Opinión / Columna
 
Arnau Muriá 
Las yeguas de Troya
El Occidental
9 de febrero de 2012

  Tras el avenimiento de Josefina Vázquez Mota como candidata de AN, no faltaron los insulsos que, asumiendo una actitud de graves y sabias eminencias, empezaron a hacer disertaciones en torno a la pregunta:

"¿Estará México listo para que lo gobierne una mujer?"

Pregunta que inclusive parecería enmascarar otra mucho menos políticamente correcta, mucho más estúpida y absolutamente patriarcal:

"¿Será una mujer capaz de gobernar México (pudiendo añadirse) con el nivel de violencia que hoy sufrimos?".

La respuesta parecería contundente. Claro que Vázquez Mota puede gobernar. Bastaría esgrimir que la función del Presidente es pensar, delegar, empoderar y en todo caso llamar a cuentas; función que no depende en nada de la fuerza física que es, fundamentalmente, la gran ventaja de los varones sobre las varonas para parafrasear el Viejo Testamento (GN 2:23).

Es más, si al uso de la fuerza fuéramos, deberíamos recordar que la civil Margaret Tatcher derrotó al militar Leopoldo Galtieri en la Guerra de las Malvinas. Es decir, en esos menesteres poco tiene que ver el género.

Depende en cambio, de la capacidad de manejar muchos, muchísimos temas a la vez, que según parece es una habilidad mucho más femenina que masculina.

Aunque la mera candidatura, ya no digamos el ganar las elecciones, sí sería un triunfo del feminismo en términos de romper ciertos paradigmas -se sospecha que la pregunta dista mucho de la inocencia concomitante a la mayoría de los políticamente correctos o de la sana intención de conjurar el sexismo imperante en nuestro país- sino más bien parecería un gambito descriptible como el uso de una yegua de Troya.

Se hace este planteamiento fácilmente atacable, para devastarlo, en una superandanada mediática y así sepultar el análisis de lo que realmente un candidato nos puede ofrecer; sin que importe si es hombre, mujer, trans o hermafrodita. El enfatizar que es mujer, tanto a favor como en contra, no deja de ser un acto de discriminación sexista.

De hecho, el gambito yegua de Troya, ha sido utilizado en muchas ocasiones solamente como sello de validación de políticas previas.

No quisiéramos pasar por alto como muchas veces las jefes, o más bien jefas, de Estado llegaron al poder, abanderando continuidades masculinas, sea por viudas o por huérfanas de padre, continuando así el legado familiar. Estos triunfos nada tienen de feministas sino más bien tienen connotaciones muy patriarcales y de ancién regime.

Tenemos presente, los casos de Indira Ghandi, Benazir Butto que continuaron legados de sus padres. Los de Cristina de Kirchnner, Evita Perón, Corazón Aquino, Mireya Moscoso, y Violeta viuda de Chamorro abanderando las continuidades del marido. Por contraste tenemos verdaderas damas de hierro como fueron Golda Meir o Margaret Tatcher.

Si observamos algunos de estos nombres, apreciaremos como históricamente, el feminismo defendido por las izquierdas ha servido para que la derecha y la jerarquía católica, en casos coyunturales extremos, se usen las candidaturas femeninas como yeguas Troya, para abanderar tradiciones patriarcales e imponer principios alejados de la modernidad.

En cuanto a las meras candidaturas, que es lo que hasta ahora hay, por lo que hace a las candidatas de izquierda, debemos recordar a dos yeguas de Troya, que lo fueron por partida doble, hablamos de Patricia Mercado y, en otros tiempos, Cecilia Soto cuya función fue debilitar a los dos candidatos de izquierdas que más cercanos estuvieron de la Presidencia de la República.

Resulta frívolo preguntar si México está listo para que lo gobierne una mujer (connotaciones entrelíneas incluidas), para evitar cuestionar si México puede resistir seis años más de las políticas que, hasta ahora, se han implementado desde que gobierna su partido.
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas