México
Don Luis Donaldo fue un hombre sabio; dan último adiós
Organización Editorial Mexicana
8 de febrero de 2010


Miguel Reyes Razo / Enviado El Sol de México

Magdalena de Kino, Sonora.- En la sala-comedor donde infinidad de ocasiones repasó -desmenuzó- hasta los más insignificantes detalles que rodearon la muerte de su hijo Luis Donaldo, Don Luis Colosio ayer se hizo presente. Poderoso tema. Grave y afectuosa, Beatriz Paredes dijo a Doña Ofelia Murrieta, a quien acarició sus frescos, húmedos cabellos:

"Don Luis fue un hombre sabio..."

La viuda Colosio quería ocultar su pena. Doña Ofelia apareció recién bañada, algo maquillada, en la sala privada. Grandes gafas oscuras velaban ojos enrojecidos, párpados hinchados. Ojos infinitamente tristes.

Doña Ofelia fue a los brazos de Beatriz Paredes. Dos mujeres reunidas, fundidas en un estrecho dolor. Ahogaban el sentimiento. Que no se hiciera lágrima la ausencia. Las mujeres se consolaban.

Apenas despertaban los del dilatado clan Colosio-Murrieta. Luis Donaldo Colosio Riojas, abogado de 24 años, buscaba una mancuernilla. Miroslava y Trinidad preparaban tazas de café fuerte. Ese aroma se esparcía por toda la casa.

"Dígame Doña Ofelia ¿Cuándo, dónde se enamoran Don Luis y usted? ¿Estaban muy chamacos?"

Compartían el sofá las dos mujeres. Matriarcal, Doña Ofelia regalaba recuerdos. Repasaba instantes felices. Viajaba a la ingenuidad.

Miroslava Yepis -"por la artista mi mamá me bautizó así. Me hubiera hecho igual de bonita, ¿no cree usted?"- entraba y salía con charolas colmadas de tazas con café. Para Guillermo Hopkins Gámez, Francisco Labastida Ochoa, Samuel Palma, Daniel, Carlos y Luis Francisco Trilles.

Poco a poco llegó la risa. Doña Ofelia disfrutaba la plática que estimulaba Beatriz Paredes. De un recuerdo a otro. De la travesura u olvido de alguien a la broma. Cosas de familia.

Y dolencias:

-Pues sí. Perdí algo de visión en mi ojo izquierdo -refirió el senador Francisco Labastida.

Casa de Padre Kino 103. Luis Donaldo Colosio la puso en el mapa.

En diciembre de 1993 -tras su destape el 28 de noviembre- llegó a Hermosillo y armó la tremolina en el aeropuerto Pesqueira. Saltaron vidrios. Alguno hirió al exgobernador Félix Valdés -llamado el caminero- y empujaron al doctor Samuel Ocaña García. En los empujones algún reportero quedó sin anteojos y sufrió la pena negra para "teclear" su información.

Y al día siguiente, aquí, en Magdalena de Kino -célebre como escenario de la entrevista Luis Echeverría-Gerald Ford-, los reporteros esperaban la llegada de Luis Donaldo. Hurgaron en los archivos de la escuela "José Fenochio" de la calle Arellano; comprobaron que Luis Donaldo fue alumno ejemplar. Ganó un viaje por la "Ruta de la Independencia". Y el privilegio de saludar en Palacio Nacional al Presidente de la República.

* ...LE INCULQUÉ A MI HIJO QUE NO OLVIDARA SU ORIGEN Y FAMILIA: DON LUIS COLOSIO

Aquel día de principios de diciembre de 1993 un individuo contó:

"Luis Donaldo es el que es porque una maestra le enseñó a recitar, a decir. Y luego fue locutor de la estación de radio de aquí".

Pueblo plácido éste. Con sahuaros que sugieren soledad y pitahayas. Población amable.

"Eso fue antes -dijo ayer un vecino. Hoy ¡qué va! Hace una semana hubo siete muertos. Asesinados. De Altar a Santa Ana y de esta a Magdalena. ¡Para qué le cuento!"

Pero en diciembre de 1993, cuando ¡por fin! Luis Donaldo Colosio llegó a la casa paterna hecho precandidato del PRI a la Presidencia y vio a Don Pedro Trilles, que ya vendía gorras con el perfil de la Catedral de Magdalena bordado en el frontal, se quedó helado al ver lo que el paso de los camarógrafos y fotógrafos habían hecho con su jardín. Ante el destrozo les advirtió:

"¡Los va a regañar mi mamá!"

A esa hora Don Luis, su padre, instruía a cocineros y meseros del restaurante "Xochimilco" cómo debían servir el banquete en honor de quien ya llamaba "el candidato".

A esa hora dijo a este reportero:

"Este terreno es para el candidato. Yo siempre le dije: 'Mira Donaldo: No te olvides de tus orígenes. No te marees por el éxito. Cuida a tu familia. Aquí siempre te querremos, hijo'".

Se prendían fuegos para asar filetes y menudencias. No cabía en su piel Don Luis Colosio Fernández. Él, un gambusino, un tenedor de libros, un agricultor, tenía un hijo que pronto sería Presidente de la República.

Lejos de la desgracia que le caería el 23 de marzo del año 1994.

Entonces, en su despacho de la calle Niños Héroes -"todavía lo tiene", contó ayer Paco Soto, por 16 años su secretario- Don Luis Colosio reveló a este reportero:

"Desde que mataron a mi hijo mi vida se tornó un vendaval. No hallo reposo. Interrogo. Exijo. Mi religión me ayuda a atenuar mi pena. Y mi mujer. Y mis hijos todos. ¡Ay!".

Entonces, Don Luis Colosio Fernández andaba en sus 73 años. Cada 23 de marzo en el cementerio municipal de Magdalena -junto al arroyo Sásabe- cerca de la cripta de su hijo clamaba:

"Justicia para Luis Donaldo...Equidad para este país...Muchos mexicanos comparten el credo político de mi hijo...Se quedaron con la esperanza...Siguen -como Donaldo los vio- hambrientos, sedientos de justicia".

Sus frases eran eco de las que en tono desgarrador había lanzado Diana Laura Riojas ante la fosa abierta para el cadáver de Luis Donaldo y con la bandera nacional entre las manos:

"¡Las balas del odio acabaron con Luis Donaldo...!"

* QUISIERA ESTAR MUCHO TIEMPO AQUÍ, MAS TEMO SE POLITICE EL DUELO: BEATRIZ PAREDES

Don Luis Colosio Fernández se consagró a su hijo muerto. Viajó por el país. De muchos lados llegaban -hasta en bicicleta- peregrinos por Luis Donaldo Colosio. Y el padre Carlos Quintero Arce -Obispo Emérito de Hermosillo- oficiaba en el cementerio.

Don Luis Colosio -quizá con asesoría y consejo de su leal Miguel Mexia- escribió un soberbio discurso en el segundo aniversario de la muerte de Donaldo.

"Lo exhumaba. Removí la tierra para sacar su ataud. El de Diana Laura también. Con ayuda de muchos construí este mausoleo. Mientras observaba como cavaban los sepultureros hablé con mi hijo.

"Le conté cómo estaba el país. Cómo lo recordaba la gente. Cómo se hallaba su madre. Cómo sus hermanas. La familia toda. Y a medida que le contaba, sentí que Donaldo me escuchaba y me respondía. Y platicamos. Y ya no solté el hilo de nuestras charlas".

-¿Cree que habrá justicia para Luis Donaldo?

"Los autores intelectuales están. Ese crimen -que tanto daño hizo a México- no puede quedar impune. Esa es mi lucha. Toco puertas. Llamo" -respondió.

Ayer domingo hacía frío en Magdalena de Kino. Como que quería llover. Rachas de viento helado estremecían a los muchos que se apresuraban para llegar a la "Funeraria Ochoa". Ahí se velaba el cadáver de Don Luis Colosio Fernández.

Tiempo de condolencias. Al político Guillermo Hopkins por la muerte de su tía Delia Hopkins de Vélez. El sábado la sepultaron.

Pesar en los rostros. En los ánimos. En la conducta.

"Mire Reyes Razo -dijo la señora Beatriz Paredes al salir de la fúnebre sala-, los políticos nos vamos pronto de una ceremonia como ésta para evitar que tenga tintes políticos".

Había saludado al joven Luis Donaldo Colosio Riojas con ancha sonrisa y sonora exclamación:

"Somos viejos conocidos y afines por razones políticas y artísticas".

Y el joven Luis Donaldo Colosio Riojas completó el abrazo.

Era gobernador de Sonora Manlio Fabio Beltrones. Cuidó a Don Luis Colosio. Lo designó Secretario de Agricultura. Solícito: "Lo que se le ofrezca, Don Luis. A sus órdenes"

* MANLIO FABIO BELTRONES Y ENRIQUE JACKSON MIMARON A DON LUIS

Y ocurrió que un día Don Luis Colosio se puso a reparar el techo de su pequeña, fina, "Aquituni". Arreglaba el techo. Resbaló. Cayó. Quedó muy lastimado.

Alarmado, inquieto, Manlio Fabio le reconvino:

"Por favor, Don Luis. No se exponga a una herida. Si necesita algo, diga. ¿Una cuadrilla para que le arregle el techo? No me sobresalte Don Luis."

Y también Enrique Jackson, que se desvivió por cuidar la salud del senador Luis Colosio Fernández. Todo el tratamiento médico que necesitó. Lo mejor. Lo esmerado. Dador de afecto y cuidados, Enrique Jackson visitaba frecuentemente la casa de Padre Kino 103.

Domicilio de los Colosio-Murrieta. Fotos de Luis Donaldo Colosio por doquier. En la sala. En las paredes de corredores y vestíbulo. En salas de lectura. Una, en blanco y negro, lo muestra yendo por los rumbos de Buenavista. Muy cerca de las calles que recorrió -con éste y otros dos reporteros- el domingo 6 de marzo de 1994.

Instantánea. Con la crecida melena, en traje cruzado, con pantalón holgado Colosio avanza. Mira y le contenta lo que ve. Sonríe.

Esa fotografía contiene esta inscripción: "México quiere democracia pero rechaza su perversión: la demagogia".

Ayer -como lo hacen siempre- los reporteros cumplían su encargo. Preguntar. Sondear. Indagar.

"¿Qué efecto tiene en el PRI la muerte del señor Colosio...?

"¿Seguirán vivos los ideales de Luis Donaldo Colosio...?"

Y la señora Beatriz Paredes:

"Sólo diré que estamos aquí para dar apoyo, fortaleza, a la familia de nuestro inolvidable compañero. Don Luis Colosio fue un mexicano excepcional. Gracias".

Y lo mismo el senador Francisco Labastida.

Y el rumor:

"Que dicen que va a venir el licenciado Luis Echeverría. Eso dice Licha Arellano. Ella fue Alcaldesa de Magdalena. Y Diputada y Senadora. Y su carrera se dilató hasta la Alcaldía de Hermosillo".

-¿Es cierto, señora Arellano?

Y Licha Arellano dice:

"Pues yo le avisé al licenciado Echeverría. Don Luis Colosio y él fueron buenos amigos y se frecuentaban. Dejé personas en Hermosillo para que me avisaran..."

Y llega -discreto, solitario, serio- el doctor Samuel Ocaña García. Médico formado en el Politécnico Nacional. Estudiante pobre que vivió estrecheces y se refugió en el "internado". Hasta que un día, Alejo Peralta echó mano del Ejército, sacó a los pobretones del "internado" y lo clausuró.

* ¿QUIÉN PUEDE CREER LAS VERSIONES QUE MANEJAN DE LA MUERTE DE MI HIJO?: DON LUIS COLOSIO

Samuel Ocaña García. Neumólogo. Iba para Diputado federal. Y amaneció candidato a Gobernador. Recibió el cargo de manos de Don Alejandro Carrillo Marcor. Político de excelente fama. Sin ayudantes. Ni guardaespaldas. Ni juicios agrios.

Se va hasta el ataúd de Don Luis Colosio Fernández.

Ya llegaron Alfonso Durazo y Miguel Lerma Candelaria. Y Cecilia Fontes con el aliento e impulso de siempre. También Adalberto Villaescusa y Miguel Mexia con su esposa. Y Julián Lozanilla, que dice estar muy orgulloso de su origen campesino. Y Daniel Trilles, que es delegado del PRI en Michoacán y describe:

"Decir que soy de Sonora y que nací en Magdalena me abre muchas puertas en mi quehacer político. Jóvenes que eran niños cuando Colosio fue candidato quieren saber de él. De cómo era. Y qué le pasó".

Una tarde de hace poco más de diez años, en la sala de su casa de la calle Padre Kino 103, en esta Magadalena, Don Luis Colosio Fernández revisaba paso a paso la ruta del asesinato de su hijo.

Los hermanos Trilles Daniel y Luis Francisco con este reportero lo escucharon durante horas. Tarde de tiempo pasado. Don Luis reconstruía los sucesos del 23 de marzo de 1994.

Rabiaba el hombre. El buen padre tenía los ojos arrasados de lágrimas. Estremecía su deducción. Su inferencia. Su juicio. Desbrozaba versiones. Echaba abajo conjeturas.

Interrogó:

"¿Creen ustedes que voy a conformarme con que me digan que mi hijo giró así y cayó asá?

Gimió.

Y se quedó sin respuesta.

Don Luis Colosio Fernández murió el sábado 6. Ayer lo enterraron en el cementerio que conserva los restos de su amado hijo Luis Donaldo y su esposa Diana Laura.

Y su pregunta y su exigencia siguen sin respuesta.