Opinión / Columna
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Xavier Marconi Montero Villanueva
Xavier Marconi Montero Villanueva
Marcos Montero Ruiz
El Occidental
25 de abril de 2010
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Este 25 de abril se conmemora el centenario del natalicio de uno de los grandes dirigentes obreros y líderes sociales con que ha contado Jalisco.
El 25 de abril de 1910, año de inicio del movimiento de la Revolución Mexicana, vio la luz primera en el municipio de Ahuacatlán, Nayarit, don Marcos Montero Ruiz.
Desde muy temprana edad, don Marcos emigró junto con su familia a la Ciudad de Guadalajara, en busca de mejores condiciones de vida, en compañía de su padre don Paulino Montero Chávez, quien recién había enviudado de la señora Teodosia Ruiz y sus hermanos Francisco, Lucio, Domingo y Josefina.
De origen humilde, heredó de su padre el oficio de panadero, el cual desempeñó con gran orgullo y le permitió fincar en el andar de la vida su destino como luchador de las conquistas laborales de sus compañeros trabajadores.
Don Marcos fue un hombre de gran conciencia de clase, de un profundo compromiso social que pregonaba con el ejemplo; un líder obrero auténtico que vivió y murió con la sencillez de un hombre que se sabe representante y compañero de los trabajadores, no quien vive abusando del esfuerzo de sus representados.
Autodidacta, pues tuvo la oportunidad de asistir sólo hasta el sexto de la educación primaria por tener que iniciar a trabajar, participó desde muy joven en las luchas por construir las organizaciones sindicales en Jalisco. Fue parte de la CTM de Vicente Lombardo Toledano y posteriormente, siendo parte importante del Comité de la Central Única de Trabajadores (CUT), creó ya como compañero de lucha de su entrañable amigo Francisco Silva Romero y otro importante grupo de dirigentes sindicales, la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, (CROC) de la que fue Presidente del Comité Ejecutivo Nacional.
Creó el Sindicato de Trabajadores de la Industria Panificadora del Estado de Jalisco y tuvo importante desempeño en la representación de los trabajadores ante diversos organismos como el Infonavit, el Coplaur, el Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), además del Comité de defensa del Lago de Chapala.
De innegable espíritu humanista y emprendedor, suplió su incipiente escolaridad convirtiéndose en un contumaz lector, lo que le permitió conocer de prácticamente todos los temas, por lo que llegó a ser reconocido como uno de los ideólogos de la CROC y de las organizaciones sindicales.
Hombre de ideales firmes, nutrió sus raíces formativas de hombres que crearon lo que hoy es nuestra patria, como Belisario Domínguez, Ricardo Flores Magón y de manera muy especial de Don Benito Juárez García.
Su capacidad y liderazgo le permitió además de realizar sus funciones como representante obrero, alcanzar diversos cargos políticos, lo cuales desarrolló con eficiencia y honradez.
Fue regidor de Guadalajara en dos ocasiones (1946 y 1967); se desempeñó como diputado federal en dos legislaturas; diputado local en el Congreso del Estado en tres diferentes oportunidades y alcanzó la Senaduría Suplente por el Estado de Jalisco.
Además desempeñó el cargo de Presidente municipal de Tlaquepaque, cargo que más gusto le dejó, ya que con su Gobierno, don Marcos Montero inició la gran transformación de este municipio, convirtiéndolo en un gran polo turístico y llevando grandes obras de infraestructura social.
Si pudiéramos identificar a don Marcos Montero en diferentes palabras, éstas serían pasión, congruencia, humildad, sencillez, sabiduría y gran ser humano.
Casado con la señora María Magdalena Orozco, creó una gran familia de la que nacieron 10 hijos y varios nietos y bisnietos; siempre fue un hombre cariñoso, bondadoso, que impulsó siempre el desarrollo integral de su familia.
Amigo de hombres sencillos e importantes, de ricos y de pobres, de gente del pueblo y de intelectuales, siempre fue el mismo, con su inquebrantable compromiso por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.
A 100 años de su natalicio, lo recordamos en su mejor faceta, la de gran persona, esa que transitaba en camión o en taxi para irse a trabajar; el del hombre generoso con todos quienes le rodeaban; el de hombre íntegro y honrado.
No cabe duda que hay vidas de excepción, que hacen historia. Vidas que a fuerza del sacrificio, del insistir en ser útil a los demás, terminan sin querer serlo, ejemplo para todos.
A 100 años de distancia, que grande se sigue viendo don Marcos Montero Ruiz.
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