Opinión
Francisco Fonseca
Jóvenes desertores

El Sol de México
19 de octubre de 2008

En México, la orientación vocacional brilla por su ausencia. Y viendo como está la situación magisterial, me arriesgo a decir que este problema va para largo con sus desastrosas consecuencias. Mi experiencia docente de muchos años me dejó una especial preocupación por la deserción escolar y el abandono del alumno a su obligación principal: el estudio. Lo que debe hacerse es implementar, en exceso, cursos de orientación vocacional que son finalmente los que dan la pauta del sentir estudiantil.

La principal causa de la deserción escolar es la falta de una adecuada y justa orientación vocacional. Menciono adecuada y justa porque no debemos orientar grandes grupos de alumnos hacia disciplinas que ya se encuentran saturadas, lo cual sería, además de una pérdida de tiempo, una frustración más.

La educación se inicia en la familia, se incrementa en el nivel preescolar, se establecen sus fundamentos en el nivel básico y se formaliza y encauza en el bachillerato. Es a la mitad de este último periodo cuando el estudiante empieza a pensar en el camino que tomarán sus estudios. Es aquí en donde deben intensificarse los esfuerzos para guiarlos hacia una preparación que sea de su agrado.

En muchas partes, los sistemas educativos son instrumentos de cambio, ordenados a lo largo de generaciones para distribuir por clases a los individuos y a los grupos. Pero estos sistemas, sin la adecuada orientación vocacional, producirán sociedades faltas de coordinación o de adaptabilidad. El éxito estriba en cómo hacer que el resultado educativo satisfaga las demandas de la sociedad. Un exceso de personas preparadas para la administración pública o para el ejercicio de la ley o con un adiestramiento especializado favorece la aparición de una intelectualidad descontenta e inquieta en las sociedades en vías de desarrollo, que carecen a la vez de suficientes científicos y técnicos. De igual forma, un exceso de personas preparadas por debajo de ciertos límites de cultura abre la posibilidad de que se constituya una gran masa de trabajadores no calificados, mismos que serán incapaces de asimilar la readaptación constante que la moderna economía exige.

La enseñanza, que finalmente es una fábrica de talentos, llamémosla "una empresa de tratamiento masivo", preparará la mano de obra de acuerdo con la demanda profesional y gubernamental. El joven actual, idealista, preocupado con su identidad personal y con los problemas de justicia social en nuestra sociedad de masas, se sentirá decepcionado por una enseñanza dependiente mayormente del avance tecnológico.

Deben buscarse fórmulas creadoras de verdaderos planes de orientación vocacional. No es posible que sigan egresando del bachillerato jóvenes que desconocen que van a estudiar porque se prepararon en un área diferente de la que marca su inclinación o preferencia. No podemos permitir que los estudiantes desperdicien su tiempo y muchas veces su dinero en capacitarse erróneamente y en convertirse en lastre de una colectividad, que lo que necesita son generadores y creadores de nuevas oportunidades.

Cuando ejercí la docencia en el nivel medio superior tomaba dos semanas del curso para llevar a mis alumnos a visitar y enterarse del quehacer en oficinas gubernamentales, empresas, bufetes, fábricas, etcétera, para orientar sus preferencias y que tuviesen una idea de lo que es el desempeño del profesionista. Esto independientemente de las pláticas que les daba en el aula.

Hoy, cuando me reúno con algunos de ellos siento una gran satisfacción cuando expresan lo importante que han sido para su vida profesional las pláticas de orientación que de una u otra manera les auxiliaron para decidir atinadamente.

Pareciera que lo único que interesa al magisterio nacional es el poder oculto, disfrutar del paseo en camionetones de transporte de valores y la molicie. Puedo estar seguro de que la educación no importa y la orientación vocacional, bien gracias.
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