Ciencia y Tecnología
Infecciones
Organización Editorial Mexicana
26 de septiembre de 2008

Susana Sánchez / El Sol de México

Ciudad de México.- Varias son las circunstancias por las que se nos pueden bajar las defensas, lo que da oportunidad a contraer infecciones en el organismo.

La baja de defensas tiene que ver con el sistema inmunológico, órganos, tejidos, células y proteínas, cuya función es proteger nuestro organismo del ataque de los "pequeños invasores" o microorganismos que nos rodean (bacterias, virus, parásitos y hongos) y vigilar para retirar células lesionadas o malformadas.

Cuando nos enfermamos, normalmente esperamos recuperarnos luego, ya que contamos con nuestro sistema de defensa, ayudado por medicamentos idóneos y que además nos protegerá de infecciones a futuro. Sin embargo, muchas veces las enfermedades se nos instauran, se repiten o se agravan por factores propios de nuestro organismo como puede ser una baja en nuestros mecanismos de defensa.

Hay dos etapas de la vida en que las personas tienen una tendencia mayor a padecer una enfermedad infecciosa: la primera infancia y la vejez. Además de estas condiciones fisiológicas "normales", nuestras defensas pueden bajar la guardia por muchos otros factores a los que estamos constantemente expuestos, pero que son posibles de manejar o evitar:

* La mala alimentación, por falta o por exceso, se ha demostrado que tiene consecuencias nefastas sobre el buen funcionamiento del sistema inmune, predisponiendo a los afectados a infecciones repetidas y agravamiento de cuadros que normalmente cursan en forma benigna.

* El tabaco y el alcohol son también factores que alteran el buen funcionamiento de nuestro sistema inmune.

* Algunos fármacos, como los utilizados en pacientes trasplantados, corticoides por periodos largos o quimioterapias, pueden producir como efecto secundario una baja de las defensas.

* El estrés es hoy en día un factor importantísimo que afecta nuestras defensas. Una gran cantidad de estudios apuntan a una misma conclusión: el estrés altera las hormonas que modulan el sistema inmune y, en consecuencia, predisponen a las enfermedades infecciosas, dificultan el cicatrizado de las heridas y pueden agravar el curso de algunas enfermedades e incluso cánceres. Es tal la importancia del efecto de estrés sobre el sistema inmunológico, que hoy en día numerosos grupos de investigadores han abordado el tema y han llevado al desarrollo de nuevas áreas como la psiconeuroinmunología, la risoterapia, entre otras.

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