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Migración
Adrián no sólo tiene empleo, sino dos, y en ellos es el jefe
Adrían, con su hija y su esposa Claudia. Serán padres otra vez en noviembre
El Sol de Tlaxcala
4 de septiembre de 2008
Elízabeth González
Chicago, Illinois, EEUU.- Adrián es un tlaxcalteca que tiene los pies bien puestos sobre la tierra. Y ése ha sido el secreto que ha guiado sus pasos firmes, muy firmes, hacia una estadía económica cada vez más sólida. "¿Cumplí mi sueño? No sé si estoy mejor o peor, lo que sí es un hecho es que al menos tengo trabajo; aunque aquí los dólares se gastan tan rápido como se ganan". La crisis financiera por la que atraviesa Estados Unidos mantiene a todos a la expectativa y los empleos escasean cada vez más; ésa es la realidad, pero a Adrián la situación le hace lo que el viento a Juárez. Y así, mientras unos buscan trabajo en donde sea, él tiene dos empleos muy lejos de los trapeadores y los fregaderos: él ya es jefe. Un jefe sin papeles que cree en la suerte, pero más en trabajar con el alma para ganarse unos dólares sin pensar sólo en las recompensas. "Ésas vienen solitas". ¿Y presumir de sus puestos? "Pa'qué, si cualquiera lo puede hacer si le pone tantitas ganas". Adrián tiene razón, la única diferencia entre limpiar una fábrica de autopartes o de tomar las órdenes del McDonalds donde trabaja y ser el supervisor de calidad y el manager del turno en la tienda, sólo depende de la disciplina con que hace su trabajo, la misma que lo separa de los siguientes peldaños. Pero eso no le ocupa. Adrián Vázquez Báez lo ha arriesgado todo y ha ganado; aunque eso, dice, no le hace sentir que ha cumplido un sueño, "porque aquí o allá, en Tlaxcala, igual trabajaría con todo para sacar a mi familia adelante. Es lo mismo que allá". Me casé aquí, pero mi esposa y yo jugábamos a los novios de chicos Hace diez años Adrián estudiaba en el Tecnológico de Apizaco (ITA), cuando sintió que no podría continuar. "La crisis estaba dura, y era muy pesado, porque trabajar y estudiar es bien difícil". Así decidió tomarle la palabra a unas primas que vivían desde hace muchos años en Los Ángeles, California, donde estuvo trabajando algún tiempo antes de venirse a Chicago, a donde también emigraron sus hermanos. Aquí conoció a Claudia, una joven de Tecopilco, Tlaxcala, el mismo pueblo donde él nació. Ellos, comenta, se conocieron desde niños. Iban a la escuela juntos y fueron vecinos. Ella asegura que no se acuerda, pero él sonríe, pícaro, cuando recuerda que de chicos "jugábamos a los novios". Tal vez era el destino. "Lo que es de uno es de uno", señala Adrián con toda razón. Y es que tanto Claudia como él vinieron cada uno por su lado y, después de muchos años de no verse, aquí decidieron unir sus vidas. La historia juntos es otra. La familia está compuesta por dos hijos y Claudia habrá de parir al nuevo miembro de la familia en noviembre próximo. Voy a regresar a México Adrián y su esposa están plenamente convencidos de que van a regresar a México. Este hombre de 32 años bromea y afirma que volverá a Tecopilco cuando se saque la lotería, pero de inmediato acepta que tiene una profunda nostalgia por su país y por su familia. Por lo pronto respira tranquilo. "Mis hijos son muy mexicanos; ellos dicen que son más mexicanos que americanos (sic); así que quiero regresarme para allá, y cuando ellos crezcan, ellos sabrán y decidirán si quieren regresar aquí o no para tener la oportunidad de estudiar, porque ellos son de aquí y pueden volver en el momento en el que quieran". Eso a Adrián no le aterra. Acaricia con suavidad el cabello de su niño y enfatiza que a la familia "se le debe seguir siempre; pero, en el caso de los hijos, deben tomar sus propias decisiones". Así de frío, Adrián también se siente agobiado por la lejanía de la familia y hasta se ha arriesgado en dos ocasiones a salir del país y a apostar la vida para regresar. Y sí que ha apostado todo, hasta la posibilidad de no volver nunca al lugar donde ha encontrado estabilidad económica. En una de esas ocasiones incluso salió con su esposa e hijo para presentarle formalmente a su familia a sus padres. "Es que nosotros nos casamos aquí, y pues quería que mis papás conocieran a mi esposa". "Mi comadre tenía una carta poder, así que si nos agarraba la migra, pues entonces ella sabía qué hacer, porque mi hijo pues había nacido aquí". "La mayoría de los gringos no son racistas, hasta que se sienten desplazados" Adrián habla el inglés necesario para desarrollar su trabajo. Consciente de esa debilidad, apostó la vida en el empleo y logró su cometido. "Aquí hay muchas personas que no hablan inglés, pero le ponen mucho empeño a las cosas y logran colocarse bien". Gracias a esto, asevera, ha habido una ocupación cada vez mayor de mexicanos en puestos de trabajo en ese país. "Y siguen llegando. Ahora es más difícil conseguir un puesto". A pesar de ello, Adrián no se siente víctima del racismo por parte de los estadounidenses. "No, ellos no son racistas hasta que ven que aun sin hablar inglés los puedes desplazar". Adrián sabe bien de este tema. Desde que llegó a Chicago trabaja en una fábrica de autopartes, donde ha visto a muchos llegar e irse. Excepto él. Él, que ha soportado y ha logrado convertirse en el jefe de control de calidad. "Cuando llegué barría, trapeaba y le ponía la resina a las máquinas, pero cuando trabajo doy el ciento por ciento, y por eso he escalado. Todavía hay oportunidad de crecer, tal vez como manejador de máquinas, es lo máximo, porque es un trabajo especializado". Pero en la fábrica no tiene su único puesto. En un McDonalds Adrián trabajaba tomando las órdenes de la comida. Su tenacidad hizo que su patrón le confiara más responsabilidades hasta convertirse en el manager del turno y, quién sabe, él cree que puede llegar a ser el jefe de toda la tienda. "Aquí a los patrones no les interesa que no sepas hablar inglés. Ellos quieren ver que su dinero se multiplique, y por eso no hay denuncias ni redadas; para ellos lo más importante es el dinero". A pesar de ello, a Adrián no se le "sube". "Yo sí les enseño a los nuevos, para ayudarlos. Generalmente no soy envidioso; eso sí, mi trabajo es primero, y si alguien no cumple y eso me afecta, entonces sí, enseño quién soy", concluye. |
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