Opinión / Columna
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Alfredo Gabriel Páramo
Dan Simmons y el espacio interior
El Occidental
17 de abril de 2010
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SOBREVIVIR A TERRITORIO COMANCHE
Una vez más, quisiera hablar de literatura. Lo hago porque creo que más que ningún otro arte, la literatura permite ligar al ser humano con sus semejantes. Ya lo dice Stephen King, la literatura es la única forma efectiva y probada de telepatía.
En estos tiempos difíciles, en este territorio comanche de la posmodernidad, leer algunos autores es la mejor manera de reflexionar sobre nosotros mismos y sobre la posibilidad de establecer formas diferentes de encarar los problemas.
Este es el caso de la obra de Dan Simmons, autor de Hyperion, una de las sagas más impresionantes de la ciencia-ficción, cuyos dos primeros títulos (Hyperion y Regreso a Hyperion) son dos obras fundamentales de la literatura del siglo XX, de novelas de terror como Vampiros de mentes y de gran cantidad de obras de los más variados temas y géneros.
Simmons demuestra que, en realidad, su especialidad son los viajes al interior de la mente de los seres humanos, a tratar de mostrar lo más profundo de los procesos que los llevan a actuar de una forma determinada, a ser como son.
En Fases de gravedad, un astronauta que viajó en una de las últimas misiones Apolo a la Luna, hace un viaje de descubrimiento personal al buscar a su hijo que ha caído bajo la influencia de un mercader de misticismo. En ese viaje, Baedecker reencuentra sus motivaciones y tiene la oportunidad de tomar decisiones éticas en torno al mundo que lo rodea. Al mismo tiempo, es testigo de la degradación de muchos de los valores inspirados en el racionalismo, propiciados por un retorno a valores místicos fundamentalistas que llevan a uno de sus compañeros, por ejemplo, a hablar de un encuentro con la divinidad en su viaje a la Luna del que no habló nunca antes de convertirse en predicador.
Baedecker, el protagonista de Fases de gravedad, es testigo de la manera en que se entrelazan los hechos ocurridos en la niñez de otro de sus amigos con la enfermedad y la paternidad en el momento de tomar decisiones que pueden llegar a costarle la vida, pero que si no se tomaran, serían una traición en todo lo que se cree y en lo que se ha vivido.
Algunas personas han dicho que Fases de gravedad es una "novela aburrida en la que no pasa nada". En efecto, no pasa nada si con esto queremos decir que no hay aventuras extraordinarias o cambios repentinos en la motivación de los personajes. Fases de gravedad es una novela en la que la vida discurre terca, inexorable y fatal; en la que los seres humanos se enfrentan al destino sabiendo que no lo pueden derrotar, pero que el valor de su vida lo da, precisamente, saberlo y no por eso rendirse ante lo inevitable.
La novela es un ejercicio de análisis de los sistemas de creencias que se enfrentan a una posmodernidad que nos trae integrismos, magia y horóscopos; que nos vende guerras en televisión, consumo global y escepticismo. Es una novela que basa la esperanza de la humanidad en la razón, como resume Maggie Brown, otro de los personajes, al hablar de su sistema de creencias: "Creo en la riqueza y el misterio del universo; no creo en lo sobrenatural".
En suma, podemos decir que Fases de gravedad no es una novela para todos, ni para consumos masivos. Es una obra de reflexión para quienes se interesen profundamente en el espacio insondable, constituido por el interior de cada uno de nosotros.
* Escritor y académico de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García.
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