Opinión / Columna
|
Jorge Gómez Naredo
Algo sobre consumo cultural en Guadalajara
El Occidental
9 de noviembre de 2009
|
En Brasil, las autoridades han notado que la gente de abajo tiene pocas posibilidades de consumir cultura (entendida ésta como actividad o creación artística). Así lo anunció el viernes pasado una pequeña nota del diario argentino Página 12: "Según el ministro de Cultura de Brasil, Juca Ferreria, su país vive una situación similar a un apartheid cultural: 'Ningún producto cultural llega al 20% de la población. Menos del 10% entró alguna vez a un museo, sólo el 13% va al cine, el 17% compra libros y el 92% de los municipios no tiene ni cine ni teatro' Ferreria destacó la necesidad de financiar el consumo cultural popular y anunció un proyecto de ley para crear un vale mensual de 30 dólares -financiado por el Estado, los trabajadores y los empleadores- que podría ser canjeado en librerías, tiendas de discos, cines, teatros y museos. El vale llegaría a 14 millones de empleados".
Lo que está sucediendo en Brasil es verdaderamente alentador. En una época de "crisis mundial", las autoridades culturales de un país "en vías de desarrollo" deciden implantar un programa para que los de abajo puedan tener consumo cultural, para que puedan asistir al teatro, ir al cine, leer un libro, entrar y admirarse en un museo, etcétera. Sin duda, allá, en Brasil, se sabe que un pueblo con mayor nivel de conocimiento y de sensibilidad siempre es un pueblo mejor. ¿Acá, en México, qué sucede?, ¿qué pasa en Guadalajara? Sin duda estamos en las antípodas.
¿Cuánto cuesta ir al teatro?, ¿cuánto apoyo se le da a este arte?, ¿qué tan caro es ir a ver una película en el cine?, ¿podamos adquirir una buena obra literaria en una cantidad de dinero relativamente baja?, ¿a cuántos conciertos en un año puede ir un trabajador?, ¿cuántos discos de música puede adquirir? La cultura, acá, en Guadalajara, es cara. Las autoridades, aunque en algunos aspectos han hecho esfuerzo, lo cierto es que el consumo cultural se sigue dando en una élite pequeña. Y es que no se ha hecho el esfuerzo de poner la cultura en las calles. Y menos se ha planteado algo como en Brasil, que, en conjunto, Estado, trabajador y empleador, cooperarán para que los obreros puedan tener mayor acceso al consumo cultural. Acá, en Guadalajara, eso suena a utopía. Quien se atreva en estas tierras a plantear algo así pronto sería estigmatizado como "loco", como gente que no mira la "crisis mundial", como insensato, sin cacumen, pensador de imposibles.
Acá la televisión manda. Y no dudo que en Brasil también, pero en México la televisión decide incluso los planes culturales del Gobierno. La televisión implanta ídolos, modos de pensar, formas de actuar y maneras de razonar, tabús incluidos. Dice qué es "cultura" y qué es "espectáculo". Lo cierto es que lo impone entre amplios sectores de la población, porque no hay más ofertas de consumo cultural, porque es difícil y caro ir a conciertos, ver obras de teatro, mirar películas de las llamadas de "arte". Y las autoridades no hacen mucho por revertir dicha situación, pues ellas (emanadas "democráticamente" de las urnas) suelen tener grandes deudas (no confesables, pero siempre pagadas) con los dueños de las televisoras.
¿Cómo se puede revertir esto? ¿Cuándo habrá un funcionario público en Guadalajara que plantee algo parecido a lo hecho por el Ministro de Cultura de Brasil? El panorama no es muy alentador. La cultura es relegada en los presupuestos estatales, especialmente en los hechos por los gobiernos panistas. No se busca sacar a las calles el arte ni la cultura. En la Ciudad de México se ha logrado mucho y se observan avances importantes. El caso de Guadalajara es lamentable, pues no se miran esfuerzos, no se ven iniciativas ni apoyos para que el pueblo, la gente de abajo, tengan mayores posibilidades de consumir cultura. Y ello es preocupante. Ojalá un día, las autoridades tapatías aprendan de las brasileñas y se den cuenta que el consumo cultural de las mayorías es necesario, imprescindible, si se quiere progresar, si se busca bienestar, si se pretende un poquito de justicia.
jgnaredo@hotmail.com
Columnas anteriores
Columnas anteriores