Opinión / Columna
 
David Augusto Sotelo Rosas 
Razón de la coalición
El Sol de Acapulco
1 de febrero de 2010

  Las coaliciones son legales. A pesar de la crítica contra ellas, son políticamente válidas y legalmente procedentes. Pero no sólo en México, sino en la mayoría de países, inclusive en algunos estados musulmanes y el único judío. Suecia, una de las democracias más reconocidas, desde hace 60 años, es foro de este tipo de alianzas. En el tiempo, la derecha y la izquierda se unieron en Chile.

Aunque se tache de que la coalición entre PRD y PAN es "perversa" o va "contra natura" (haciendo a un lado que esto no se trata de religión ni biología, sino de política), la verdad es que existe preocupación y alarma de quienes la critican, no sólo porque pudieran perder Oaxaca, Puebla y Veracruz, en este año -y las del próximo- sino porque de concretarse un gran frente de partidos las elecciones presidenciales del 2012 ya no serían de mero trámite, como hasta ahora se ha venido dibujando. Quienes critican la coalición esgrimen socarronamente que ésta se busca porque los partidos pretensos se sienten "débiles". Hombre, claro, por definición las coaliciones se hacen por eso y para eso. Lo sabe cualquier estudiante de primer semestre de Derecho, de Sociología, o de Ciencias Políticas.

En regímenes presidenciales y parlamentarios que tienen segunda vuelta existen las coaliciones. En México las establece la Constitución federal y las estatales, así como sus leyes reglamentarias. En el caso actual, dos objetivos comparten derecha e izquierda: derrotar al partido hegemónico que sigue utilizando recursos públicos para ganar clientelas electorales, y parar su tendencia ganadora en los estados, a fin de estar en aptitud de competir, en igualdad de condiciones, en 2012. De lo contrario, es "bola cantada" quién ganará la presidencia de la República. Armar coalición entre partidos disímbolos no tiene nada de malo, ni perverso, ni mucho menos ilegal. No se trata de pecados o de moral, se trata de la ley y la política. Lo prevé la legislación.

Si queremos construir un sistema democrático y dar paso a una verdadera contienda electoral plural, el concurso de una coalición es saludable a la República. En el caso de Guerrero bien vale la alianza política en contra del regreso del caciquismo, de las pandillas y la expoliación de nuestros recursos. Nuestro entidad federativa no puede volver a ser el "rancho" de caciques, donde no existen ciudadanos, sino súbditos, mozos de espuela, de estribo, achichincles y siervos. Requerimos plantear un modelo de desarrollo económico y social diferente. Empezar a crear las condiciones políticas, culturales, económicas, industriales, agropecuarias de crecimiento económico, para dejar el atraso que padecemos. No bastan seis años.

Zeferino Torreblanca, por más voluntad que ha tenido, y por más escrúpulo, transparencia y planificación de los recursos públicos, no puede superar en ese periodo el grave atraso, de décadas, que mantuvo un solo partido. De allí que los ciudadanos que pensamos en las próximas generaciones debemos unirnos en una coalición de partidos. Por el bienestar de Guerrero.
 
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