Opinión / Columna
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David Augusto Sotelo Rosas
Lo obvio
El Sol de Acapulco
2 de noviembre de 2009
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Una vez más el Congreso perdió la oportunidad de hacer una reforma al sistema fiscal en México. Como en otros años se promete que "el próximo año" ahora sí se hará. Pero nunca sucede eso. Como autocrítica debo decir que lo mismo pasó cuando fui diputado en la LVIII Legislatura. Los coordinadores parlamentarios, junto con los líderes de los respectivos partidos, pactaron con los funcionarios de Hacienda, y los demás sólo seguimos "la línea" a cumplir, porque así convenía a los intereses de cada partido. Eso mismo acaba de pasar. Todos cuidando el llamado "costo político". Nadie está dispuesto a realizar lo técnicamente correcto, porque es políticamente incorrecto. Todo en aras del corto plazo. Cada quien ubicando sus posiciones para los comicios del 2012. Se siguió la política de subsumir los intereses generales a los de los "amos de México", como los llama Jorge Zepeda Patterson.
Las 400 empresas que controlan las 30 familias más ricas de México y del mundo seguirán expoliando los recursos del territorio y eximiéndose de contribuir con la nación.
En lugar de ampliar la base gravable, se prefirió seguir gravando los ingresos de quienes ya estamos cautivos. Ahora será de 30 por ciento, mientras que los grandes consorcios pagarán, aproximadamente, el 2.3 por ciento. Eso no es ni justo ni equitativo. En lugar de que exista un solo impuesto dirigido al consumo se prefiere seguir gravando el ingreso. El IETU, el IEPS, el IDE, etcétera, no son más que subterfugios para rehuir lo más sencillo que es cobrar el IVA en todo. Este impuesto es universal, casi imposible que se pueda evadir. Muy fácil de recaudar y barato de administrar. Para quien contribuye con el IVA no le grava el ingreso, ni necesita de contadores o trámites ante el SAT. Así mientras las personas que tienen más ingresos, más gastan y por tanto más tributan sin que se afecte su bolsillo. Paga más quien más consume. Paga menos quien menos consume. Pero seguimos viviendo en la fantasía y el autoengaño.
Hay millones que exigen obras y servicios, pero que no son contribuyentes, y que no pagan impuestos o evaden obligaciones fiscales. Muchos piensan que el gobierno posee los recursos para ayudarnos y hacernos derechohabientes. No traemos dinero en la cartera, o cerramos nuestros negocios o despachos, o estamos desempleados, pero creemos que el gobierno tiene dinero de sobra o que tiene alguna fuente de donde brotan esos recursos. Hemos crecido con la idea de que el Estado no sabe de imposibles. Claro, si hay millones de individuos que no contribuyen con su dinero para que haya recursos públicos, es entendible que ignoren que el pago de impuestos es la fuente de la hacienda pública. Por eso piensan que el gobierno saca el dinero de alguna mina o pozo o manantial, donde sale el dinero o la riqueza.
El autoengaño seguirá mientras el gobierno sea considerado una entidad diferente de la sociedad que además posee recursos propios y sin límite. Nosotros ni los legisladores comprendemos que las obras y los servicios que demandamos son resultado de nuestro propio peculio. Que los recursos públicos serán menos cuanto menos sea la producción privada y social de la riqueza, de la que el Estado cobra los impuestos. Pero no queremos verlo, porque no queremos pagar. Así de fácil.