Opinión / Columna
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José de Jesús Martínez Gil
Violencia y paz
El Occidental
4 de febrero de 2012
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Desde la creación del mundo ha existido la violencia, tan es así, que basta recordar la muerte de Abel por su hermano Caín. Asimismo, ha existido la violencia, casi en forma simultánea, tanto verbal como física, mismas que con el tiempo se fueron extendiendo e incrementando según el crecimiento de la población y naturalmente de acuerdo con las ambiciones de cada uno de los seres humanos que habitaban el planeta en aquella época, e inclusive en el momento actual.
La violencia se presentaba más encarnizada en aquellos casos de una guerra civil, una revolución o una guerra mundial, sin embargo, en las últimas décadas se ha venido presentando fundamentalmente por la llamada delincuencia organizada y el narcotráfico, mismas que tienen sumamente preocupada a toda la población mexicana, ya que día a día se encuentran personas que pierden la vida o sufren daños en su integridad física o en su patrimonio debido a ello.
Cuando la violencia es planeada, premeditada, como es en los casos de terrorismo, revolución, etcétera reviste mayor importancia que un acto instantáneo, impulsivo, pero violento, como puede ser la reacción del público en un acto deportivo y tan es así, que se acaba de presentar en Egipto un acto de esta naturaleza, en donde murieron 78 personas y hubo más de 250 heridos.
Por regla general, hay violencia cuando hay injusticia, entendiendo por esta, la falta de equidad en todas las áreas de la vida, así, quien abuse de un derecho, por insignificante que éste sea, está cometiendo una injusticia, por que puede ser económico, político y social, tanto en la vida privada como en la vida pública, sin embargo, el origen de la violencia es de diferente naturaleza pues como ya lo he señalado anteriormente, se debe a la ambición económica o política, a la codicia, a la soberbia, a la vanidad, a la ignorancia, a la falta de educación y cultura, aunque quien tiene esto último no es garantía de la no violencia.
Jesucristo, así como Gandhi, Martin Luther King y otros muchos santos y laicos, dedicaron toda su vida a dar testimonio por la paz y el rechazo a la violencia.
Se está muy preocupado por los recursos materiales y el bienestar económico, tan es así que se estudia en algunas universidades, fundamentalmente para lograr un éxito económico, despreciando, o bien, olvidándose del aspecto humano y de los valores fundamentales de la persona humana.
"La paz, de acuerdo con la enseñanza tradicional de la Iglesia es ante todo "obra de justicia" (Gaudium Et Spes). Ella supone y exige la instauración de un orden justo en el cual "los hombres puedan realizarse como hombres, en donde su dignidad sea respetada, sus legítimas aspiraciones satisfechas, su acceso a la verdad reconocida, su libertad personal garantizada. Un orden en el que los hombres no sean objeto, sino agentes de su propia historia. Ahí, pues, donde existen injustas desigualdades entre hombres y naciones se atenta contra la paz..."
Paulo VI afirmó en Bogotá (23 de agosto de 1968) que: "La violencia no es ni cristiana ni evangélica". "El cristianismo es pacífico y no se ruboriza de ello. No es simplemente pacifista, porque es capaz de combatir. Pero prefiere la paz a la guerra. Sabe que los cambios bruscos y violentos de las estructuras serían falaces, ineficaces en si mismo y no conforme ciertamente a la dignidad del pueblo, que reclama que las transformaciones necesarias se realicen desde adentro"
Tradicionalmente y sobretodo en la época actual, no se nos educa para la paz, sino más bien para tener "éxito" en la vida, para tener más y no ser más, por eso, tomando en consideración esta situación que se refleja principalmente en diversos programas de televisión, en donde las novelas aparte de presentar una gran violencia, exhiben una serie de contravalores morales, éticos y espirituales, como son el adulterio, el alcoholismo, la drogadicción, la violencia intrafamiliar, la corrupción, etcétera, pues las empresas que aceptan exhibir estos programas sólo les importa el lucro, despreciando el daño que causan a la población mexicana.
Por todo lo anteriormente mencionado, es necesario e indispensable que todas las personas conscientes y responsables, nos avoquemos a dejar un México mejor para las generaciones presentes y futuras.
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