Opinión / Columna
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José Luis Cuéllar de Dios
Arduo de digerir
El Occidental
5 de febrero de 2010
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La lectura del libro "El Espejismo de Dios" de Richard Dawkins la termine, por fin, después de cuatro semanas. Es apasionante y hubiera querido hacerla de corrido que es la forma en la que, personalmente, más disfruto los libros; pero el tirano tiempo impone sus condiciones y ni manera de vencerlo. A Dawkins se le define como "el más notable ateo del mundo", por lo que sólo armado de la inefable varita mágica de la fe se le puede enfrentar y leer. Con sólo una de las opiniones que personas de alto nivel académico y científico expresan acerca del libro de R. D., el lector se podrá dar una idea del reto al que me refiero: "Con rigor e ingenio, Dawkins examina a Dios en todas sus formas. Disecciona los principales argumentos de la religión y demuestra la suprema improbabilidad de un ser supremo. Muestra cómo la religión alienta las guerras, fomenta el fanatismo y el abuso infantil, apuntalando sus ideas con evidencias históricas y contemporáneas". En otras palabras, la vieja y comprensible discusión acerca de si el hombre creo a Dios o Dios creó al hombre, acompañada del cuestionamiento simplistamente histórico del costo beneficio de las religiones, sobre todo las monoteístas: cristianismo, judaísmo, islamismo.
Teorías, postulados, estudios filosóficos, teológicos, antropológicos, históricos y mil recursos más han sido abordados, analizados y planteados por grandes pensadores a lo largo de la Historia acerca de este inquietante tema: Dios-religión; religión-Dios. Curiosa e inexplicablemente entre más se avanza en los conocimientos científicos y tecnológicos mas se pone en tela de duda la existencia de Dios, cualquiera que sea la versión humana que de Él se tiene. Y digo inexplicablemente porque quienes cuestionan son precisamente aquellos hombres que nacieron dotados con talentos superiores: Como si a mayor conocimiento mayor soberbia para retar a Dios, desconocerlo y erigirse en dictadores de la verdad.
El avance científico, incontenible y certero, ha dado luz a muchos temas hasta antes desconocidos o malinterpretados, sin embargo, la gran interrogante aun no se despeja: ¿Cómo comenzó todo y si hubo comienzo quien dio el primer impulso? Carl Sagan, uno de los más destacados astrónomos y científico incansable, confiesa que entre más descubría secretos acerca del infinito universo más se sorprendía ante la grandeza de lo creado, ante la increíble armonía y perfección de todo lo que existe, incluso escribe un libro: "La diversidad de la ciencia" en el que aborda el tema Dios, inquieto y cuestionado por esa impresionante creación.
Me pregunto si podríamos llegar a una afirmación, contundente y satisfactoria acerca de la existencia de Dios leyendo la Biblia, la Tora, a Platón, a Cicerón, a San Agustín, a Racine, a Montaigne a Nietzsche, a Thomas Man, a Voltaire a Paúl Valery, a Einstein, a Sagan, y al propio Hawkins; estimo que no, lo digo porque pienso que la limitación del hombre convierte la interrogante de Dios en una pausa convertida en permanencia.
La pulsión por descubrir la verdad es insita a nuestra condición humana, todos los conocimientos científicos y tecnológicos que se han hecho arrancan de dicha pulsión. Tenemos dos alternativas para tratar de explicarnos la maravilla de la creación, la que por cierto, cada vez se hace mas infinita, mas grandiosa, más incomprensible y en consecuencia nos convierte, a su vez, en criaturas más simples, más insignificantes, más temporales y sobre todo menos importantes para transformar el curso de la creación; la primera, agradecer la misteriosa bendición de cargar con una fe en Dios que nos hace transitar el breve recorrido de esta vida con la dicha de la esperanza. La segunda esperar que las futuras generaciones llenas de conocimiento, logren vivir, así sean mil años con la seguridad de la temporalidad del hombre. Tenemos la libertad de escoger. Amén de los amenes.
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