser fotografiados por todos los turistas. Cada hora hay un cambio de guardia, que hace la delicia de los visitantes por su formalidad.

En la plaza de Hradcany y Loreto, justo afuera del castillo, se encuentra el Palacio Arzobispal, uno de los pocos edificios de estilo rococó que se pueden ver en Praga. Enfrente a ambos se extiende un área abierta muy grande, siempre llena de turistas que se divierten escuchando a los músicos que se instalan a los pies de la estatua de Masaryk y amenizan el paso de las horas a cambio de unas monedas del público.

Para quienes piensan que Masaryk es un nombre raro para una calle en la colonia Polanco en la Ciudad de México, les comparto lo que aprendí en el viaje, y es que este hombre, de nombre Tomás Garrigue Masaryk, fue un filósofo, sociólogo y diplomático que ideó las bases para la República de Checoeslovaquia tras la Primera Guerra Mundial y que fue elegido el primer presidente del recién nacido país en 1918. Una estatua suya domina esta plaza, desde la que se puede subir al Monasterio de Loreto o al Monasterio de Strahov.

El Monasterio de Loreto, construido en 1626, es un sitio de peregrinaje católico donde se respira paz y religiosidad. El claustro, la iglesia, la Santa Casa y el carillón de su torre envuelven al visitante en un ambiente de misticismo, lo que contrasta con las riquezas que se encuentran en la sala del tesoro, donde se pueden admirar regalos ofrendados a la Virgen María en agradecimiento a favores recibidos por familias nobles desde hace más de tres siglos, entre los que se encuentra una custodia incrustada con 6 mil 222 brillantes que originalmente adornaron un vestido de novia.

Pero lo más importante de este lugar es que la Santa Casa de Loreto, en Praga, es una copia fiel de la vivienda, ubicada originalmente en Nazareth, donde la Virgen María recibió la visita del Arcángel Gabriel. Se dice que la Sagrada Familia vivió en ella a su regreso de Egipto y que la Virgen la habitó hasta la muerte de su hijo en la cruz. En 1291 se desmanteló piedra por piedra y se llevó a Loreto, en Italia, donde se reconstruyó y las paredes exteriores se recubrieron con escenas de la vida de la Virgen, obra del escultor Bramante. Dada la cantidad de peregrinos que viajaban a Loreto, en diversos puntos de la geografía europea se construyeron réplicas exactas de la Santa Casa, para acoger a otros fieles. Una de ellas se puede apreciar en Praga.

Por su parte, en el Monasterio de Strahov, erigido en 1143, viven actualmente unos 80 monjes que se dedican a difundir el Evangelio, además de promover la educación y la cultura. Aquí se puede visitar la iglesia de la Asunción, cuyas cúpulas verdes se pueden ver casi desde cualquier punto de Praga; la Biblioteca Strahov, la más antigua del país, que además de albergar una gran colección de libros sobre teología y filosofía, principalmente, está bellamente decorada con frescos en los techos. ¡Uno no sabe para dónde mirar! En este recinto se encuentra también una magnífica galería de arte.

Después de estas visitas se puede descansar en el oasis de verdor de la colina de Petrín. Los antiguos jardines de los palacios y conventos de los alrededores se fueron uniendo poco a poco hasta convertirse, a finales del siglo XIX, en el parque que podemos disfrutar hoy. En la cima se yergue el Mirador de Petrín, hecho de acero, de una altura de 63.5 metros y que es una copia libremente inspirada en la Torre Eiffel. A dos pasos de ahí se encuentra la estación de funicular que baja de la colina a la calle de Újezd, muy cerca del río.

Continuará...