Opinión
Hiram Abel Ángel Lara
¿Contra quién se enfrenta Obama?

El Occidental
24 de enero de 2009

Difícil es mantenerse ajeno al ascenso de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos. Tal vez, hay que aceptarlo, uno llega a contagiarse del exceso de optimismo y esperanza que este hombre segrega por todos sus poros y por ese lenguaje ágil e inteligente que lo llevó a pasar de ser un desconocido senador estatal a, tal vez, uno de los hombres más famosos de la actualidad. Su personalidad para algunos (detractores y adeptos) raya en el mesianismo, lo que de entrada ya implica una responsabilidad mayor que no necesariamente logra satisfacer a adeptos con buenos oficios de política, también un riesgo para la persona misma en tanto que la distancia entre la tierra y el cielo puede difuminarse en un santiamén. Sin duda, la gran virtud de Obama radica (al menos hasta ahora) en un pragmatismo que lo mantiene lejos de cualquier dejo de espiritualidad suprema, cosa que no ocurrió por ejemplo con su antecesor, quien apelando a un fanatismo cuasi-religioso llevó al mundo a una guerra en el Medio Oriente cuyas repercusiones económicas, políticas y ambientales están aún por manifestarse. Pero la estupidez de Bush no puede compararse con la inteligencia del nuevo presidente, a pesar de que uno haya tenido ocho años para demostrarlo y el nuevo habitante de la Casa Blanca apenas cinco días (además de todo el año de precampaña y campaña que ya conocemos).

En estos primeros días el ex senador de Illinois ha sido consecuente con su discurso. En primer lugar ordenó disposiciones claras para reducir salarios de los altos funcionarios de su gobiernos y transparentar todas las acciones que llevé a cabo su administración, exceptuando aquellas donde vaya en juego la seguridad nacional (estrictamente). El cierre del centro de detención de Guantánamo y el reconocimiento explícito de que los Estados Unidos torturan a sus enemigos (normalmente meros sospechosos) en sus cárceles clandestinas de la CIA es otra acción que merece todo el reconocimiento internacional. Finalmente, esta semana también modificó la legislación que la administración Bush implementó para limitar la investigación con células embrionarias madre, tan útil para tratar de encontrar la cura de enfermedades genéticas. Tales acciones no sólo reflejan un gran avance en la forma de ejercer el poder al interior y exterior de los Estados Unidos, sino que además son un importante precedente para el cambio en las perspectivas futuras.

La presencia del primer afro-americano o mulato -como quieran tomarlo- en un espacio político reservado a los anglosajones es por sí mismo un acto que impulsara cambios en las relaciones multiculturales de occidente y del resto del mundo. También son un impulso para ampliar la tolerancia religiosa, como ya lo hizo saber en su discurso: al referirse a que católicos, judíos, musulmanes, budistas y ateos están incluidos en el proyecto norteamericano.

En un mundo tan caótico y contradictorio como el actual las voces progresistas (y acciones) son bienvenidas, por ello no se puede estar ajeno a lo que acontece con Obama. Si bien, esta obamanía tan criticable por algunos es cuestión de moda, no es menos cierto que ella parece impulsar un optimismo exacerbado sobre la capacidad humana de lograr acuerdos mínimos de paz y armonía cuando parecía que todo estaba conduciendo irremediablemente al fracaso. Pero ni Obama es el mundo, ni el mundo es de Obama y la realidad tampoco puede borrarse con una celebración de toma de protesta ante más de dos millones de personas.

Irak sigue siendo un país desgastado por la guerra que al ser retiradas las tropas estadounidenses caerá en un abismo más profundo del que ya está; Rusia seguirá impulsando sus iniciativas por recuperar los espacios de hegemonía perdidos después de 1989; América Latina, junto con África, seguirá siendo una de las regiones con mayor desigualdad y pobreza en el mundo; la migración persiste; la crisis del sistema de mercado no se detiene y el calentamiento global parecería ser ya irreversible. Para un país aún hegemónico como lo son los Estados Unidos, responsable en gran parte de las desgracias humanitarias por su intervención (o no intervención) en los problemas globales la situación no es fácil, mucho menos para un solo hombre, quien hoy en día gobierna a los mismos que durante los últimos años se encargaron de hacer más inhabitable el mundo y solaparon las crisis humanitarias y ambientales que hoy se padecen. Los mismos que eligieron a Bush (o que estuvieron de acuerdo con él) durante dos periodos seguidos y que hoy agazapados -seguramente- esperan que la obamanía se termine y puedan salir de sus madrigueras. Con y con ellos tiene que reedificarse este planeta, lo difícil será convencerlos.

* Analista político e internacionalista

hiram.angel@gmail.com
Columnas anteriores
Columnas

Cartones