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Opinión
![]() Francisco Fonseca
El fin del reinado de Bretton Woods
El Sol de México
9 de noviembre de 2008
La gran mayoría de los economistas occidentales han advertido que los Estados Unidos están a un paso de olvidarse de todos los privilegios y prerrogativas que obtuvieron en New Hampshire en 1944 cuando se firmaron los acuerdos de Bretton Woods dentro de los trabajos de la Conferencia Monetaria y Financiera de Naciones Unidas. En esa ciudad, y en un salón del Hotel Bretton Woods se decidió la creación del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial, y del uso del dólar como moneda internacional. Esas instituciones financieras, que se volvieron operacionales en 1946, ya no satisfacen a nadie sobre todo ante la actual crisis financiera que hace estragos en la economía mundial.
La crisis financiera que sufrimos en todo el orbe ha hecho que muchos países se muestren inconformes con el sistema neocapitalista comandado por los Estados Unidos. Nicolás Sarkozy, presidente de Francia y presidente en turno de la Unión Europea (UE), acompañado de José Barroso, presidente de la Comisión Europea visitaron a George Bush el pasado 18 de octubre para manifestarle que los acuerdos arriba mencionados deben cesar en sus funciones. Para que no quedaran dudas, Sarkozy y Barroso dijeron a Bush que tenían el mandato de los 27 países miembros de la UE para expresar la necesidad de "encontrar una solución correspondiente", así como "emprender una revisión a fondo del sistema financiero mundial y de los principios básicos del capitalismo mundial", una alusión directa al desmonte de Bretton Woods que supone los pilares del actual sistema financiero. Para atenuar esta incómoda situación, los huéspedes europeos le concedieron a Bush la posibilidad de anunciar que los Estados Unidos serán la sede de una cumbre financiera mundial destinada a la regulación de la crisis global. Según fuentes estadunidenses, la reunión se celebrará a finales de noviembre, después de las elecciones presidenciales. En esa cumbre se notará cómo ha cambiado la correlación de fuerzas entre el Grupo de los Ocho, es decir, los países más industrializados, más Rusia y el resto del mundo. Además, serán invitados China, India, Brasil y posiblemente Australia, Corea del Sur y Arabia Saudita. Aquí lo importante no es el declive de Bush o el ascenso del sucesor; lo interesante es que los países de Europa le han arrebatado la iniciativa a los Estados Unidos, y ahora promueven la creación de un nuevo orden económico mundial en el que el país del norte sí quedará incluido, pero sin manejar la batuta en la nueva orquesta financiera global. Y penosamente Bush abandonará la presidencia de su país como uno de los ejecutores principales de la desaparición definitiva del reinado establecido en Bretton Woods. Tampoco se podrá envidiar a aquellos que les corresponda la tarea de diseñar ese nuevo orden económico y financiero mundial. Nadie, ni Sarkozy, ni la UE, ni Japón ni China tiene una idea concreta de cómo debe ser la nueva arquitectura financiera global, y las ideas hasta ahora propuestas no permiten configurar un ente estructurado, porque no tiene ni pies ni cabeza. Muchos economistas y expertos plantearon que había llegado el momento de cambiar el sistema Bretton Woods porque en los últimos 40 años las manifestaciones de crisis habían crecido en proporción geométrica. Estas manifestaciones fueron "la fuga hacia el oro" (depósitos en oro en lugar del dólar), las convulsiones y las cada vez más frecuentes "batallas" en la bolsa, los créditos permanentes del FMI para cubrir el déficit presupuestal, la devaluación y sobrevaloración de las monedas, las guerras comerciales. Todo esto fueron manifestaciones del síndrome producido por la inoperancia del sistema Bretton Woods. Con Bretton Woods los estadunidenses salieron ganando por partida doble porque ese sistema garantizó la estabilidad y la constante demanda del dólar. Ahora parece que esa situación llegó a su fin, aunque la Casa Blanca como antes continúe insistiendo en que basta una reforma del sistema de mercado liberal. Pero ya es tarde, la crisis financiera corroe la economía real, y parece inevitable que los Estados Unidos se quedarán sin las ventajas que durante años le proporcionó la reunión de New Hampshire. Columnas anteriores
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